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lunes, 15 de agosto de 2016

LA PROMOCIÓN DEL LIBRO Y LA LECTURA POR LA UNESCO I


La promoción del libro y la lectura responde a un objetivo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para promover el desarrollo y preservar la paz en el mundo. Con el fin de dar cumplimiento a ese propósito se creó la Unesco. En Por el libro, Delavenay relata ese hecho en los siguientes términos:

Cuando en 1946 los representantes de cuarenta y cuatro gobiernos reunidos en Londres decidieron fundar una Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, la concibieron como destinada, por su propia naturaleza, a promover el libro y la lectura. Esta misión se orientó y precisó sin embargo mediante dos tareas particulares definidas en la Constitución de la Unesco: la de «facilitar la libre circulación de las ideas por medio de la palabra y de la imagen» y la de velar «por la conservación y la protección del patrimonio universal de libros». Se esbozaba así un doble papel, de preservación y de comunicación… (1974: 7).  

Y más adelante Delavenay añade otro dato resaltante al respecto:

La proclamación de 1972 como Año Internacional del Libro por la Conferencia General de la Unesco en su 16.a reunión fue en suma, para la propia organización, el resultado de una comprensión cada vez más neta del papel del libro en su programa. Pero la acción emprendida por la Unesco y por cada uno de sus Estados Miembros, bajo el lema «Libros para todos», tiene también como finalidad, en todo el mundo, hacer participar a la opinión en esa comprensión tanto de las necesidades humanas como de los medios que permitirán un día satisfacerlas… (1974: 8).

Otro momento importante en la historia de la Unesco, de acuerdo con lo que informa Delavenay, ocurre casi a mediados de la década del sesenta:

El año 1964 marca una etapa en la acción de la Unesco a favor del libro. Una resolución de su Conferencia General hace hincapié en la importancia del libro en el desarrollo y en el papel que juega en el progreso de la comprensión mutua. Invita al Director General a reforzar la cooperación internacional en todo lo que se refiere a la edición y a la difusión de los escritos. Pero sobre todo le encarga que estudie la posibilidad de presentar «un programa coordinado de actividades apropiadas en la materia, para 1967-1968, con inclusión de actividades destinadas a promover la producción y difusión de libros en los países en vías de desarrollo» (1974: 20).
Citando a Robert Escarpit, Delavenay refiere lo siguiente:

… Merced al impulso dado por la resolución de la Conferencia General en 1964, la Unesco debía emprender sistemáticamente el análisis de los problemas de la zona de penuria. Después de un importante trabajo preliminar consistente en recoger e interpretar los datos, esa fue la tarea de cuatro reuniones de expertos convocadas, la primera en Tokio en 1966, la segunda en Accra en 1968, la tercera en Bogotá en 1969 y la última en el Cairo en 1972. Estas cuatro reuniones permitieron no solo delimitar los problemas de producción y distribución del libro en las cuatro grandes regiones más desfavorecidas [Asia, África, América Latina y los estados árabes], sino también definir los medios de acción y fijar los objetivos precisos para la acción internacional y nacional durante el periodo que va hasta 1980. […] De esta manera y por primera vez, el problema de la promoción del libro en cada una de las cuatro regiones se inscribe de manera precisa en el contexto general del desarrollo, y se esboza una primera división del trabajo entre las organizaciones internacionales del sistema de las Naciones Unidas, las organizaciones regionales y los gobiernos u organismos nacionales (1974: 22). 

En el siguiente post ofreceremos más detalles sobre este tema.

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Nota: La imagen, al inicio de esta entrada, se obtuvo de la siguiente dirección electrónica: http://lopezdoriga.com/tag/unesco/


Bibliografía

DELAVENAY, Émile. Por el libro. París: Unesco, 1974.


viernes, 13 de enero de 2012

LA CARTA DEL LIBRO

En el anexo del libro El deseo de leer, de Ronald E. Barker y Robert Escarpit, podemos encontrar la «Carta del Libro» en su versión completa (1974: 219 - 226). Ellos, a su vez, toman la información del diario La Vanguardia Española, del 22 de abril de 1972, el cual da a conocer la noticia con motivo de la proclamación por la Conferencia General de la UNESCO de ese año como el Año Internacional del Libro, bajo el lema «Libros para todos».

La Carta en mención fue aprobada en una reunión del Comité de Apoyo del Año Internacional del Libro, que se realizó en la Biblioteca Real de Bruselas, del 20 al 22 de octubre de 1971, entre los portavoces de las principales organizaciones internacionales, no gubernamentales, que representaban a los profesionales del libro (editores, autores, bibliotecarios, documentalistas y libreros) de las más diversas regiones del mundo (incluido América Latina).

Cito un pasaje de la Carta que remarca el importante papel que cumple el libro en la vida de la sociedad contemporánea: «Esta declaración de principios que regulan el tratamiento que debe estar reservado a los libros, tanto en el plano nacional, como en el internacional, ha sido adoptada por las asociaciones profesionales internacionales de autores, editores, bibliotecarios, libreros y documentalistas. Estas asociaciones, de común acuerdo con la UNESCO, entienden afirmar así que es preciso conceder a los libros y publicaciones afines un lugar, en relación con la importancia capital de su contribución al desarrollo del individuo, al progreso económico y social, a la comprensión internacional y a la paz. Invitan a las demás organizaciones internacionales, e igualmente a las regionales y nacionales a adherirse a esta Carta del Libro» (1974: 219 y 220).
Carta del Libro


ARTÍCULO I
Todo el mundo tiene el derecho de leer.


ARTÍCULO II
Los libros son indispensables a la educación.


ARTÍCULO III
La sociedad tiene el deber de establecer las condiciones propicias para favorecer la actividad creadora de los autores.


ARTÍCULO IV
Una sana industria editorial propia es indispensable al desarrollo nacional.


ARTÍCULO V
Para el desarrollo de la edición son indispensables condiciones favorables a la producción de libros.


ARTÍCULO VI
Los libreros constituyen un vínculo fundamental entre los editores y los lectores.


ARTÍCULO VII
Como hogares del conocimiento artístico y científico, centros de radiación de la información, las bibliotecas forman parte de los recursos nacionales.


ARTÍCULO VIII
Como medio de conservación y de difusión, la documentación sirve a la causa del libro.


ARTÍCULO IX
La libre circulación de los libros entre los países constituye un complemento indispensable a las producciones nacionales y favorece la comprensión internacional.


ARTÍCULO X
Los libros sirven a la causa de la comprensión internacional y de la cooperación pacífica.


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Nota: La imagen del libro medieval que aparece al inicio de esta entrada fue tomada de la siguiente dirección electrónica: http://mujerlista.blogspot.com/2008/10/libros-antiguos.html



Bibliografía


BARKER, Ronald E.; y ESCARPIT, Robert. El deseo de leer. Barcelona: Ediciones Península, 1974.