Mostrando las entradas con la etiqueta Jorge Luis Borges. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Jorge Luis Borges. Mostrar todas las entradas

sábado, 29 de abril de 2017

LEER O NO LEER V


Algunas consideraciones que son necesarias hacer como corolario de esta secuencia de entradas son las siguientes.
Primero, para resolver un tema educativo controversial, se debe recurrir a profesionales con amplios conocimientos en teoría educativa, y que necesariamente hayan pasado por las aulas, es decir, que cuenten con el conocimiento teórico y práctico.
Segundo, es necesario contrastar los puntos de vista de profesionales de ramas distintas a la educación sobre temas educativos con los puntos de vista de los educadores; dejar de lado a estos últimos no tiene sentido, no solo porque resulta inconveniente hacerlo, sino también porque los nuevos tiempos exigen abordajes de los fenómenos sociales (y la educación es uno de ellos) desde un punto de vista inter, multi y transdisciplinario.
Tercero, no es lo mismo enseñar en la escuela que enseñar en la universidad, por tal razón, lo sostenido por Borges (en relación a una población universitaria; ver texto citado en la bibliografía) no es válido para la población escolar.
Cuarto, cuando los ministros de Educación quieran tocar temas controversiales del ámbito educativo (como por ejemplo el de la obligación de leer), deben consultar necesariamente a profesionales que hayan hecho estudios interdisciplinarios, multidisciplinarios o transdiciplinarios, una de cuyas disciplinas incluya de todos modos la educación.
Quinto, es válida la lectura obligatoria, pero también lo es la lectura libre y la lectura cursiva, de la que habla Felipe Munita, y se pueden emplear las tres para la promoción de la lectura, cuidando de hacerlo en el lugar adecuado, el momento adecuado, y empleando las estrategias adecuadas.
Sexto, un dato contundente a favor de la lectura obligatoria lo ofrece Isabel Solé: «… conviene recordar que, al menos en los países occidentales, la extensión de la obligatoriedad de la enseñanza a toda la población ha conseguido el objetivo prioritario de alfabetizar a la ciudadanía…» (1995: 2).
Séptimo, siguiendo la propuesta de Felipe Munita, se debe disponer en la escuela y bibliotecas de mediadores de lectura que son, o se debe buscar que sean, profesionales expertos en despertar el gusto por la lectura en los estudiantes o usuarios de bibliotecas.
Octavo, en el II Taller de Capacitación de Mediadores de Lectura «Lee y Supérate» implementado el 19 de agosto del 2016 en el auditorio del Centro Cultural de Vitarte (y organizado por la Municipalidad de ese distrito como parte del Plan Municipal del Libro y la Lectura [PMLL] 2016-2021, que han elaborado las 40 principales ciudades del país a través de la meta 27 propuesta por el Ministerio de Cultura [Mincu]  en el 2015, ver: https://goo.gl/DQt7kS), Andrés Villegas Casanova, coordinador de Políticas Públicas de Planes Municipales de Lectura, de la Dirección del Libro y la Lectura, del Mincu, señaló que en el Perú no hay una Escuela de Mediadores de Lectura como sí lo existe en México, por ejemplo. Hecho que revela un descuido grande por parte del Ministerio de Educación del Perú.
Noveno, la tarea de un mediador de lectura consiste en encontrar estrategias adecuadas para acercar al estudiante o usuario al libro, como la de Daniel Pennac (que mencionamos en la tercera entrada de esta secuencia [ver: https://goo.gl/R8ti5y]) o las referidas por Felipe Munita (en la cuarta entrada de esta secuencia [ver: https://goo.gl/AGg8Zu])  o las empleadas por Paul Kropp (ver: https://goo.gl/3UGI6A), Emilio Barrantes (ver: https://goo.gl/lj9GRY) o por mí (ver: https://goo.gl/hHvebp; https://goo.gl/rJl7g3; https://goo.gl/UcvuJW;  https://goo.gl/8zxEX4; https://goo.gl/bnv5m6; etc.).
Todos los autores mencionados cumplen, por cierto, la primera consideración esgrimida en este artículo.
Si esta entrada ha sido de tu agrado o te ha sido útil, compártela con tus seres queridos.

