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jueves, 30 de julio de 2026

CUCHARITA. LA SANTIDAD DE LA ALEGRÍA

Amaya, Luis Enrique

Lima: A&G Impresiones, 2.a ed., 2023

 

Este es un libro maravilloso y conmovedor que me alegra mucho habérmelo encontrado en las estanterías del Bibliometro de la Estación Central del Metropolitano, en donde tuvieron la amabilidad de prestármelo para leerlo. Es un relato de ficción inspirado en la vida de Armando Peña Figueroa, el en su tiempo famoso payaso Cucharita.

En la obra, el protagonista del que hablamos toma el nombre de Armando Roca, el payaso Cucharita, que vino de El Salvador al Perú para encontrarse con su destino. De niño, en su país natal, huyó a los 16 años acompañando a un circo. Después se alejó de las carpas, trabajó en varios oficios para sobrevivir, uno de ellos fue el de pintar santos apócrifos, o crearlos en arcilla, madera o yeso, en el cementerio de Guatemala. Un día pintó un santo negro y como no sabía de qué color eran sus palmas, las pintó también de negro (un santo que más tarde reaparecería estando lejos de su país y que será un actor clave en esta historia).

Un hombre le sugirió un día añadir una delgada pincelada con una tonalidad más clara en el obituario que escribía para un recién fallecido. Se conocieron y aquel hombre pintor de carromatos de circo lo llevó a su circo.

Allí conoció al Juanche Segoviano, quien le enseñó el arte de hacer reír y de convertirse en un payaso con el alias de «Chicharrón». Cuando a Segoviano le toca jubilarse, le cede su alias de «Cucharita» con el que viajó por diferentes países de Centroamérica hasta llegar al Perú, en donde trabajó en el circo Picolina, regentado por el payaso peruano «Cilantrito».

El circo Picolina iba a los barrios urbanomarginales de Lima y allí ganaba más dinero con el trueque. A través de ese mecanismo, recibía cestas con huevos de pato, gallinas criollas, costales de yuca, etc., los cuales luego eran vendidos en la ciudad con lo que quintuplicaban sus ganancias.

Un día Cucharita se casó con Rosa Amanda Marimba con la que tendría un primer hijo. Y a fines de mayo de 1970, Cilantrito hizo las gestiones para obtener un permiso de instalación de su circo en la plaza central del pueblo de Yungay, pero se lo denegaron, por lo que se asentaron en las afueras de la pequeña ciudad.

Un domingo 31 de mayo de 1970, en que era la inauguración del mundial México 70, y se enfrentaban las selecciones de México con Rusia, ocurrió una tragedia, pero también un milagro que no mencionaré para no destripar el libro. Solo añadiré que a partir de este momento se suceden una serie de escenas conmovedoras, una de las cuales te arrancará una lágrima si llegas hasta el final.

Seguramente, el libro podrá ser mejor apreciado por el lector católico informado que comprenderá mejor los hechos sobrenaturales y sorprendentes que se mencionan en esta historia cuya lectura recomiendo fervorosamente.

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Nota: La imagen del libro fue tomada por Marco Antonio Román Encinas.

 

Bibliografía

 

Amaya, L. E. Cucharita. La santidad de la alegría. A&G Impresiones. 


jueves, 30 de octubre de 2025

Cuando callaron las armas

Iturralde, Edna

Lima: Grupo Editorial Norma, 2013

 

Estoy muy sorprendido con este libro que ha demostrado que se pueden construir buenas historias concatenando un mensaje válido e implícito al desarrollo de la trama.

Los relatos se leen con interés porque muestran al lector hispano mundos desconocidos y lejanos, con costumbres e idiomas que nos suenan raros en ocasiones, pero que llaman más nuestra atención por esa misma razón.

La autora ha investigado las situaciones de conflicto y guerra de países provenientes de cuatro continentes: América, Europa, Asia y África; pero también se ha valido de los recursos de la narración para dotar a sus historias de un mejor acabado.

Como peruano, me hubiera gustado que se incluyese lo que ocurre con los pioneritos en el VRAEM (Valles del Río Apurímac, Ene y Mantaro), que son niños secuestrados por la nueva facción de Sendero Luminoso denominada el Militarizado Partido Comunista del Perú para sus fechorías; pero la muestra ofrecida es suficientemente representativa de la agresión que sufren los niños como consecuencia de que las regiones en donde viven se vean inmersas en conflictos armados o en una guerra sin cuartel.

