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domingo, 20 de diciembre de 2015

CIENCIA, INNOVACIÓN Y EDUCACIÓN DE CALIDAD


En su libro ¡Basta de historias! La obsesión latinoamericana con el pasado y las 12 claves del futuro, Andrés Oppenheimer cuenta algunas anécdotas que muestran la importancia que se le da a la educación en los países que se ubican en los primeros lugares de los rankings internacionales en ese campo. La primera  (que también menciono en la nota 2 de mi entrada «La Capital Mundial de la Lectura», del 30.09.2012, véase: http://goo.gl/oM9cXu) es esta:

Cuando el taxi me dejó en la sede central de la Universidad de Helsinki, lo primero que me sorprendió fue su ubicación: está en la plaza central de la capital, el sitio más importante del país. En efecto, la universidad ocupa toda una cuadra frente a la Plaza del Senado, cuyos otros vértices están ocupados, respectivamente, por la Catedral, la sede del Consejo de Estado, donde despacha el primer ministro, y una serie de tiendas de lujo.

Helsinki no es la única ciudad del mundo que tiene su universidad en una ubicación privilegiada: la Universidad de Oxford, en Inglaterra, y la Universidad de Harvard, en Cambridge, Estados Unidos, también están en el corazón de sus respectivas ciudades. Sin embargo, nunca había visto otra capital de un país que tuviera a su universidad en la plaza central, frente a la sede del gobierno. Quienes habían diseñado la plaza central de Helsinki a principios del siglo XIX habían dejado en claro que la universidad era una de las columnas vertebrales del país.

«Los principales poderes del país están representados aquí —me dijo Kari Raivio, rector saliente de la Universidad de Helsinki, mientras mostraba la plaza por la ventana de la sala de conferencias de la rectoría—. El poder del gobierno está en el lado este de la plaza, el poder de la iglesia en el lado norte, y el poder de la mente, la universidad, en el oeste. Desde el principio, esta casa de estudios ha jugado un rol central en la historia del país» (2010: 74 y 75).

La segunda anécdota es esta otra:

A mi llegada a este país [Singapur], me llevó solamente cinco minutos —lo necesario para cambiar unos dólares en el aeropuerto— para darme cuenta que hay una obsesión nacional por la educación: está presente hasta en los billetes de la moneda nacional. No es broma: mirando los billetes que recibí en la casa de cambios del aeropuerto, me di cuenta de que el billete de dos dólares de Singapur —el que más circula, ya que no existe uno de menor denominación— muestra la imagen de un grupo de estudiantes, con libros sobre la mesa, escuchando atentamente las palabras de su profesor. En el trasfondo, se ve la imagen de una universidad, con sus típicas columnas griegas. Debajo de la imagen, en la parte de abajo del billete, se lee una sola palabra impresa: «Educación».
Qué ironía, pensé para mis adentros mientras tomaba un taxi para ir del aeropuerto al hotel: mientras los billetes en Latinoamérica, y en Estados Unidos, muestran imágenes de los héroes de la independencia, u otros próceres del pasado, los billetes en Singapur muestran un grupo de jóvenes estudiantes, resaltando la importancia de la educación para la construcción del futuro (2010: 91).

A propósito de ello, en el libro ¡Crear o morir! La esperanza de Latinoamérica y las cinco claves de la innovación, también del mismo autor, este hacía una reflexión interesante sobre la ciencia (que también depende de una educación de calidad) y el fútbol en América Latina:

Poco antes de terminar la Copa Mundial del 2014 […], escribí una columna en The Miami Herald titulada «Se busca un Messi de las ciencias» en la que preguntaba por qué los latinoamericanos no podemos producir un Messi, un Neymar o un James de la ciencia o la tecnología. La pregunta había sido planteada antes por el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Luis Alberto Moreno, durante una conferencia en Brasil. De la misma manera en que América Latina está produciendo los mejores jugadores de fútbol del mundo, la región también debería producir el próximo «Neymar del software», o el próximo «Messi de la robótica», había dicho Moreno (2014: 188).