___________________
Nota: La imagen, al inicio de esta entrada, se obtuvo de la siguiente dirección electrónica: http://planetadelibrosmexico.com/tag/leer/


Bibliografía

CASA DE LA LITERATURA. «La mediación de lectura, hábito lector y enfoques regionales de lectura». Entrevista de Milagros Saldarriaga a Felipe Munita.  En Casa de la Literatura. Lima, 16 de noviembre del 2016. Consultado el 29 de diciembre del 2016 en https://goo.gl/NxsTqb
RED DE BIBLIOTECAS. «“La lectura no debe ser obligatoria”: Borges y cómo ser mejores profesores de Literatura». En blog Red de Bibliotecas. Colombia, 22 de enero del 2013. Consultado el 29 de diciembre del 2016 en https://goo.gl/aQfNiy
SOLÉ, Isabel. «El placer de leer». En Lectura y Vida. Revista Latinoamericana de Lectura. Año 16, N.° 3, septiembre de 1995. Consultado el 29 de diciembre del 2016 en  file:///C:/Users/MARCO%20ROMAN/Documents/Downloads/placer_leer_sole.pdf


sábado, 31 de diciembre de 2016

LEER O NO LEER I


De tres circunstancias acontecidas en mi entorno en los últimos tiempos obtuve los insumos que me permitieron escribir este artículo:
1.      Una entrada de este mismo blog
2.      Lo ocurrido durante la presentación de un libro
3.      Un evento académico organizado por la Feria del Libro Ricardo Palma
En esta ocasión solo voy a hablar de la primera circunstancia, y de las otras dos hablaré en sendas entradas posteriores. En el artículo «Del texto breve al libro», que publiqué en este blog el 24 de junio del 2013 (ver: https://goo.gl/N3xtZC), vaticiné que la tendencia observada en España en el 2011, en donde más de la mitad de los españoles ya leía en soporte digital, se extendería a nuestra región, es decir, a América Latina, y esto se está cumpliendo (ver párr. 6).
Ello se debería a la masificación progresiva de un «patrón de consumo similar» observado en el documento La nueva revolución digital. De la Internet del consumo a la Internet de la producción, elaborado por la Cepal, el cual es explicado en los siguientes términos:
La creciente demanda de aplicaciones y servicios digitales móviles, en particular video, muestra un patrón de consumo similar entre los habitantes que tienen acceso a estas tecnologías, tanto en los países desarrollados como en los menos avanzados. En general, salvo en el caso de intereses locales (noticias o comercio), los usuarios buscan las mismas aplicaciones y plataformas de servicio, y pasan lapsos similares en línea. En América del Norte y Europa el promedio de tiempo en línea por usuario es de 28 horas al mes, y en América Latina, de 22 horas (2016: 20).
En ese mismo documento, se ofrecen otros datos ilustrativos acerca de cuáles son las actividades más frecuentes en Internet por cada segundo transcurrido; pero en vista de que me interesa fundamentalmente las que se relacionan con la lectura, me limitaré a mencionar solo aquellas. Así, tenemos que en un segundo, en Internet
… se realizan más de 44.000 búsquedas en Google […], se envían más de 2 millones de correos electrónicos, más de 300.000 mensajes por protocolo IP a través de WhatsApp y más de 8.500 tuiteos, se efectúan más de 1.800 publicaciones en Tumblr y 50.000 en Facebook… (2016: 20).
La información ofrecida es muy elocuente en relación a mostrar y demostrar que, efectivamente, los servicios de Internet como Facebook, WhatsApp, el correo electrónico, el buscador de Google, los blogs y microblogs no solo ofrecen una oportunidad y hasta necesidad para leer textos breves como los que encontramos en las plataformas mencionadas, sino también para producir textos en respuesta o como reacción a lo leído o lo que se nos envía, escribe, etc., con lo que se completaría el círculo virtuoso de la promoción de la lectura: leer-escribir-leer.
En aquella entrada de hace más de tres años atrás, la lectura del artículo de una poeta en una página web que ya desapareció, me dio la idea de responder una interrogante que me suscitó esa constante cita de Borges que hacía ella y otros escritores e incluso profesionales de otras disciplinas, y que repetían (la idea en este caso) hasta ministros de Educación peruanos (como veremos más adelante).
La cita es la siguiente: «Creo que la frase lectura obligatoria es un contrasentido, la lectura no debe ser obligatoria. ¿Debemos hablar de placer obligatorio? ¿Por qué? El placer no es obligatorio, el placer es algo buscado. ¿Felicidad obligatoria? La felicidad también la buscamos» (ver: https://goo.gl/aQfNiy).  
Igualmente, se citan otras frases similares de Borges o de otros escritores que van en la misma dirección de sentido, por ejemplo esta de Daniel Pennac, que proviene de su libro Como una novela: «El verbo leer no tolera el imperativo. Es una aversión que comparte con algunos otros verbos: “amar”… “soñar”…» (2001: 8).
Ese texto ha suscitado las siguientes interrogantes: ¿la lectura debe ser obligatoria? ¿Puede dejar de serlo en el ámbito escolar? Un intento de respuesta a ellas se podrá encontrar en la última entrada de esta serie.
Solo adelantaré que el riesgo de asumir la postura de Borges, quien ve un dilema entre la lectura obligatoria y la libre, inclinándose por la segunda como la única valedera, es que esto termine convirtiéndose en un camino de solo dos alternativas posibles: leer o no leer (la lectura libre le otorga un espacio precisamente al «no leer» [recuérdese el «derecho a no leer», propuesto también por Pennac] y ese es el verdadero peligro); y ya veremos más adelante que sí se puede salir de ese entrampamiento.  
Si esta entrada ha sido de tu agrado o te ha sido útil, compártela con tus seres queridos.