El libro respeta la temática elegida: todas ellas hablan de guerras o conflictos armados en donde por una u otra razón participan niños. Y en todas queda clara, aun cuando no se mencione explícitamente, la condena a convertir a los niños en soldados de las guerras de los adultos, una guerra que no es suya, que no la empezaron, que no les pertenece, que no entienden, y en la que aceptan participar porque les obligan o por alguna otra razón ajena a su voluntad.

La obra transmite con verosimilitud el mundo de los niños en situación de guerra, y el pesar y el dolor que embarga a las familias que pasan por esa dolorosa experiencia. Y también muestra el dolor de los padres que sufren por ver a sus hijos con el uniforme de soldado o saliendo heridos o con los pies por delante de los campos de batalla.

Los dos relatos que más llamaron mi atención son «Cumplir con una misión» y «La magia del león». En el primero, la historia transcurre en Chechenia y la autora da a conocer las costumbres propias de esa región que resultan desconocidas y novedosas para el lector hispano (algo que también ocurre con el resto de relatos), ingrediente que le da un valor adicional a la obra. Muestro un ejemplo de ello:


No me gusta el olor del ajo, por extraño que parezca. Y es que a nosotros los chechenos nos fascina el ajo, no solo el olor, sino comerlo en grandes cantidades; en nuestra comida… o simplemente crudos, como si fueran caramelos. La mejor explicación de este hecho singular me la contó mi abuela, Ilyana: los chechenos habitaban, hace muchos, muchos años, en lo más alto de las montañas y dentro de lo más oculto de la naturaleza, rodeados de animales salvajes. Nuestros antepasados cayeron en cuenta de que cuando comían ajo despedían un olor especial que ahuyentaba a las fieras —especialmente a las serpientes— y se aseguraron de que así fuera siempre (2013: 31 y 32).

La narradora es Raisa Shabalkun, una niña de doce años, que perdió a su padre y hermanos por ser miembros de una organización nacionalista que luchaba por separar a Chechenia de Rusia, y que ahora no deseaba que su madre cumpla la misión que había aceptado de vengar esas pérdidas que le encomendaron la orden de la Viuda Negra (agrupación de madres que habían perdido a sus hijos en la guerra), para lo cual le dieron un cinturón de explosivos, a fin de que se convierta en una bomba humana. Y, no se preocupen, no voy a adelantar el final de esta historia fascinante para que la puedan disfrutar.

En el segundo relato, «La magia del león», que transcurre en Liberia, se muestra el grado de salvajismo al que pueden llegar las guerras civiles en África, en donde uno de los bandos usa a los niños como carnada para que les disparen los del bando contrario y así delaten su ubicación. Es una de las historias más crueles del libro.

La narradora es Elizabeth Dokie, de once años, raptada junto con otros niños para formar parte de la agrupación subversiva Los Diablos Rojos. El siguiente fragmento describe ese momento:


… ella no tenía claro cuál era el objetivo de la lucha ni quiénes eran sus enemigos, solo sabía que junto con otros niños y niñas de su pueblo habían sido raptados, dos semanas atrás, en el momento de entrar a la escuela. Después, los llevaron a un campamento militar donde les entregaron un fusil y les dijeron que ese era su nuevo hogar porque su patria, Liberia, los necesitaba como soldados y no como estudiantes (2013: 52-54).

Baste esta muestra al lector para que se dé una mejor idea del contenido del libro que recomiendo que se incluya en el plan lector de las instituciones educativas de los países de habla hispana (si es que no está incluido ya), porque será de mucho provecho.

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Nota: La foto del libro al inicio de esta reseña fue tomada por Marco Antonio Román Encinas.

 

 

Bibliografía

ITURRALDE, EDNA. Cuando callaron las armas. Lima: Grupo Editorial Norma, 2013.

miércoles, 30 de abril de 2025

SENDERO LUMINOSO PARA DUMMIES

Carrillo, Aldo Vela

Lima: Kokoro Books, 2024


Este libro confronta el discurso monolítico indulgente, romantizante y blanqueador de los senderólogos con respecto a su objeto de estudio. Hacía falta un libro así que desmitifique esa narrativa unidireccional que linda más con la ficción por momentos, y que emplea con premeditación el discurso científico e histórico para pasar de contrabando el ingrediente edulcorante del que hablábamos poco antes.

