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viernes, 6 de julio de 2018

MICRORRELATOS SELECTOS


Algunos lectores de mis redes sociales me pidieron facilitarles una entrada que compile algunos de los microrrelatos que he escrito, y decidí acceder a su pedido a fin de que se cumpla lo señalado en las escrituras por el profeta (broma, me gusta esa frase bíblica). 
Para poder leer los textos, basta con dar un clic en el título.

Microrrelato publicado en la página web de Microcuento.es (I Certamen de Microrrelatos Vivir con el Ahora 2018).

Microrrelato publicado en la página web de la Fundación Aquae, de España (IV Concurso de Microrrelatos 2017).

Microrrelato ganador del III Certamen Literario de Microrrelatos «Valores Humanos», convocado por Letras Como Espada (Toledo, España) en enero del 2017.

Microrrelato que obtuvo una mención especial en el II Concurso de Microrrelatos «Año Nuevo, Vida Nueva», convocado por El Muro del Escritor (España) en enero del 2017.

Microrrelato publicado en la revista electrónica Letras en la Frontera, de San Antonio, Texas, Estados Unidos, el 27 de septiembre del 2016.

Microrrelato finalista del I Concurso de Microrrelatos de «Amor no Correspondido», convocado por Letras Como Espada (Toledo, España) en febrero del 2015.

Microrrelato publicado en el blog El Arte de Leer, de Ate, Lima, Perú, como parte de una entrada del 9 de marzo del 2014 que buscaba promover la lectura y la creatividad a través de este tipo de textos (está al final de la entrada).

Microrrelato publicado en el libro Otoño e invierno, antología del I Concurso de Microrrelatos Otoño e Invierno 2014, organizado por Diversidad Literaria, de España.  

Cuento (que también cabe en la denominación de microrrelato) publicado en el blog Un Cuento Dominical, del diario El Comercio, de Lima, Perú, el 17 de mayo del 2013 (está al final de la entrada).

Microrrelatos publicados en la página web Lebu en Pocas Palabras, de Chile, el 12 y 13 de noviembre del 2013 (II Concurso de Cuentos «Lebú en Pocas Palabras»), respectivamente, con el seudónimo de Dionisio.

Microrrelato publicado en la página web Saber sin Fin, de México, que obtuvo el Premio Extraordinario de Cuento Hiperbreve en el Concurso Internacional de Microficción para Niños y Niñas «Garzón Céspedes» 2009, organizado por la Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica (CIINOE). Incluido también en el libro Quince cuentos brevísimos para niñas y niños (2012), de Comoartes Ediciones, Madrid, España, publicado con ocasión del Día Internacional del Libro de aquel año.

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Nota: La foto del autor de los microrrelatos fue tomada por Marco Antonio Román Encinas





martes, 30 de septiembre de 2014

LOS BENEFICIOS SOCIALES DE LA LECTURA DE UN BUEN LIBRO


En su libro Vida en las aulas, Emilio Barrantes cuenta una interesante experiencia relacionada con la lectura y la formación de pequeñas bibliotecas. Lo resaltable de la anécdota es que todo lo que narra el ilustre educador peruano se desencadena a partir de la lectura en una clase de secundaria de un solo libro.

La explosión de iniciativas que le suceden tiene una onda expansiva de beneficios sociales que deja su rastro más notorio en la formación de modestas bibliotecas en las aulas a cargo de Barrantes. Pero mejor dejemos que él mismo nos lo cuente:

No hay educación sin libros, si hemos de apreciarla en su justa amplitud y dentro del ambiente cultural que le es propio. ¿Pero qué hacer si no hay bibliotecas en el colegio o si la que existe es tan pequeña que no puede satisfacer la demanda de un excesivo número de alumnos ni las exigencias de la  nueva Pedagogía? La respuesta es sencilla. En el primer caso, crearla; en el segundo, ampliar la que existe.

