Amaya, Luis Enrique
Lima: A&G Impresiones, 2.a ed., 2023
Este
es un libro maravilloso y conmovedor que me alegra mucho habérmelo encontrado
en las estanterías del Bibliometro de la Estación Central del Metropolitano, en
donde tuvieron la amabilidad de prestármelo para leerlo. Es un relato de
ficción inspirado en la vida de Armando Peña Figueroa, el en su tiempo famoso
payaso Cucharita.
En
la obra, el protagonista del que hablamos toma el nombre de Armando Roca, el
payaso Cucharita, que vino de El Salvador al Perú para encontrarse con su
destino. De niño, en su país natal, huyó a los 16 años acompañando a un circo.
Después se alejó de las carpas, trabajó en varios oficios para sobrevivir, uno
de ellos fue el de pintar santos apócrifos, o crearlos en arcilla, madera o
yeso, en el cementerio de Guatemala. Un día pintó un santo negro y como no
sabía de qué color eran sus palmas, las pintó también de negro (un santo que
más tarde reaparecería estando lejos de su país y que será un actor clave en
esta historia).
Un
hombre le sugirió un día añadir una delgada pincelada con una tonalidad más
clara en el obituario que escribía para un recién fallecido. Se conocieron y
aquel hombre pintor de carromatos de circo lo llevó a su circo.
Allí
conoció al Juanche Segoviano, quien le enseñó el arte de hacer reír y de
convertirse en un payaso con el alias de «Chicharrón». Cuando a Segoviano le toca
jubilarse, le cede su alias de «Cucharita» con el que viajó por diferentes
países de Centroamérica hasta llegar al Perú, en donde trabajó en el circo
Picolina, regentado por el payaso peruano «Cilantrito».
El
circo Picolina iba a los barrios urbanomarginales de Lima y allí ganaba más
dinero con el trueque. A través de ese mecanismo, recibía cestas con huevos de
pato, gallinas criollas, costales de yuca, etc., los cuales luego eran vendidos
en la ciudad con lo que quintuplicaban sus ganancias.
Un
día Cucharita se casó con Rosa Amanda Marimba con la que tendría un primer
hijo. Y a fines de mayo de 1970, Cilantrito hizo las gestiones para obtener un
permiso de instalación de su circo en la plaza central del pueblo de Yungay,
pero se lo denegaron, por lo que se asentaron en las afueras de la pequeña
ciudad.
Un
domingo 31 de mayo de 1970, en que era la inauguración del mundial México 70, y
se enfrentaban las selecciones de México con Rusia, ocurrió una tragedia, pero
también un milagro que no mencionaré para no destripar el libro. Solo añadiré que a partir de este momento se suceden una
serie de escenas conmovedoras, una de las cuales te arrancará una lágrima si
llegas hasta el final.
Seguramente,
el libro podrá ser mejor apreciado por el lector católico informado que
comprenderá mejor los hechos sobrenaturales y sorprendentes que se mencionan en
esta historia cuya lectura recomiendo fervorosamente.
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Nota: La imagen del libro fue tomada por Marco Antonio Román Encinas.
Bibliografía
Amaya, L. E. Cucharita. La santidad de la alegría. A&G
Impresiones.


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