Está escrito con un lenguaje ágil y ameno. Hay información novedosa y desmitificante sobre Abimael Guzmán, sus esposas, Edith Lagos y Elena Iparraguirre, el vocero El Diario, etc. Un ejemplo de ello lo podemos ver en la siguiente cita, en donde se menciona una de las funciones que cumplía El Diario cuando ya se había constituido en uno de los órganos de propaganda de Sendero Luminoso (SL), y en donde también se desenmascara, por parte del autor, una argucia legal empleada por la hija de un dirigente sindical para aprovecharse del Estado:


Una de las funciones de El Diario era adjudicarse la responsabilidad de sus acciones. Una de ellas, el asesinato del dirigente sindical Pedro Huilca, destacado en la portada del vocero senderista. El coronel Benedicto Jiménez, jefe del GEIN [Grupo Especial de Inteligencia, unidad de élite de la Policía Nacional del Perú], obtuvo los documentos del reglaje que los terroristas realizaron a Huilca, además de las pruebas que demostraban que el atentado se planeó en dos ocasiones. El GEIN, además, guarda en su museo los ejemplares requisados de El Diario en los que, antes de su asesinato, se realizó una campaña de desprestigio del dirigente en la que se le acusó, entre insultos y otras lindezas, de "vende obreros".

El periodista Ricardo Uceda en su libro dedicado al Grupo Colina sostiene que el asesinato del dirigente no fue obra de este grupo paramilitar. Ni siquiera la CVR [Comisión de la Verdad y Reconciliación], en su Informe Final, se atreve a determinar la autoría del crimen. No obstante, Indira Huilca, la hija del asesinado dirigente, ha hecho carrera política presentándose como víctima del Estado y del fujimorismo, pero no del terrorismo. Por ello, su familia cobró una considerable reparación civil proveniente de los impuestos que pagan todos los ciudadanos (2024: 33 y 34).

Aunque el autor estudió en la Pontificia Universidad Católica del Perú, no se ha dejado avasallar por el discurso hegemónico de los senderólogos de izquierda y, por el contrario, ejerce su rol de periodista con la mayor objetividad posible, procurando desentrañar la verdad de los hechos estudiados y sin apasionamientos, lo que hace valioso el libro.

A diferencia de los senderólogos, el autor ha consultado con los protagonistas que confrontaron directamente contra los terroristas de SL como los miembros del GEIN, entre ellos, Benedicto Jiménez y Marco Miyashiro; y también ha consultado al que fue jefe de la Dircote (Dirección contra el Terrorismo), Óscar Arriola Delgado, a fin de conseguir más datos para su libro y tener una visión más completa de aquellos trágicos episodios. Ese es un punto a destacar porque la historia se construye confrontando los hechos con todos los involucrados y evitando sesgos ideológicos que puedan inclinar la balanza hacia un lado cuando el investigador solo debe preocuparse por transmitir la verdad.

En el libro, además, se mencionan temas que no aparecen en otros estudios sobre terrorismo o que sí aparecen, pero no con los detalles que aquí se ofrecen como el número de instituciones de desarrollo agrario destruidos o quemados por SL, el uso de niños bomba y pioneritos, la falsa lucha contra el individualismo y el sentimiento del amor en los senderistas, el deseo de empobrecer a los peruanos que gozaban de una fuente de ingresos aseguradas y regular, la matanza de los Húsares de Junín, el caso Uchuraccay, la masacre en Soras, etc. Veamos un ejemplo al respecto sobre lo ocurrido en Soras, Ayacucho, en donde Vela Carrillo incluso cuestiona la versión disimuladamente parcializada de la CVR (integrada casi exclusivamente por intelectuales de izquierda) en su mención de los hechos:


De acuerdo con la COMISEDH [Comisión de Derechos Humanos], son 109 las víctimas, incluyendo ancianos, mujeres y niños, las que perdieron la vida en manos de Sendero Luminoso en la jornada homicida que se inició a las 8 de la mañana y terminó pasadas las 8 de la noche del 16 de julio de 1984. La fiscalía, sin embargo, afirma que fueron 117 personas asesinadas por el comunismo en Soras. La masacre por décadas se mantuvo oculta.

La CVR, tan puntillosa y exhaustiva con las 'ejecuciones extrajudiciales' perpetradas por policías o militares, menciona en su Informe Final ligeramente el caso Soras (dentro del Tomo IV. Sección Tercera: Los escenarios de la violencia. Capítulo 1: La violencia en las regiones), a pesar de que fue muchísimo más cruel y sanguinaria que la Masacre de Lucanamarca.