Un día llevé el libro Cazadores de microbios de Paul de Kruif al Colegio, para leer algunas páginas en clase. Gustó tanto que fue preciso dedicarle una hora más, pero las solicitaciones continuaron con la misma insistencia. Sin embargo, por interesante que fuera el asunto, no podíamos entregarnos a él durante más tiempo. No era posible, tampoco, que cada alumno adquiriese un ejemplar. Se me ocurrió, entonces, que aquello que era impracticable por cada uno en particular, podía lograrse por el esfuerzo común. Así se hizo. El precio total del volumen fue cubierto por los alumnos de la sección respectiva y cada uno de sus miembros pudo leerlo a su tiempo, según el orden establecido. Pero, ¿por qué no hacer lo mismo con otros libros? El ensayo había tenido tan buen éxito, que nos estimulaba para seguir adelante, El procedimiento se puso en marcha y los jóvenes tuvieron la oportunidad de leer a sus anchas algunas obras elegidas para el caso, ya sea en virtud del interés o la utilidad del asunto, ya por su calidad literaria. Poco a poco se fue formando una minúscula biblioteca. En lo sucesivo, sólo había que canalizar ese esfuerzo y establecer una organización adecuada.

El entusiasmo de los alumnos por una obra que había surgido espontáneamente y que servía para satisfacer una necesidad común, se manifestó en las sesiones convocadas al efecto. En ellas tuvieron la oportunidad de hablar sin trabas sobre algo que era de su interés y de participar en una empresa que requería atención, esfuerzo, apoyo mutuo y constancia. Se cambiaron opiniones y se adoptó la decisión de constituir un comité pro-biblioteca, integrado por un presidente, un tesorero y un secretario. Al mismo tiempo se elegirían bibliotecarios en número suficiente para atender las demandas de los lectores. Cada alumno se comprometió a entregar diez centavos a la semana para la adquisición de libros, y aunque la cuota era muy modesta, confieso que me preocupó este punto más de una vez. Para unos podía carecer de importancia; para otros, en cambio, quizá sí constituía un sacrificio.

Llevé la iniciativa a otras secciones. Prendió de inmediato en una, como la planta en tierra fecunda, y hubo que insistir allí donde no había un ambiente adecuado.

[…]

En una [sección]… se sintió la necesidad de establecer pautas para la organización y el funcionamiento de la biblioteca, pues había desorientación en más de un punto y el desorden era evidente. Elaboramos en clase un reglamento que adoptaron las otras secciones, previa su revisión atenta en cada caso, lo que llevó a agregar, modificar o suprimir todo lo que se consideró necesario […].

La Sección 2° C fue la primera que inauguró su biblioteca en un acto sencillo y conmovedor. Habló el presidente del Comité y lo hicieron también los presidentes de los comités de las otras secciones que fueron invitados a la ceremonia. Breve tiempo después, el Tesorero presentó el balance, lo cual fue muy educativo. Un alumno, Alcántara, obsequió nueve soles para que se adquiriese un libro que interesaba a todos, pero cuyo precio les parecía excesivo. La obra estaba en marcha y había motivos suficientes para estar satisfechos (1975: 115-117).

Uno de los detalles más resaltantes de esta sorprendente y fructífera experiencia está relacionado con los encomiables gestos de solidaridad y desprendimiento de parte de los estudiantes:

[…] Fue muy halagador ver a los bibliotecarios que se dedicaban a reparar los daños que habían sufrido los libros y a forrarlos con papel azul, atenta y silenciosamente, mientras todos nos dedicábamos a una labor u otra. Un alumno que había perdido el libro que se le dio en préstamo, compró uno igual y obsequió uno más. El estímulo  fue prendiendo en muchos […], el ambiente mejoró por completo y la obra continuó triunfante hasta el fin del año escolar.

Los casos de altruismo, tanto en esta sección como en las otras, fueron numerosos, desde el momento en que la recepción pasiva de conocimientos fue reemplazada por la actividad, y la labor individual por el trabajo solidario. Un alumno, Jiménez, ofreció hacer un estante para la biblioteca, si se le proporcionaba la madera; otro, Medrano, obsequió seiscientos formularios impresos y un sello para la petición de libros y el control respectivo, y no faltó quien prometiera prestar, a sus compañeros de estudios, los libros de su propia biblioteca, por intermedio del organismo que se había formado en su sala (1975: 117 y 118).

Para quienes hayan sentido curiosidad y no conozcan el libro de Paul de Kruif, o quieran emular la labor pedagógica de Emilio Barrantes adaptándola a nuestros tiempos, aquí les dejo el enlace de Los cazadores de microbios (http://goo.gl/1Azr3h).