Luego señalaba: «En mis viajes a China, India, Singapur y otros países asiáticos, siempre me impresionó de cómo los medios de prensa le dedican grandes titulares a los ganadores de las Olimpiadas de matemáticas o ciencias, como si fueran estrellas deportivas».

Para enseguida animarse a sugerir lo siguiente: «Hay que hacer lo mismo en nuestros países, para crear una cultura de admiración a los científicos, como la que tenemos con los futbolistas» (2014: 189).

Es necesario cultivar en el Perú, así como en el resto de América Latina, una cultura de respeto y admiración por la educación de calidad (el cual, a su vez, ayudará a contar también con buenos lectores), la ciencia y la innovación, que no se reduzca al mero eslogan, sino que se materialice en hechos concretos.

Oppenheimer, en su libro citado, y después de investigar el tema en el mayor centro de innovación del mundo, es decir, en Silicon Valley (Estados Unidos), se anima a proponer a los latinoamericanos los cinco secretos de la innovación:

  1. Crear una cultura de la innovación
  2. Fomentar la educación para la innovación
  3. Derogar las leyes que matan la innovación
  4. Estimular la inversión e innovación
  5. Globalizar la innovación
Para un mayor detalle de esos cinco secretos, se recomienda leer el capítulo 10 del libro. Y un punto central y previo que va a permitir todo ello, es decir, que presenciemos un auge de la innovación en nuestro país y en la región, es el disponer de una educación de calidad en todos los niveles educativos: inicial, primaria, secundaria y terciaria.

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Nota: La caricatura de Messi y Neymar, al inicio de esta entrada, se obtuvo de la siguiente dirección electrónica: http://goo.gl/HxhUpe  


Bibliografía

OPPENHEIMER, Andrés. ¡Basta de historias! La obsesión latinoamericana con el pasado y las 12 claves del futuro. Buenos Aires: Debate, 2010.
OPPENHEIMER, Andrés. ¡Crear o morir! La esperanza de Latinoamérica y las cinco claves de la innovación. México: Penguin Random House Grupo Editorial, 2014.




domingo, 30 de septiembre de 2012

LA CAPITAL MUNDIAL DE LA LECTURA


En una entrada de la educadora y comunicadora ecuatoriana Rosa María Torres, que aparece en su blog Otra Educación, se resaltan los grandes logros que ha tenido Finlandia como país del primer mundo, que se hacen más destacables si se toma en cuenta que antes de llegar a ese nivel  aquel país era considerado como el más pobre del norte de Europa. Así lo presenta la autora: «Elegido en 2010 como "mejor país para vivir" por la revista Newsweek; Helsinki, la capital, elegida en 2011 "mejor ciudad del mundo para vivir" por la revista británica Monocle. En los primeros lugares en el ranking de los países más democráticos y también de los menos corruptos (Transparency International 2011). Uno de los cinco "países más felices del mundo", según la encuesta Gallup (2010); uno de los más prósperos, según el Legatum Prosperity Index (2011); uno de los económicamente más competitivos según el Índice de Competitividad Global del Foro Económico Mundial; primero en la Clasificación Mundial de Libertad de Prensa 2011-2012; uno de los tres primeros en el Índice Mundial de Conectividad 2012 estimado por el Foro Económico Mundial (pionero en establecer el acceso a Internet y a banda ancha como un derecho ciudadano, en 2010). Uno de los cinco mejores países para ser madre, según el Informe Mundial de las Madres de Save the Children (2011)». (Véase: http://otra-educacion.blogspot.com.es/2011/06/glosario-minimo-sobre-la-educacion-en.html).
A esta larga relación de distinciones habría que agregarle otras mencionadas por Andrés Oppenheimer en su libro ¡Basta de historias! La obsesión latinoamericana con el pasado y las 12 claves del futuro: «[Finlandia] Está en el primer puesto del ranking de los países más democráticos del mundo de la organización Freedom House (…), y es el país con el mayor número de investigadores científicos per cápita en el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas». (2010: 63).
Sin embargo, allí no acaba todo, para la investigadora ecuatoriana, «la principal razón por la que Finlandia ha pasado a ser conocida y admirada en el mundo entero en los últimos años es, sin duda, su educación.
»Los resultados de las pruebas escolares PISA (prueba trianual aplicada por la OCDE desde 2000 a alumnos de 15 años en los países de la OCDE así como en varios países en desarrollo, para medir sus capacidades en lectura, matemáticas y ciencias) han ubicado a Finlandia, reiteradamente, en los primeros lugares. En la primera evaluación, Finlandia cobró notoriedad mundial al ubicarse en primer lugar en lectura, cuarto en matemática y tercero en ciencias. En la segunda evaluación, en 2003, incluso mejoró sus resultados. Dichos resultados son sorprendentemente uniformes entre la población escolar —la diferencia entre los mejores y los peores resultados de PISA es la más pequeña del mundo— mostrando un país equitativo, con real igualdad de oportunidades. El abandono escolar es muy bajo, en un contexto europeo y mundial caracterizado por preocupantes niveles de abandono escolar, sobre todo en el nivel medio (OECD, Report on Equity and Quality, 2012)». (Véase: http://otra-educacion.blogspot.com.es/2011/06/glosario-minimo-sobre-la-educacion-en.html).
La razón por la que hemos mencionado estos datos es porque, según la nota informativa de Paola Ortiz titulada «Quién lee más y mejor en el mundo» de la página electrónica Univisión Online, hay países que tienen el más alto porcentaje de lectores: «Suecia encabeza la lista. De acuerdo con el Eurobarómetro, un reporte de la opinión pública en  la Unión Europea, el 80 por ciento de los suecos ha leído al menos un libro en su vida.