Recién, 28 años después, el ex procurador Julio Galindo desempolvó el caso y logró que, en diciembre de 2012, la cúpula de Sendero Luminoso fuera procesada como responsable mediato de las matanzas en Soras. Abimael Guzmán murió sin ser sentenciado por estas muertes, que se suman a la infinidad de atrocidades ordenadas por él y cometidas por su banda de asesinos. Los terroristas que componen el denominado Comité Central de Sendero Luminoso, entre ellos, Elena Iparraguirre, Laura Zambrano, Osmán Morote, Oscar Ramírez Durand, Margot Liendo Gil, en cambio, sí tienen que responder ante la justicia y ante las víctimas por estos hechos que ensangrentaron a las humildes comunidades ayacuchanas. Sin embargo, Víctor Quispe Palomino está acusado como el responsable material de la muerte de 117 personas, mientras permanece escondido en el VRAEM. Desde ahí, lidera los remanentes que Sendero Luminoso mantiene en la zona cocalera más importante del país (2024: 109 y 110).

Por lo señalado, un libro muy recomendable de leer por los jóvenes sobre todo, y que sería oportuno incluirlo en el plan lector de los colegios de secundaria para que las futuras generaciones conozcan nuestro pasado reciente y la historia no se vuelva a repetir

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Nota: La foto del libro al inicio de esta reseña fue tomada por Marco Antonio Román Encinas.

 

 

Bibliografía


VELA CARRILLO, ALDO. Sendero Luminoso para dummies. Lima: Kokoro Books, 2024.


viernes, 31 de enero de 2025

LAS BRUJAS DE CACHICHE Y LA MALDICIÓN DE LA PALMERA DE SIETE CABEZAS

Paz Vergara, Pamela Cueto

Lima: Editorial Septiembre, 2013


Este libro recoge una historia impresionante que una Mary Shelley peruana hubiera podido convertir en un clásico del terror seguramente. La sola imagen de una palmera de siete cabezas ya es de por sí impactante y solo comparable con lo que se ve en la mitología griega. 

Considero que la narradora ha construido un texto entretenido, a pesar de todo, y que provoca terminar de leer una vez iniciada la lectura. Es la historia de tres amigos (Anita, Vincho y el Gordo) que juegan a las carreras con sus respectivas bicicletas y un día deciden que el reto sería llegar a Cachiche, lugar prohibido por sus padres porque suceden cosas raras en esa zona (las brujas invocan al diablo en las noches de luna llena y las almas de los muertos vagan por sus calles).  

Se menciona el monumento que mandó construir Fernando León de Vivero a la muerte de la bruja buena Julia Nazaria Hernández Pecho viuda de Díaz, por haberlo curado de su tartamudez y haber pronosticado que sería presidente de la Cámara de Diputados cuando este tenía 15 años, lo cual se cumplió. Y aunque no se menciona en el libro, en la vida real el partido por el que postuló Fernando fue el Apra. 

Cuando la imagen de la bruja en el huarango cobró vida, les reprochó a los adolescentes por estar allí y les hizo un hechizo para que nadie más los viera, salvo el mismo Lucifer. También les dijo que dependerá de ellos sobrevivir a la noche de la cacería, la cual se refería al día en que las brujas pidieron ayuda al demonio para ver el futuro a cambio de la sangre de una de ellas. La bruja elegida como ofrenda huyó y por eso se desató la cacería. 

La bruja les contó esta historia pormenorizadamente y a medida que la contaba los adolescentes la veían realizarse. Estos, al sentirse en un momento en peligro, decidieron huir, pero Anita se había quedado fisgando el aquelarre y regresaron sus amigos por ella. La curiosidad de Anita los hizo retrasar su fuga. Se percataron que la bruja a sacrificar no quiso ser sacrificada y empezó a huir. Y luego imploró la bruja la ayuda de los hechiceros quienes se percataron que si se cumplía con ese sacrificio, el diablo probablemente cumpliría su palabra y eso no les convenía por lo que decidieron ayudarla.  Pronto, todo Cachiche se convirtió en un campo de batalla. Había bolas de fuego que iluminaban el cielo, y los hechiceros alargaban sus cuerpos hasta los diez metros. Estos además tenían bajo su dominio un gigantesco pulpo de tentáculos monstruosos que amenazaba con triturar a quien se le cruzara por delante.

Las brujas se sentían muy debilitadas y vencidas cuando invocaron la ayuda del diablo.  El pulpo atrapó a la bruja, el diablo la ayudó cortando el tentáculo que lo sujetaba con una lengua de fuego. Debilitado, el pulpo se fue solidificando, endureciendo y se convirtió en una especie de palmera de siete cabezas, con una seccionada y que quedó oculta en la tierra. La lucha continuó. Las brujas, pese a las vidas perdidas, no lograron lo que se propusieron por lo que dejaron aquella palmera de siete cabezas como recordatorio para los próximos tratos con el demonio. 