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Nota: La imagen de Emilio Barrantes, al inicio de esta entrada, se obtuvo de la siguiente dirección electrónica: http://educacion.unmsm.edu.pe/galeria_decanos.html   



Bibliografía

BARRANTES, Emilio. Vida en las aulas. Lima: Villanueva, Editor, 1975.
DE KRUIF, Paul. Cazadores de microbios. Santiago de Chile: Ediciones Nueva Fénix, s/f. Consultado el 30 de junio de 2014 en http://goo.gl/1Azr3h

domingo, 9 de marzo de 2014

LOS MICRORRELATOS, LA LECTURA Y LA CREATIVIDAD


Los microrrelatos ofrecen una oportunidad extraordinaria de despertar en los más reacios el deseo de leer y de, al mismo tiempo, estimular la imaginación. Su brevedad es el mejor argumento para lograr lo primero, y no representa obstáculo alguno para conseguir lo segundo, aunque para ello haya que recurrir a la pluma. Pasaré a demostrar lo sostenido.

A riesgo de ser desobedecido, voy a pedir que no lean el siguiente microrrelato humorístico, que es uno de los mejores que se han escrito, y lo he tomado del artículo «La extrema brevedad: microrrelatos de una y dos líneas», de David Lagmanovich (véase http://bit.ly/1oBsGsC):

Preocupación
—No se preocupe. Todo saldrá bien —dijo el Verdugo.
—Eso es lo que me preocupa —respondió el condenado a muerte.
  Orlando Enrique Van Bredam (Argentina)

Si no pudo cumplir con mi pedido inicial, no se aflija, lo único que ha ocurrido es que se ha confirmado mi primera afirmación.

Pasemos a demostrar, entonces, la segunda. Para ello, voy a recurrir al concepto de intertextualidad, tomado del Diccionario de teoría crítica y estudios culturales, de Michael Payne:

Término propuesto por Julia Kristeva […] para indicar la construcción de un TEXTO a partir de textos. […]
Gérard Genette [por su parte, ayuda a delimitar el término intertextualidad, señalando que se trata de] la presencia efectiva de un texto en otro a través de la cita, el plagio o la alusión… (2002: 406).     
La intertextualidad, además, es una característica de la novela y el cuento posmoderno, presente también en el microrrelato, que es la que se convertirá en el atizador de la imaginación. Esta estrategia la emplearon varios narradores con «El dinosaurio», de Augusto Monterroso, pero antes de verla es necesario reproducir el microrrelato en mención, sobre todo atendiendo a quienes no lo conozcan.

El dinosaurio
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
Augusto Monterroso

Esta obra del escritor guatemalteco ha suscitado una pequeña ola de creaciones de textos a partir de ese texto. En el estudio de Lagmanovich, citado líneas atrás, se recogen seis de esos microrrelatos signados por la intertextualidad. A continuación, los vamos a transcribir y enumerar:

(1)   La culta dama
Le pregunté a la culta dama si conocía el cuento de Augusto Monterroso titulado «El dinosaurio».
—Ah, es una delicia —me respondió—, ya estoy leyéndolo.
José de la Colina (México)

(2)   Cien
Al despertar, Augusto Monterroso se había convertido en un dinosaurio. «Te noto mala cara», le dijo Gregorio Samsa, que también estaba en la cocina.
José María Merino (España)

(3)   Otro dinosaurio
Cuando el dinosaurio despertó, los dioses todavía estaban allí, inventando a la carrera el resto del mundo.
Eduardo Berti (Argentina)

(4)   El dinosaurio
Cuando despertó, suspiró aliviado: el dinosaurio ya no estaba allí.
Pablo Urbanyi (Argentina-Canadá)

(5)   El corrector
Cuando enmendó, la herrata todavía estaba allí.
Jaime Muñoz Vargas (México)

(6)   El descarado
Cuando plagió, el copyright todavía estaba allí.
Jaime Muñoz Vargas (México)

Con lo visto hasta aquí, queda demostrada mi segunda afirmación: qué mayor prueba acerca del combustible que representa el microrrelato para la imaginación que estos seis, nacidos bajo su inspiración. De los dos últimos (el 5 y el 6), se puede añadir incluso que forman parte del libro Monterrosaurio, en donde se pueden encontrar muchos más cuentos que aluden al de Monterroso, y en donde el autor incluso anima a sus lectores a crear los suyos empleando la fórmula: «Cuando _______, el _______ todavía estaba allí».

Y como no he visto ningún microrrelato de un escritor peruano en diálogo intertextual con «El dinosaurio» (tal vez lo haya, pero en todo caso no lo conozco ni lo menciona Lagmanovich), me he animado a escribir el mío. Aquí les va.