______________________
Nota: La imagen, al inicio de esta entrada, se obtuvo de la siguiente dirección electrónica: 


Bibliografía 

CEPAL. La nueva revolución digital. De la Internet del consumo a la Internet de la producción. Santiago: Cepal, 2016. Consultado el 30 de noviembre del 2016 en https://goo.gl/p0cGdK
PENNAC, Daniel. Como una novela. Barcelona, España: Editorial Anagrama, 2001. Consultado el 16 de noviembre del 2016 en https://goo.gl/9ad1ib
RED DE BIBLIOTECAS. «“La lectura no debe ser obligatoria”: Borges y cómo ser mejores profesores de Literatura». En blog Red de Bibliotecas. Colombia, 22 de enero del 2013. Consultado el 29 de diciembre del 2016 en https://goo.gl/aQfNiy
ROMÁN ENCINAS, Marco Antonio. «Del texto breve al libro». En blog El Arte de Leer. Lima, 24 de junio del 2016. Consultado el 29 de diciembre del 2017 en https://goo.gl/N3xtZC

sábado, 25 de octubre de 2014

CÓMO LEÍA BORGES


No he encontrado todavía una descripción más vívida de la afición a leer de una persona que la que cuenta Alberto Manguel en su Historia de la lectura, acerca de cómo se manifestaba esta en Jorge Luis Borges.

Cito al autor, a quien le ocurrió la siguiente anécdota  a los dieciséis años, cuando trabajaba en Pygmalion, una de las tres librerías angloalemanas de la Buenos Aires de 1964:

Cierta tarde entró en la librería Jorge Luis Borges, acompañado por su madre, de ochenta y ocho años. Borges ya era famoso, pero yo sólo había leído algunos, pocos, de sus poemas y relatos, y no sentía una admiración incondicional por su obra. Borges estaba ya casi completamente ciego, pero se negaba a usar bastón, y pasaba la mano por los estantes como si pudiera ver los títulos con los dedos. Buscaba libros que le ayudaran a estudiar anglosajón, su pasión del momento, y habíamos encargado para él el diccionario de Skeat y una edición anotada de La batalla de Maldon. La madre de Borges se impacientó: «¡Ah, Georgie!», dijo. «¡No sé por qué perdés el tiempo con el anglosajón en lugar de estudiar algo útil como el latín o el griego!». Finalmente Borges se volvió y me pidió varios libros. Encontré algunos y tomé nota de los demás; y cuando ya se disponía a marcharse, me preguntó si estaba ocupado por las noches, ya que necesitaba (lo explicó excusándose mucho) alguien que le leyera, puesto que su madre se cansaba enseguida. Le dije que estaba libre.