Como último encantamiento, los hechiceros se transformaron en raíces de huarango para renacer como árboles mágicos. Para asegurar las brujas el regreso de las que habían muerto en batalla, las sobrevivientes lanzaron una maldición: el día en que la séptima palmera reverdezca, Ica se hundirá en las aguas y la lucha entre brujas y hechiceros volverá a comenzar.    

Vincho tuvo un sueño sobre brujas y hechiceros, el mismo que tuvo Anita y el gordo, es decir, no soñaron realmente, sino lo vivieron. Cuando regresaron al pueblo, a ver la imagen de la bruja, Anita pensó que la V de la Victoria que hacía era absurda porque no habían conseguido lo que deseaban. 

Cito unos párrafos de la escena que propiciará más tarde la pelea entre los hechiceros y las brujas: 

El ir y venir inquieto de las brujas maleras —aquellas a las que la gente buscaba cuando quería hacer daño a otra persona— aumentaba en los muchachos el miedo, el que se convirtió en terror cuando descubrieron a Anita junto al caldero. En sus cabezas volvía a resonar la advertencia de Julia Nazaria: "Nadie podrá verlos, a menos que sea el mismísimo diablo", y era a él al que las brujas planeaban invocar. 

Corrieron sin hacer ruido, decididos a recoger a la curiosa y salir del pueblo antes de que apareciera el Maligno. Estaban cerca de lograrlo cuando uno de los troncos que ardía en la fogata reventó haciendo saltar chispas y avivando las llamas aún más. En ese momento, un lúgubre aullido retumbó en las cuatro esquinas de la plaza y una voz tétrica, que parecía salir de entre las flamas, anunció: 

—Tendrán lo que buscan, y a cambio me darán la vida de la más joven entre ustedes (2013: 24 y 25).

El libro forma parte de la colección Leyendas Tenebrosas del Perú que publicó QG Editores y el Grupo La República y cuenta con ilustraciones en blanco y negro acordes a la temática del texto; pero me he percatado que como es un libro con rasgos visibles de estar dirigidos a los jóvenes, algunos de estos no los compran o no los intercambian en un trueque de libros por esa razón (no sabría precisar en qué proporción de esa población ocurre eso porque no hay encuestas al respecto, pero sí sé que ocurre), a pesar de ser un título recomendable de leer. 

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Nota: La foto del libro al inicio de esta reseña fue tomada por Marco Antonio Román Encinas.


Bibliografía


PAZ VERGARA, PAMELA CUETO. Las brujas de Cachiche y la maldición de la palmera de siete cabezas. Lima: Editorial Septiembre, 2013.


martes, 27 de febrero de 2024

SERES MARAVILLOSOS DEL ANDE

Colchado Lucio, Óscar

Lima: Ediciones SM, 2019

 

Este libro está compuesto de veintiún narraciones sobre seres que pueblan el imaginario andino. Cada narración sobre cada uno de esos seres andinos va precedida de una explicación sobre dicho ser en un texto breve.

Es una pena que la editorial a cargo de la publicación se haya olvidado de colocar un índice al libro, detalle menor, sin duda, pero que saben agradecer los lectores compulsivos, bibliófilos, bibliófagos, etc.

En las «Palabras previas», del libro, el autor señala algo sorprendente. Dice que llama «maravillosos» a los seres de este libro «por ser parte de una cultura cuya cosmovisión está ligada a lo sobrenatural» (p. 7). Y más adelante agrega: «Yo también puedo testimoniar, queridos amiguitos, que son reales y no meros personajes de cuentos, ¿saben por qué? Porque yo también vi en mi infancia a algunos de ellos» (p. 8). Y vale la pena reproducir las palabras que siguen:

Así, por ejemplo, cuando yo tenía ocho años un duende quiso llevarme, según pude colegir, a vivir en el interior de una laguna, donde decían que tenía su palacio, o acaso quiso convertirme en otro duende. El hecho ocurrió un día de mucho calor, cuando cansado de esperar a mis amigos para bañarnos en una laguna, yo me lancé a las aguas. Y ni bien empecé a nadar sentí que unas manecitas muy suaves me agarraban por los pies e intentaban sumergirme. Pensé al comienzo que se trataba de uno de mis amigos, pero, después, cuando sentí que me estaba yendo al fondo de la laguna empecé a sacudirme, a patear desesperadamente, hasta que las manecitas me soltaron. Ya casi a punto de asfixiarme, salí a la superficie y pude nadar hasta la orilla. No había nadie en ese momento. Las aguas estaban tranquilas. Solo después el guardián de las chacras aledañas me dijo que en esa laguna habitaban duendes y que en las noches de luna él los veía saltar y corretear por las orillas.