»En la misma lista le siguen los finlandeses con un 75 por ciento y los británicos, con un 74 por ciento. De acuerdo con este reporte, en promedio 60 por ciento de los europeos ha leído al menos un libro en los últimos doce meses.
»Sin embargo, de acuerdo con los diagnósticos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), Finlandia encabeza la lista de los que mejor entienden lo que leen, seguido por Canadá, Nueva Zelanda y Australia». (Véase: http://archivo.univision.com/content/content.jhtml?cid=1072656).
Tenemos, entonces, que los finlandeses cuentan con la mejor educación del mundo y, como consecuencia natural de ello, tienen los porcentajes más altos de lectores  y lideran la lista de los que mejor comprenden lo que leen. A esta habilidad lectora se deben, sin duda, los logros y títulos obtenidos por Finlandia ya mencionados líneas atrás.
La pregunta que uno se hace aquí al respecto es: ¿cómo hizo este país para alcanzar ese buen nivel de lectoría tanto cualitativo como cuantitativo? La posible respuesta, que podría sorprender a muchos, tiene toda la traza de la anécdota, chanza o hecho curioso. Dejemos que Oppenheimer, en su impreso ya citado, lo cuente: «según me dijo el director del departamento de prensa de la cancillería finlandesa, Pietri Toumi-Nikula, la clave del éxito finlandés está en la educación, y los logros del país en materia educativa probablemente se remonten a un edicto del arzobispo luterano Johannes Gezelius en el siglo XVII, que decía que ningún hombre que no supiera leer podría casarse. La motivación del arzobispo Gezelius era hacer avanzar la reforma de Martín Lutero, que propugnaba remplazar la liturgia de la Iglesia Católica por una relación más personal de los fieles con Dios, para lo cual era necesario que aprendieran a leer. Y con el tiempo, el hábito de la lectura se expandió en el país, al punto de que hoy el diario más importante de Finlandia —el Helsingin Sanomat— tiene una tirada de casi medio millón de ejemplares, una de las más altas del mundo en relación con la población del país [Finlandia tiene una población de 5.3 millones de habitantes]». (2010: 63 y 64).   
Así tenemos que, muy probablemente, el hábito lector de los finlandeses se desarrolló desde el siglo XVII por el deseo de estos de casarse (único modo en aquellos tiempos de conseguir la unión carnal con la pareja elegida), y por el condicionamiento reformista luterano establecido para poder hacerlo.
Ante lo expuesto, si hubiera que otorgar a un país el título, inexistente aún pero posible de proponerse, de Capital Mundial de la Lectura1 seguramente sería Helsinki (capital de Finlandia)2 a quien habría que dárselo.
 
