domingo, 9 de marzo de 2014

LOS MICRORRELATOS, LA LECTURA Y LA CREATIVIDAD


Los microrrelatos ofrecen una oportunidad extraordinaria de despertar en los más reacios el deseo de leer y de, al mismo tiempo, estimular la imaginación. Su brevedad es el mejor argumento para lograr lo primero, y no representa obstáculo alguno para conseguir lo segundo, aunque para ello haya que recurrir a la pluma. Pasaré a demostrar lo sostenido.

A riesgo de ser desobedecido, voy a pedir que no lean el siguiente microrrelato humorístico, que es uno de los mejores que se han escrito, y lo he tomado del artículo «La extrema brevedad: microrrelatos de una y dos líneas», de David Lagmanovich (véase http://bit.ly/1oBsGsC):

Preocupación
—No se preocupe. Todo saldrá bien —dijo el Verdugo.
—Eso es lo que me preocupa —respondió el condenado a muerte.
  Orlando Enrique Van Bredam (Argentina)

Si no pudo cumplir con mi pedido inicial, no se aflija, lo único que ha ocurrido es que se ha confirmado mi primera afirmación.

Pasemos a demostrar, entonces, la segunda. Para ello, voy a recurrir al concepto de intertextualidad, tomado del Diccionario de teoría crítica y estudios culturales, de Michael Payne:

Término propuesto por Julia Kristeva […] para indicar la construcción de un TEXTO a partir de textos. […]
Gérard Genette [por su parte, ayuda a delimitar el término intertextualidad, señalando que se trata de] la presencia efectiva de un texto en otro a través de la cita, el plagio o la alusión… (2002: 406).     
La intertextualidad, además, es una característica de la novela y el cuento posmoderno, presente también en el microrrelato, que es la que se convertirá en el atizador de la imaginación. Esta estrategia la emplearon varios narradores con «El dinosaurio», de Augusto Monterroso, pero antes de verla es necesario reproducir el microrrelato en mención, sobre todo atendiendo a quienes no lo conozcan.

El dinosaurio
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
Augusto Monterroso

Esta obra del escritor guatemalteco ha suscitado una pequeña ola de creaciones de textos a partir de ese texto. En el estudio de Lagmanovich, citado líneas atrás, se recogen seis de esos microrrelatos signados por la intertextualidad. A continuación, los vamos a transcribir y enumerar:

(1)   La culta dama
Le pregunté a la culta dama si conocía el cuento de Augusto Monterroso titulado «El dinosaurio».
—Ah, es una delicia —me respondió—, ya estoy leyéndolo.
José de la Colina (México)

(2)   Cien
Al despertar, Augusto Monterroso se había convertido en un dinosaurio. «Te noto mala cara», le dijo Gregorio Samsa, que también estaba en la cocina.
José María Merino (España)

(3)   Otro dinosaurio
Cuando el dinosaurio despertó, los dioses todavía estaban allí, inventando a la carrera el resto del mundo.
Eduardo Berti (Argentina)

(4)   El dinosaurio
Cuando despertó, suspiró aliviado: el dinosaurio ya no estaba allí.
Pablo Urbanyi (Argentina-Canadá)

(5)   El corrector
Cuando enmendó, la herrata todavía estaba allí.
Jaime Muñoz Vargas (México)

(6)   El descarado
Cuando plagió, el copyright todavía estaba allí.
Jaime Muñoz Vargas (México)

Con lo visto hasta aquí, queda demostrada mi segunda afirmación: qué mayor prueba acerca del combustible que representa el microrrelato para la imaginación que estos seis, nacidos bajo su inspiración. De los dos últimos (el 5 y el 6), se puede añadir incluso que forman parte del libro Monterrosaurio, en donde se pueden encontrar muchos más cuentos que aluden al de Monterroso, y en donde el autor incluso anima a sus lectores a crear los suyos empleando la fórmula: «Cuando _______, el _______ todavía estaba allí».