Otra vez, vi un alma en pena. Yo dormía profundamente en la habitación de un familiar a quien había ido a visitar a su casa, cuando algo me despertó repentinamente. Era el sonido de la puerta del dormitorio que se abrió sigilosamente. La luz de la luna entró a borbotones al abrirse la hoja de madera. Entonces vi que un fantasma ingresaba de rodillas y se dirigía hacia la imagen de una Virgen que había al centro del cuarto. Llegando allí, se puso a rezar unos instantes que a mí me parecieron siglos. Su voz era gangosa. Cuando salió, los perros lanzaron aullidos agónicos como cuando veían almas (pp. 8 y 9).

Un detalle a tener en cuenta en la historia del duende es que el autor no vio al duende, solo sintió sus manos que lo jalaban debajo del agua. En cambio, sí llegó a ver al alma en pena que le reza a la Virgen, y también llegó a escuchar los «aullidos agónicos» de los perros que ven almas.

Es importante hacer un listado de los seres andinos incluidos en el libro porque aunque no son todos los que existen, están la mayoría (el índice nos hubiera ahorrado esta tarea). Aprovecharé la ocasión para definir brevemente a cada ser, según la perspectiva ofrecida por Colchado:

1) La achiké: bruja del Ande que se alimenta de niños (p. 11).

2) El amaru: serpiente alada con escamas de colores, cabeza de llama, cola de pez y alas pequeñas (p. 15).

3) El aya uma: «su nombre deriva del quechua: aya (muerto) y uma (cabeza)»; son cabezas voladoras que se desprenden en las noches de los cuerpos de los compadres o primos hermanos que conviven (p. 19).

4) El carbunclo: «especie de perro, zorro o puma» con «un pedacito de sol en la frente» y «los ojos de fuego» (p. 25).

5) El condenado: «son almas que penan por haber cometido pecados graves. Vagan por el mundo en busca de su salvación» (p. 29).   

6) La cuda: mujer atractiva y diabólica, «con patas de gallina» que «se aparece a los hombres para matarlos y llevarse su alma a convivir con ella» (p. 33).  

7) El ekeko: especie de «diocesillo del altiplano» al que si le ofrecen un buen cigarro, premia con «bienestar, salud y hasta riquezas» (p. 37).  

8) El gato tinyero: gatos que bajan por las laderas de los cerros dentro de un tambor, y pueden saltar de un momento a otro, meterse en tu barriga y causarte la muerte (p. 41).  

9) Los gentiles: son viejitos, «flacos, de cabeza grande sin pelos y tienen ojos hundidos», además viven en las cuevas (p. 45).

10) El hombre de lata: a pesar de ser de lata, se alimenta de carne humana en las noches oscuras y silenciosas (p. 49).

11) El ichic ollco: «duende travieso y juguetón. Es regordete de piel rosada y larga cabellera rubia. Ichic en idioma quechua significa “chiquito” y ollco “hombre”» (p. 53).

12) La jarjacha: personas incestuosas que tienen «relaciones pecaminosas entre hermanos, padres con sus hijos o abuelos con sus nietos» (p. 57).

13) El muki: «es pequeño, algo grueso, blanco, rubio, de orejas largas y puntiagudas. Viste casco, botas de agua y ropa de minero. A veces, lleva en la mano una linternita para alumbrarse» (p. 61).

14) El ollkaiwas: «tiene la cabeza de perro y alargado cuerpo de hombre». «A los pueblos que han caído en el pecado y quiere darles escarmiento, los arrasa con lluvias intensas, huaycos y desbordamiento de los ríos» (p. 65).

15) Los pichanas: son los que «sufren castigo por haber faltado a sus padres levantándoles la mano». Son «esqueléticos», «su castigo consiste en que llevan la peste, las enfermedades, las sequías por los lugares por donde vayan. Por eso la gente los aborrecen» (p. 69).

16) El pishtaco: degollador andino que mata a las personas para quitarles su grasa y venderla al extranjero (p. 73).

17) El runa mula: significa en quechua «persona mula». «Dicen que cuando una mujer convive con un cura, su espíritu sale en las noches convertida en una mula que bota candela  por la boca y es espoleada por el cura que es el mismo demonio» (p. 77).

18) El simuri (hombre-puma): hombre que en las noches de luna se va a los corrales, se convierte en puma y devora las ovejas y cabras principalmente (p. 83).

19) El supay: es el demonio que se viste «como un jinete elegante montado en un gran caballo blanco con aperos de plata». Vive «en el supayhuasi o infierno indio» (p. 89).  