Durante los dos años siguientes leí para Borges, como lo hicieron otros muchos conocidos casuales y afortunados, por las noches o, si mis clases lo permitían, por las mañanas… (1999: 33).

Las líneas transcritas muestran casi una desesperación en Borges por encontrar alguien que le lea. Y no es que no tuviera a nadie quien le hiciera ese favor, sino que simplemente una sola persona no podía darse abasto para satisfacer su enorme voracidad lectora.

Las líneas que siguen muestran cómo degustaba el oído de Borges las lecturas que le hacían y cómo estas se convertían en una experiencia enriquecedora para él y para su lector de turno:

En aquella salita, […] le leí a Kipling, a Stevenson, a Henry James, diferentes artículos de la enciclopedia alemana Brockhaus, versos de Marino, de Enrique Banchs, de Heine (aunque estos últimos se los sabía de memoria, de manera que, cuando no había hecho más que iniciar mi lectura, su voz vacilante me sustituía y seguía recitando; la vacilación afectaba sólo a la cadencia, pero no a las palabras mismas, que recordaba a la perfección). Muchos de aquellos autores yo no los había leído antes, de manera que el ritual era bastante curioso. Yo descubría un texto leyéndolo en voz alta, mientras Borges, por su parte, utilizaba los oídos como otros lectores utilizan los ojos para recorrer la página en busca de una palabra, de una frase, de un párrafo que confirme lo que recuerdan.  Mientras leía, él me interrumpía a veces para hacer un comentario sobre el texto, con el fin (creo yo) de tomar nota mentalmente.

[…]

En otra ocasión (no consigo recordar qué fue lo que me había pedido que leyera), Borges empezó a hacer una antología improvisada con malos versos de autores famosos, entre los que figuraban «El búho, pese a sus muchas plumas, tenía frío», de Keats; «¡Ah, mi alma profética! ¡Mi tío!», de Shakespeare (A Borges la palabra «tío» le parecía muy poco poética, una palabra impropia de Hamlet; él habría preferido «¡el hermano de mi padre!» o «¡el familiar de mi madre!»); «No somos más que las pelotas de tenis de las estrellas», de Webster en La duquesa de Malfi, y los dos últimos versos de Milton en El paraíso reconquistado: «Sin ser visto, regresó privadamente al hogar, la casa de su madre», lo que (a juicio de Borges) convertía a Jesucristo en un caballero inglés con sombrero hongo que vuelve a casa de mamá para tomar el té.

A veces hacía uso de nuestras lecturas para su propia escritura. Su descubrimiento de un tigre fantasmal en «Los rifles del regimiento», que leímos poco antes de la Navidad, le llevó a componer uno de sus últimos relatos, «Tigres azules»; «Dos imágenes en un estanque», de Giovanni Papini, inspiró su «24 de agosto de 1984», una fecha que por entonces aún pertenecía al futuro; lo mucho que le irritaba Lovecraft (cuyos cuentos me hizo comenzar y abandonar media docena de veces) le hizo crear una versión «corregida» de un cuento de Lovecraft y publicarlo en El informe de Brodie. A menudo me pedía que escribiera algo en las guardas del libro que estábamos leyendo: la referencia de un capítulo o una idea. Ignoro qué uso hacía de esas anotaciones, pero el hábito e hablar de un  libro a sus espaldas también llegó a ser mío.

[…] Más que los textos que Borges me hacía descubrir (muchos de los cuales se convirtieron a la larga en mis preferidos), me subyugaban sus comentarios, que eran enormemente eruditos, pero discretos, muy divertidos, a veces crueles y casi siempre indispensables. Yo tenía la sensación de ser el singular propietario de una edición cuidadosamente anotada, y preparada exclusivamente para mi uso. Eso, por supuesto, no era cierto; yo era sencillamente (al igual que otros muchos) el cuaderno de notas de Borges, un aidemémoire que el hombre ciego necesitaba para recopilar sus ideas. Y yo estaba totalmente dispuesto a ser utilizado (1999: 34-36).