Y como no he visto ningún microrrelato de un escritor peruano en diálogo intertextual con «El dinosaurio» (tal vez lo haya, pero en todo caso no lo conozco ni lo menciona Lagmanovich), me he animado a escribir el mío. Aquí les va.

(7)   La clase
—… ¿En verdad, nadie ha leído el cuento «El dinosaurio», de Monterroso? —preguntó el profesor a sus alumnos.
—No —contestaron estos en coro.
—Entonces, para mañana, quiero que todos lo lean y se lo aprendan de memoria.
—¡No sea malo, pe profe…! —se escucharon algunas voces de queja.
El único que estaba contento era Rigoberto, quien sí lo había leído, pero no lo llegó a decir, cuando el profesor hizo la pregunta, porque no le gustaba llamar la atención.
Marco Antonio Román Encinas (Perú)



___________________
Nota: La imagen, al inicio de esta entrada, se obtuvo de la siguiente dirección electrónica:  http://bit.ly/1oBzDKk



Bibliografía

LAGMANOVICH, David. «La extrema brevedad: microrrelatos de una y dos líneas». Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid, 2006. Consultado el 9 de febrero de 2014 en http://bit.ly/1oBsGsC

LÓPEZ GÁNDARA, Angélica. «El dinosaurio ya no estaba allí». Blog Ruta Norte Laguna. México, 23 de abril del 2008. Consultado el 08 de marzo de 2014 en http://bit.ly/1ga5dOv

NADIA, Contreras. «Libro para leerse en todas las posiciones. Breve comentario al libro más reciente de Jaime Muñoz Vargas». Blog Ruta Norte Laguna. México, 1 de abril del 2008. Consultado el 08 de marzo de 2014 en http://bit.ly/1n7hs3C

PAYNE, Michael (comp.). Diccionario de teoría, crítica y estudios culturales. Buenos Aires, Argentina: Editorial Paidós, 2002.

miércoles, 19 de febrero de 2014

CÓMO LEÍA EDGAR ALLAN POE


En su libro Marginalia, Edgar Allan Poe explica su inclinación por hacer anotaciones en los libros que leía. El escritor da a conocer ello en las siguientes líneas:

Al adquirir libros he procurado siempre que tuvieran amplios márgenes, no tanto por amor a los bellos volúmenes como por la facilidad que ofrecen para anotar allí los pensamientos que sugieren, coincidencias y desacuerdos de opinión o breves comentarios críticos en general. Si lo que debo anotar excede de los estrechos límites de un margen, lo escribo en una tira de papel que coloco entre las páginas, cuidando de fijarla con ayuda de una mínima cantidad de goma. (2004: 118).

Pero Poe era mucho más que un mero precursor del pósit (del inglés Post-it, marca registrada, según el Diccionario, de la Real Academia Española: http://lema.rae.es/drae/?val=posit). El creador de El cuervo señalaba, además, que dicha actividad le proporcionaba «placer», y la definía del siguiente modo:

Las anotaciones puramente marginales, que no apuntan a la libreta de memorándums, tienen carácter propio, y su claro propósito consiste en no tener propósito alguno; es esto lo que les da valor. Su puesto se encuentra algo más arriba de los comentarios casuales y desordenados de las charlas literarias, pues éstas no pasan con frecuencia de «charlas por la charla misma», que brotan irreflexivamente de la boca. La marginalia, en cambio, nace de apuntaciones deliberadas, porque la mente del lector desea descargarse de un pensamiento, por más petulante, tonto o trivial que sea; de un pensamiento, sí, y no meramente de algo que hubiera podido llegar a ser un pensamiento con el tiempo y bajo circunstancias más favorables. En la marginalia, además, nos hablamos a nosotros mismos, y, por tanto, lo hacemos con soltura, con audacia, con originalidad, con abandonnément, sin afectación… (2004: 119).