20) La wayra warmi: «joven buenamoza, blanca de cabellos rubios» que querrá encantarte para llevarte al fondo de la laguna (p. 93).

21) El wamani: vive en le interior de los cerros o montañas. En su forma humana, es hermoso, pero también puede aparecer en forma de un cóndor o un halcón. Hace aumentar el ganado y crecer bonito las sementeras cuando le hacen ofrendas (p. 99).

La lista nos permite corroborar que el autor no incluyó a Juan Oso o el maqta peludo ni al Niño Manuelito, a pesar de que el autor los conoce muy bien porque sí los incluyó en su famoso libro «Cholito en los Andes mágicos», un clásico de la literatura infantil peruana.

Las ilustraciones, a cargo de Crhistian Vargas, son un buen acompañamiento al libro, y la que más me impresionó es la de la cara de la Achiké cubierta de verrugas y con unos ojos atemorizantes que miran al lector sin perderlo de vista y advirtiéndole o amenazándole de algo con ese dedo meñique huesudo y largo que es muy elocuente al respecto (ver imagen que sigue). 

El libro es muy interesante, se lee rápidamente y dispone de referencias bibliográficas para quien desee informarse más al respecto. Es un verdadero aporte a la cultura peruana porque no abundan los libros de ese tipo en nuestro país.

Aportes como este permiten, además, corroborar la existencia de una rica veta de seres que pueblan el imaginario andino, junto con un fértil venero de historias, mitos y leyendas que se pueden encontrar en cada rincón de nuestro bello país.

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Nota: La foto del libro al inicio de esta reseña fue tomada por Marco Antonio Román Encinas.

 

viernes, 29 de julio de 2022

EL INFIERNO ESTÁ LLENO DE MEMORIA

 

Martínez Toledo, Charly

Lima: Kovack Editores, 2014

 

Este es un libro que vale la pena leer. Se compone de cuatro cuentos breves que no ocupan más de cuarenta páginas. Dos de ellos no tienen la tradicional división en párrafos, que siempre agradece el lector, pero a pesar de ello se pueden leer con fluidez.   

Los tres primeros cuentos son los que más sorprenden y agradan por el dominio del autor del arte del buen narrar. Se trata de un escritor con experiencia en las lides narrativas (lo cual pude confirmar gugleando su nombre) y que por momentos alcanza un vuelo poético en algunos pasajes de sus cuentos.

El autor gusta de la buena prosa y es lo que ofrece también en su libro. La mención a referentes culturales ocurre sin alardes, de manera casi espontánea, y sin ánimo de presumir de cultura. Tampoco tiene el tic de los narradores jóvenes de querer deslumbrar al lector con palabras rebuscadas y lenguaje artificiosamente alambicado.

Los dos cuentos que más me han gustado son «Confesión» y «Réquiem por una princesa». El primero de ellos no supera las tres páginas y genera interés, a pesar de que el tema (los problemas estomacales del narrador) es algo desagradable.

Es la historia de un hombre que no está del todo en sus cabales al que con mucha frecuencia le molesta el estómago, o cree que así ocurre, y por eso está constantemente metido en el baño.

Y aquel hombre quiere ser un escritor y escribir novelas voluminosas como las de Thomas Mann y ensayos como los de Ortega y Gasset, pero el estómago no lo deja pensar tranquilamente ni desarrollar una vida intelectual que le permita destacar.

Esa vida transida por revoluciones intestinales, sean reales o no, lo desalienta e incluso lo enfurece al punto de llevarlo a insultar a su hermana y a su madre, quienes le piden que se tome sus calmantes.

El narrador insiste en que aquello no es mental y que esas molestias en el estómago las siente realmente. Las situaciones descritas resultan verosímiles y no caen en lo estridente ni en lo morboso, como se puede observar en las siguientes líneas:

 

… He de tranquilizarme no más, todo está en mí. Pero cuando ya he acabado el plato de sopa (que nunca debe tener leche, o peor aún, algún aderezo picante) la molestia va en aumento y se empieza a formar en mi estómago esa masa asquerosa y putrefacta que patea. Una terrible lucha se libra en mi psique, como si allí habitara un demonio malvado, cruelmente travieso, que me hiciera fluctuar entre el dolor y el placer, entre un estómago agradecido por haber recibido alimentos y un estómago iracundo, inmediatamente listo para quedarse vacío… (2014: 11).

