domingo, 9 de marzo de 2014

LOS MICRORRELATOS, LA LECTURA Y LA CREATIVIDAD


Los microrrelatos ofrecen una oportunidad extraordinaria de despertar en los más reacios el deseo de leer y de, al mismo tiempo, estimular la imaginación. Su brevedad es el mejor argumento para lograr lo primero, y no representa obstáculo alguno para conseguir lo segundo, aunque para ello haya que recurrir a la pluma. Pasaré a demostrar lo sostenido.

A riesgo de ser desobedecido, voy a pedir que no lean el siguiente microrrelato humorístico, que es uno de los mejores que se han escrito, y lo he tomado del artículo «La extrema brevedad: microrrelatos de una y dos líneas», de David Lagmanovich (véase http://bit.ly/1oBsGsC):

Preocupación
—No se preocupe. Todo saldrá bien —dijo el Verdugo.
—Eso es lo que me preocupa —respondió el condenado a muerte.
  Orlando Enrique Van Bredam (Argentina)

Si no pudo cumplir con mi pedido inicial, no se aflija, lo único que ha ocurrido es que se ha confirmado mi primera afirmación.

Pasemos a demostrar, entonces, la segunda. Para ello, voy a recurrir al concepto de intertextualidad, tomado del Diccionario de teoría crítica y estudios culturales, de Michael Payne:

Término propuesto por Julia Kristeva […] para indicar la construcción de un TEXTO a partir de textos. […]
Gérard Genette [por su parte, ayuda a delimitar el término intertextualidad, señalando que se trata de] la presencia efectiva de un texto en otro a través de la cita, el plagio o la alusión… (2002: 406).     
La intertextualidad, además, es una característica de la novela y el cuento posmoderno, presente también en el microrrelato, que es la que se convertirá en el atizador de la imaginación. Esta estrategia la emplearon varios narradores con «El dinosaurio», de Augusto Monterroso, pero antes de verla es necesario reproducir el microrrelato en mención, sobre todo atendiendo a quienes no lo conozcan.

El dinosaurio
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
Augusto Monterroso

Esta obra del escritor guatemalteco ha suscitado una pequeña ola de creaciones de textos a partir de ese texto. En el estudio de Lagmanovich, citado líneas atrás, se recogen seis de esos microrrelatos signados por la intertextualidad. A continuación, los vamos a transcribir y enumerar:

(1)   La culta dama
Le pregunté a la culta dama si conocía el cuento de Augusto Monterroso titulado «El dinosaurio».
—Ah, es una delicia —me respondió—, ya estoy leyéndolo.
José de la Colina (México)

(2)   Cien
Al despertar, Augusto Monterroso se había convertido en un dinosaurio. «Te noto mala cara», le dijo Gregorio Samsa, que también estaba en la cocina.
José María Merino (España)

(3)   Otro dinosaurio
Cuando el dinosaurio despertó, los dioses todavía estaban allí, inventando a la carrera el resto del mundo.
Eduardo Berti (Argentina)

(4)   El dinosaurio
Cuando despertó, suspiró aliviado: el dinosaurio ya no estaba allí.
Pablo Urbanyi (Argentina-Canadá)

(5)   El corrector
Cuando enmendó, la herrata todavía estaba allí.
Jaime Muñoz Vargas (México)

(6)   El descarado
Cuando plagió, el copyright todavía estaba allí.
Jaime Muñoz Vargas (México)

Con lo visto hasta aquí, queda demostrada mi segunda afirmación: qué mayor prueba acerca del combustible que representa el microrrelato para la imaginación que estos seis, nacidos bajo su inspiración. De los dos últimos (el 5 y el 6), se puede añadir incluso que forman parte del libro Monterrosaurio, en donde se pueden encontrar muchos más cuentos que aluden al de Monterroso, y en donde el autor incluso anima a sus lectores a crear los suyos empleando la fórmula: «Cuando _______, el _______ todavía estaba allí».

Y como no he visto ningún microrrelato de un escritor peruano en diálogo intertextual con «El dinosaurio» (tal vez lo haya, pero en todo caso no lo conozco ni lo menciona Lagmanovich), me he animado a escribir el mío. Aquí les va.

(7)   La clase
—… ¿En verdad, nadie ha leído el cuento «El dinosaurio», de Monterroso? —preguntó el profesor a sus alumnos.
—No —contestaron estos en coro.
—Entonces, para mañana, quiero que todos lo lean y se lo aprendan de memoria.
—¡No sea malo, pe profe…! —se escucharon algunas voces de queja.
El único que estaba contento era Rigoberto, quien sí lo había leído, pero no lo llegó a decir, cuando el profesor hizo la pregunta, porque no le gustaba llamar la atención.
Marco Antonio Román Encinas (Perú)



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Nota: La imagen, al inicio de esta entrada, se obtuvo de la siguiente dirección electrónica:  http://bit.ly/1oBzDKk



Bibliografía

LAGMANOVICH, David. «La extrema brevedad: microrrelatos de una y dos líneas». Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid, 2006. Consultado el 9 de febrero de 2014 en http://bit.ly/1oBsGsC

LÓPEZ GÁNDARA, Angélica. «El dinosaurio ya no estaba allí». Blog Ruta Norte Laguna. México, 23 de abril del 2008. Consultado el 08 de marzo de 2014 en http://bit.ly/1ga5dOv

NADIA, Contreras. «Libro para leerse en todas las posiciones. Breve comentario al libro más reciente de Jaime Muñoz Vargas». Blog Ruta Norte Laguna. México, 1 de abril del 2008. Consultado el 08 de marzo de 2014 en http://bit.ly/1n7hs3C

PAYNE, Michael (comp.). Diccionario de teoría, crítica y estudios culturales. Buenos Aires, Argentina: Editorial Paidós, 2002.

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