Si esta entrada te ha agradado o te ha sido de alguna utilidad, compártela con tus seres queridos.


___________________
Nota: El dibujo de Borges, de Enmanuel Figueroa, al inicio de esta entrada, se obtuvo de la siguiente dirección electrónica: http://oyeborges.blogspot.com/p/artistas-amigos.html   



Bibliografía

MANGUEL, Alberto. Historia de la lectura. Bogotá, Colombia: Editorial Norma, 1999.


miércoles, 1 de febrero de 2012

EL PAPEL DE LA MEMORIA EN LA LECTURA

Una memoria que funciona bien puede ayudar a crear lectores más eficaces, siempre que sepamos de qué manera nos puede ser más útil, y no confundamos su papel con el de la simple memorización.

Juana Pinzás lo explica de esta manera en su libro Metacognición y lectura: «Al hablar de registro perceptual y memoria activa nos estamos refiriendo a un estado de alerta inicial y a poder retener información durante el tiempo necesario para utilizarlo de inmediato o transferirla a la memoria de largo plazo. No se trata aquí de memorizar en el sentido de repetir textualmente la información como evidencia de aprendizaje, sino de poder evocar para actuar de acuerdo a dicho recuerdo, para elaborar y poder transferir información» (2003: 40).

Agrega luego: «El problema de la memorización como equivalente del aprendizaje radica en otras consideraciones y depende de la asignatura o materia de la que estemos hablando. En la lectura, por ejemplo, la memoria crea dificultades cuando el recuerdo de lo literal no deja lugar a la elaboración personal, cuando no se discrimina entre lo importante y lo secundario en el texto, cuando la evocación o el reconocimiento literal son los únicos elementos que se utilizan para “medir” el aprendizaje o la comprensión, etc. Por otro lado, en los grados finales de la educación primaria y, especialmente, en la secundaria, el alumno tiene que saber asociar, utilizar y recordar contenidos sin los cuales no se puede esperar que lleve a cabo un aprendizaje inteligente de las diversas asignaturas.

»Hay determinados conocimientos, sobre todo en las ciencias biológicas y físicas, que se tienen que aprender y recordar pues se utilizan una y otra vez para entender y relacionar contenidos más avanzados. El alumno que no los tiene claros y definidos en su memoria de largo plazo no avanza con facilidad en los aprendizajes subsiguientes» (2003: 40 y 41).

La investigadora remarca luego: «La diferencia con la memorización es que no se espera que repita textualmente lo que dice un libro particular, sino que sepa aplicar y utilizar la información en la solución de problemas. Esto sólo es posible si es capaz de relacionar la información que se le ofrece con su experiencia previa y con otros fragmentos o elementos de conocimiento que ya posee, de modo que entienda su sentido» (2003: 41).

Una memoria, entonces, que discrimina entre lo importante y lo secundario, relaciona la información con los conocimientos previos, y con contenidos complejos que son parte de nuestra estructura cognitiva, y permite la elaboración personal, entre otras cualidades, es la que resultará más provechosa en nuestro camino a convertirnos en lectores expertos.

Es sabido que muchos de los más grandes hombres de las ciencias y las humanidades poseían una memoria privilegiada. Ahora sabemos que, adecuadamente empleada, esa condición les podía facilitar, a su vez, el convertirse en grandes lectores.

Voy a mencionar aquí el caso de Alfonso Reyes, quien reúne ambas cualidades, y quien es, tal vez, el personaje que inspiró a Borges la redacción de su cuento «Funes, el memorioso», según lo infiere Braulio Hornedo en su artículo «Reyes el memorioso. Jorge Luis Borges y Alfonso Reyes; una amistad memorable» (véase: http://www.alfonsoreyes.org/amigo.htm).

Horneda cita el testimonio de Alicia Reyes, nieta del escritor mexicano, quien relata esta anécdota sobre su abuelo: «La memoria de nuestro Alfonso era prodigiosa y mi padre se divertía jugando con él a las adivinanzas literarias: tomaba algún libro clásico y leía un trozo ya en prosa, ya en verso, y a las primeras de cambio, abuelito adivinaba autor y obra, ante el asombro de los que lo rodeábamos» (Ibíd.).