(7)   La clase
—… ¿En verdad, nadie ha leído «El dinosaurio», de Monterroso? —preguntó el profesor a sus alumnos.
—No —contestaron estos en coro.
—Entonces, para mañana, quiero que todos lo lean y se lo aprendan de memoria.
—¡No sea malo, pe profe…! —se escucharon algunas voces de queja.
El único que estaba contento era Rigoberto, quien sí lo había leído, pero no lo llegó a decir, cuando el profesor hizo la pregunta, porque no le gustaba llamar la atención.
Marco Antonio Román Encinas (Perú)



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Nota: La imagen, al inicio de esta entrada, se obtuvo de la siguiente dirección electrónica:  http://bit.ly/1oBzDKk



Bibliografía

LAGMANOVICH, David. «La extrema brevedad: microrrelatos de una y dos líneas». Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid, 2006. Consultado el 9 de febrero de 2014 en http://bit.ly/1oBsGsC

LÓPEZ GÁNDARA, Angélica. «El dinosaurio ya no estaba allí». Blog Ruta Norte Laguna. México, 23 de abril del 2008. Consultado el 08 de marzo de 2014 en http://bit.ly/1ga5dOv

NADIA, Contreras. «Libro para leerse en todas las posiciones. Breve comentario al libro más reciente de Jaime Muñoz Vargas». Blog Ruta Norte Laguna. México, 1 de abril del 2008. Consultado el 08 de marzo de 2014 en http://bit.ly/1n7hs3C

PAYNE, Michael (comp.). Diccionario de teoría, crítica y estudios culturales. Buenos Aires, Argentina: Editorial Paidós, 2002.

viernes, 13 de diciembre de 2013

PARAFRASEANDO A LOS GIGANTES: CUARTA ENTREGA


Esta es la cuarta entrega en que parafraseo una serie de pensamientos, aforismos, apotegmas, máximas, proverbios, refranes, etc., para convertirlos y acercarlos a los temas del libro y la lectura. Como ya lo señalé antes, se inició con la entrada del 16 de marzo (ver: http://elartedeleermromane.blogspot.com/2013/03/una-forma-entretenida-de-ejercitar-la.html).

La lista, como en las tres entregas anteriores, muestra en primer término la frase parafraseada y luego la frase sin parafrasear (FSP) junto con el nombre de su autor (cuando no es anónima), todas creadas en el 2013 y dadas a conocer por primera vez en mi cuenta de Twitter: @El_arte_de_leer.

Parafraseando un proverbio ghanés: «Quien no sabe leer dice que los libros no valen nada».
FSP: «Quien no sabe bailar dice que los tambores no valen nada».
Proverbio ghanés

Parafraseando a Kundera: «Leer significa renunciar a la fuerza».
FSP: «Amar significa renunciar a la fuerza».
Milan Kundera

Parafraseando a Boileau: «Antes que escribir, aprended a leer».
FSP: «Antes de escribir, aprended a pensar».
Nicolás Boileau

Parafraseando a Horace Mann: «Un ser no está completo hasta que no lee».
FSP: «Un ser no está completo hasta que se educa».
Horace Mann

Parafraseando a Platón: «El objetivo de la lectura debe ser la virtud y el deseo de convertirse en un buen ciudadano».
FSP: «El objetivo de la educación es la virtud y el deseo de convertirse en un buen ciudadano».
Platón

Parafraseando a John Cage: «El arte de leer no es algo que haga una sola persona, sino un proceso puesto en movimiento por muchos».
FSP: «El arte no es algo que haga una sola persona, sino un proceso puesto en movimiento por muchos».
John Cage

Parafraseando a Arturo Graf: «El que en el arte de leer ha llegado a maestro puede prescindir de las reglas».
FSP: «El que en un arte ha llegado a maestro puede prescindir de las reglas».
Arturo Graf

Parafraseando a Víctor Hugo: «Un poeta es un mundo encerrado en un libro».
FSP: «Un poeta es un mundo encerrado en un hombre».
Víctor Hugo

Parafraseando a Heidegger: «Solo hay mundo donde hay libros».
FSP: «Solo hay mundo donde hay lenguaje».
Martín Heidegger

Parafraseando a Tchaikovski: «En verdad, si no fuera por los libros, habría más razones para volverse loco».
FSP: «En verdad, si no fuera por la música, habría más razones para volverse loco».
Piotr Ilich Tchaikovski



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Nota: La ilustración «Buscando la imaginación en los libros», de Chen Wei, al inicio de esta entrada, fue tomada de la siguiente dirección electrónica:
http://bibliolectors.tumblr.com/page/38