Por su parte, «Réquiem por una princesa» es la historia de Letea, una mujer atractiva de quien el narrador se enamora perdidamente, como lo indica en la siguiente cita:

 

… Lo más extraño del asunto fue que, a mis veintiocho años, fue mi primer amor. Vaya caso el mío. Y me tocó una belleza: cinturita de avispa, boquita de caramelo (ojo que mi amor besaba como las diosas) y un precioso cabello negro, ondeado, que caía en sus espaldas como cae la noche en el mar. Los ojitos, ni te cuento, parecían los de una tigresa, me volvían loco. En fin, un regalo del Altísimo. Un premio de Dios para tanta soledad y tanta dedicación a la literatura. Toda mi hosca juventud me la pasé escribiendo y leyendo como un poseso. «Con los libros nunca vas a hacer el amor», me decía mi santa madre. Tenía razón, ya me hacía falta una compañera, hermano… (2014: 21 y 22).

  Luego, el narrador querrá casarse con Letea, pero ellos tenían dos problemas: la edad (él tenía veintiocho años cuando la conoció y ella era doce años mayor) y un pasado distinto (ella tuvo antes una relación de siete años con otro hombre al que amaba todavía. Este le había prometido volver algún día de su viaje al extranjero y ella estaba esperanzada en ello).

El narrador era poco agraciado y estaba dispuesto a sacrificar su pasión por la lectura y la escritura, reducir las horas en que practicaba esas actividades o dejarlas a un lado, si era necesario, por el amor de Letea y trabajar por ella.

Y le cuenta su historia a Josué entre copas de cerveza. Le confiesa que ha sido el primer y único amor de su vida, y que hasta el día de hoy no la ha vuelto a llamar desde que se despidieron por decisión de ella.

Y, como se puede observar, se trata de un autor con personalidad, que vive muy metido en su mundo interior y que compone historias que trasudan su discurrir biográfico o se mezclan con su historia personal, según lo cuenta él mismo en una página preliminar que lleva el título de «A modo de aclaración»:

 

Estas cuatro historias constituyen la recreación ficticia de episodios dramáticos y desagradables de mi vida, estando los relatos aquí presentados muy relacionados con esta aunque sin excluir ese toque de ficción que debe poseer toda creación literaria pues, como dicen, el trabajo final lo hace el escritor que moldea el mundo real a su antojo, recreándolo en sus obras, agregando algunas cosas y quitando otras… (2014: 5).

Encontré a Charly Martínez vendiendo este libro suyo (y también de otros autores, por supuesto) en una vereda cercana al puente de Santa Anita en el 2018, antes de la pandemia. En aquél entonces no se me ocurrió pedirle que me firmara su libro porque no conocía aún a su autor y no sabía el valor de su contenido.

Además, ese impreso lo compré más por curiosidad, y porque me dijo que él lo había escrito, lo cual me sorprendió. Realmente valió la pena la compra; es la primera vez (rectifico, la segunda) que adquiero una obra literaria directamente de su autor, y me lo dejó a cuatro soles, una ganga.

Y como la vida te da a veces segundas oportunidades, en junio de este año, lo encontré otra vez vendiendo ese mismo título en Ate, por el paradero medio, en el cruce de prolongación Javier Prado con la Carretera Central, donde la interminable construcción del Metro 2 de Lima (que ha cerrado ese tramo de la vía) deja espacio para que algunos vendedores ofrezcan sus productos.

Y esta vez sí le pedí que me firmara su libro que tuve que comprar nuevamente (esta vez a cinco soles) para que lo pudiese hacer (ver la foto que sigue). Le dije que me habían gustado sus cuentos, y me comentó que iba publicar otro. En buena hora por ello.

Si desean saber más de este escritor peruano, pueden revisar la entrevista que le hizo Miguel Ildefonso en su columna Sublime Creatura de la página web Agenda Cix Arte y Cultura (ver: https://bit.ly/3vjGzb1) o leer el cuento «Confesión» (con algunas variaciones respecto a la versión del libro) en la sección Un Cuento Dominical del blog de El Comercio, del 17 de junio del 2014 (ver: https://bit.ly/3PZ0uEB).

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Nota: La foto del libro al inicio de esta reseña fue tomada por Marco Antonio Román Encinas.

 

Bibliografía

 

ILDEFONSO, Miguel. «Conversando con Charly al Este de Lima». En página web Agenda Cix Arte y Cultura, 17 de junio del 2014. Consultado el 28 de julio del 2022 en https://bit.ly/3vjGzb1

MARTÍNEZ TOLEDO, Charly. «Confesión». En blog del diario El Comercio, 17 de junio del 2014. Consultado el 28 de julio del 2022 en https://bit.ly/3PZ0uEB