También cita Hornedo a José Rojas Garcidueñas, quien comenta la gran capacidad de lectura de Reyes: «Reyes leía con máxima atención aunque con rapidez extraordinaria: hojeando un libro recién llegado, pasaba las páginas de modo que parecía no haber podido leer sino algunas cuantas y salteadas líneas, pero de repente, levantando la vista, hacía algún comentario que demostraba lo mucho que se había enterado del contenido, en aquellos minutos que uno creería apenas bastantes para un menos que superficial ojeo. Yo fui testigo de ello varias veces...» (Ibíd.).

___________________

Nota: La foto de Alfonso Reyes que aparece en la parte superior de este envío fue tomada de la siguiente dirección electrónica: http://www.justa.com.mx/?p=25036


Bibliografía


HORNEDO, Braulio. «Reyes el memorioso. Jorge Luis Borges y Alfonso Reyes; una amistad memorable». En: La Capilla Virtual. Alfonso Reyes. [Consulta: 1 de febrero del 2012]. <http://www.alfonsoreyes.org/amigo.htm>

PINZÁS GARCÍA, Juana. Metacognición y lectura. 2.da ed. Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 2003.

sábado, 21 de marzo de 2009

LA RELECTURA


Releer es volver a leer lo ya leído. Esta práctica debería promoverse tanto como la lectura porque es la que nos permitirá sacar mayor provecho de un texto. Los lectores expertos lo recomiendan sobre todo para la etapa de la madurez.

Ítalo Calvino, por ejemplo, en su ensayo Por qué leer a los clásicos, decía: «en la vida adulta debería haber un tiempo dedicado a repetir las lecturas más importantes de la juventud» (1995: 14). Y esto porque «las lecturas de juventud pueden ser poco provechosas por impaciencia, distracción, inexperiencia en cuanto a las instrucciones de uso, inexperiencia de la vida» (Ibíd.). Luego concluía: «Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera» (1995: 15). [Las cursivas son del autor].

Jorge Luis Borges, en una clase en la Universidad de Belgrano (Argentina), sobre el libro, recogida en el cuarto volumen de sus obras completas, exclamaba: «Yo he tratado más de releer que de leer, creo que releer es más importante que leer, salvo que para releer se necesita haber leído. Yo tengo ese culto del libro» (1996: 170).

Para escribir esta nota he releído los textos citados para cumplir con lo que Emil Cioran sentenciaba en una entrevista: «no deberíamos escribir sobre lo que no hubiéramos releído» (Serna y Pons 2000: 17).


_______________
Nota: «Homero», escultura de mármol del francés Philippe-Laurent Roland (1746-1816), de 1812. Se encuentra en el Museo de Louvre, París, Francia. La foto la tomé de Wikipedia (http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Louvre2004_134_cor.jpg).



Bibliografía

BORGES, Jorge Luis. Obras completas IV (1975 -1988). Barcelona: Emecé Editores, 1996.

CALVINO, Ítalo. Por qué leer a los clásicos. Barcelona: Fábula Tusquets Editores, 1995.

SERNA, Justo y PONS, Anaclet. Cómo se escribe la microhistoria. Madrid: Ediciones Cátedra, 2000.

sábado, 24 de enero de 2009

CÓMO ABORDAR UN LIBRO



Hace unos cuatro años atrás, caminando por los exteriores de la Universidad Católica de Lima, se me acercó un joven que pertenecía a una de esas instituciones que enseñan lectura rápida. Me dijo que, al término del curso (un mes), yo podría leer comprendiendo al cien por ciento un libro, incrementando, a la vez, mi velocidad de lectura.

No pude tomar en serio tal ofrecimiento porque, a mi parecer, no se ajustaba a la realidad. Leer a mayor velocidad toma años de práctica y no un mes, y comprender al cien por ciento un texto es más una aspiración que algo posible.

En la compilación de Blass Rivarola (ver bibliografía), encontré un artículo de Alberto Tauro titulado “Elogio del libro”, en el que se decía: “[El libro] nunca revela su total misterio a la primera inquisición, ni llegamos jamás a conocerlo enteramente… y de sus páginas emergen nuevos destellos cada vez que hundimos en ella una inquietante mirada” (2007: 38 y 39).