1 No sería lo mismo que el título de Capital Mundial del Libro que otorga cada año la UNESCO a las ciudades que promueven la lectura entre sus habitantes (como lo veremos más detenidamente en nuestro siguiente envío). El título de Capital Mundial de la Lectura tendría que otorgarse a la ciudad cuya población mayoritaria lee y comprende lo que lee, y, por lo mismo, muy pocas ciudades podrían disputarse ese honor y las pocas ciudades que lo lograsen conservarían la distinción por los tres años en que lideren una evaluación de lectura escolar y universitaria realizada precisamente cada tres años, que sería la encargada de ayudar a discriminar y decidir quién se lleva el galardón. Esto sería muy útil para saber a quién debemos emular en materia de lectura comprensiva y darles el debido reconocimiento, ayudaría también a ver más claramente la relación entre destrezas lectoras y desarrollo,  y a desterrar la idea equivocada de que lectores solo son aquellos que leen obras literarias, de filosofía y afines.
Esta es solo una idea lanzada al viento, que necesita revisarse y enriquecerse y, por lo mismo, es susceptible de mejorarse.

2 El saber, relacionado estrechamente con la lectura, cumple un rol de primera importancia en esta ciudad europea. Un detalle, señalado por Oppenheimer, lo refleja nítidamente: «Cuando el taxi me dejó en la sede central de la Universidad de Helsinki, lo primero que me sorprendió fue su ubicación: está en la plaza central de la capital, el sitio más importante del país. En efecto, la universidad ocupa toda una cuadra frente a la Plaza del Senado, cuyos otros vértices están ocupados, respectivamente, por la Catedral, la sede del Consejo de Estado, donde despacha el primer ministro, y una serie de tiendas de lujo (…).
»Helsinki no es la única ciudad del mundo que tiene su universidad en una ubicación privilegiada: la Universidad de Oxford, en Inglaterra, y la Universidad de Harvard, en Cambridge, Estados Unidos, también están en el corazón de sus respectivas ciudades. Sin embargo, nunca había visto otra capital de un país que tuviera a su universidad en la plaza central, frente a la sede del gobierno. Quienes habían diseñado la plaza central de Helsinki a principios del siglo XIX habían dejado en claro que la universidad era una de las columnas vertebrales del país.

»“Los principales poderes del país están representados aquí —me dijo Kari Raivio, rector saliente de la Universidad de Helsinki, mientras mostraba la plaza por la ventana de la sala de conferencias de la rectoría—. El poder del gobierno está en el lado este de la plaza, el poder de la Iglesia en el lado norte, y el poder de la mente, la universidad, en el oeste. Desde el principio, esta casa de estudios ha jugado un rol central en la historia del país”» (2010: 74 y 75).

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Nota: La foto de la Universidad de Helsinki en medio de la plaza central de la capital de Finlandia al inicio de este envío fue tomada de la siguiente dirección electrónica: http://rosaenfinlandia.blogspot.com/2006/05/helsinki-con-alina-23-y-24-de-mayo.html

 

 Bibliografía
 
OPPENHEIMER, Andrés. ¡Basta de historias! La obsesión latinoamericana con el pasado y las 12 claves del futuro. Buenos Aires: Debate, 2010.

TORRES, Rosa María. «Glosario mínimo sobre la educación en Finlandia». Blog Otra Educación. Consulta: 27 de septiembre del 2012. <http://otra-educacion.blogspot.com.es/2011/06/glosario-minimo-sobre-la-educacion-en.html>

ortiz, Paola. «Quién lee más y mejor en el mundo».  Univisión Online. Consulta: 27 de septiembre del 2012. <http://archivo.univision.com/content/content.jhtml?cid=1072656>