Pero hay más testimonios que terminan por desmoronar la propuesta de ese instituto. En 1975, Mario Vargas Llosa escribió La orgía perpetua. Flaubert y «Madame Bovary», un estudio exhaustivo de la novela del escritor francés. Antes de redactar este ensayo, Vargas Llosa había “leído la novela una media docena de veces de principio a fin” y también había “releído capítulos y episodios sueltos en muchas ocasiones”. En cada una de estas incursiones, él afirmaba: “siempre he tenido la sensación de descubrir aspectos secretos, detalles inéditos…” (1975: 18).

Es conocida también la afición del escritor mexicano Carlos Fuentes (autor de Aura) por el Quijote. Desde que cumplió los dieciséis lo relee todos los años. En una entrevista que le hizo la BBC el 10 de febrero del 2006, cuando le preguntaron si seguía con esa rutina, él contestó: “Todos los años y lo leo siempre como si fuera la primera vez. Siempre lo descubro de nuevo, descubro cosas que antes dije ¿por qué se me pasó esto? ¡Qué novedad!” (véase: http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/misc/newsid_4673000/4673610.stm).

Como se puede ver, sin un adecuado conocimiento de las posibilidades de nuestra mente y de cómo funciona, nos pueden dar gato por liebre. A propósito de ello, en una clase en la Universidad de Belgrano (Argentina) publicada bajo el título de “El libro”, Borges recordaba lo que, en uno de sus ensayos, Montaigne refería: “si él encuentra un pasaje difícil en un libro, lo deja; porque ve en la lectura una forma de felicidad” (1996: 169).

Cierro este artículo resumiendo las cinco formas de abordar un libro que menciona Silvia Adela Kohan en Disfrutar de la lectura.

“Hay diferentes maneras de leer, provenientes de la diversidad de contenidos y de las necesidades del lector, cada una corresponde a un nivel de experiencia lectora…, las siguientes, en su mayoría más apropiadas para un ensayo, un texto de estudio…,… también [son] útiles para una novela o un cuento y… pueden ser exclusivas o sucesivas:

1. Lectura informativa: Responde al propósito de informarse acerca del contenido de un libro. Consiste en examinar o inspeccionar de forma sistemática.
2. Lectura «de corrido»: (…) Consiste en realizar un repaso rápido y permite saber de qué clase de libro se trata para medir las ventajas y desventajas de pasar a la tercera etapa de lectura. Los pasos habituales de esta etapa son:
· Leer rápidamente el prólogo.
· Leer el índice de materias –si lo hay- y el índice general para hacerse una idea de la estructura y los contenidos del libro.
· Hojear el libro y detenerse en los subtítulos.
· Consultar los capítulos que llamaron nuestra atención en el índice.
3. Lectura detenida: … cuando se pasa de la mera información a la asimilación del material expuesto en el libro… se intenta comprender y profundizar y requiere un lector activo.
4. Lectura de control: Es una combinación de la lectura de corrido y la detenida, se hace con rapidez, pero deteniéndose y reflexionando ante los párrafos más complejos.
5. Lectura selectiva: … [sirve] para reforzar la idea general captada en una lectura anterior, encontrar nuevas significaciones, realizar un trabajo crítico. Corresponde a la profundización. Es la lectura especializada del lector crítico” (1999: 23 y 24).


_______________
Nota: El dibujo de Borges fue tomado de la siguiente dirección electrónica: http://biblioteca.idict.villaclara.cu/UserFiles/Image/ARGENTINA/borges%20con%20libros.jpg


Bibliografía

ADELA KOHAN, Silvia. Disfrutar de la lectura. Barcelona: Plaza & Janés Editores, 1999.

BLASS RIVAROLA, Benjamín (comp.). Promoción del libro y la lectura: aproximaciones. Lima: Biblioteca Nacional del Perú, Fondo Editorial, 2007.

BORGES, Jorge Luis. Obras completas IV (1975 -1988). Barcelona: Emecé Editores, 1996.

VARGAS LLOSA, Mario. La orgía perpetua. Flaubert y «Madame Bovary». Barcelona: Editorial Seix Barral, 1975.