No obstante, Julio Cortázar, el traductor de la obra, advierte que el libro de Poe no está compuesto exclusivamente de anotaciones al margen:

Esta colección de fragmentos y opiniones tiene un triple origen. Proviene en parte, como lo dice el autor, de anotaciones al margen de sus libros; otros pasajes han sido desglosados de reseñas y ensayos propios; otros, finalmente, son rápidos apuntes nacidos de una frase o un verso que habían llamado la atención de Poe, y que esperaban turno para incorporarse a algún trabajo extenso. (2004: 167).

Para Cortázar, además, no todo lo recopilado en Marginalia es valioso; no obstante, hay en ella, señala el escritor argentino, citando a Shanks, «un apreciable número de fragmentos de primera fuerza, donde Poe se revela en toda su agudeza y su sensibilidad». (2004: 167).

Una muestra de ello es la que ofrecemos a continuación:

XVII
En el cuento propiamente dicho —donde no hay espacio para desarrollar caracteres o para una gran profusión y variedad incidental—, la mera construcción se requiere mucho más imperiosamente que en la novela. En esta última, una trama defectuosa puede escapar a la observación, cosa que jamás ocurrirá en un cuento. Empero, la mayoría de nuestros cuentistas desdeñan la distinción. Parecen empezar sus relatos sin saber cómo van a terminar; y, por lo general, sus finales —como otros tantos gobiernos de Trínculo—, parecen haber olvidado sus comienzos. (2004: 130).

Una reflexión final: sería interesante que se pudiera investigar cuánto sirvieron estas anotaciones al margen a Edgar Allan Poe para afinar su capacidad de observación, desarrollar su inteligencia lingüística y convertirlo en uno de los mejores escritores de la literatura universal.

___________________
Nota: La caricatura de Edgar Allan Poe, de Julio Ibarra, al inicio de esta entrada, se obtuvo de la siguiente dirección electrónica: http://julioibarracaricaturas.blogspot.com/2010/03/el-cuervo_28.html#comment-form


Bibliografía

ALLAN POE, Edgar. Marginalia. Obras completas. Tomo II. España: RBA Coleccionables, 2004.

jueves, 23 de enero de 2014

ALGUNAS RECOMENDACIONES PARA QUE LOS MÁS PEQUEÑOS LEAN


En el libro Inteligencias múltiples: cómo estimularlas y desarrollarlas, de Celso Antunes, se explica la importancia del uso de la fonética en los más pequeños cuando se les va a enseñar a leer:

... un grupo de científicos del Centro de Aprendizaje y de la Atención de la Universidad de Yale (Estados Unidos) identificó las zonas que el cerebro utiliza en la lectura, observando el flujo de sangre que llega a las neuronas cuando captan señales sonoras y reconocen la palabra: «Las células se encienden como luces del flipper», declara la Dra. Sally Shaywitz. Esos estudios que, en cierto modo, confirman otros desarrollados en Bethesda, Maryland, revelan que los niños necesitan escuchar los sonidos de la lengua y las relaciones entre éstos (sic) y las letras que los simbolizan —la Fonética— para aprender a leer. Esa competencia puede ser innata en algunos niños, pero en la mayoría necesita ser enseñada. Descubrimientos como este traducen un consejo muy interesante para los alfabetizadores: No despreciar el uso de la Fonética, sustituyéndolo por programas de alfabetización global que prometen enseñar a los niños a leer sumergiéndolos directamente en la lectura». (2005: 39 y 40).

Antunes señala también algo que puede ser útil tanto a los profesores como a los padres de familia:

Millones de niños leen mal o no comprenden plenamente lo que leen porque la Fonética fue despreciada por algunos programas de alfabetización. De ese modo, la alfabetización fonética representa el centro estructural de la inteligencia lingüística (o verbal), indiscutiblemente la de más prestigio en nuestra cultura. (2005: 40).

El pedagogo brasileño ofrece más adelante algunas recomendaciones para estimular la inteligencia verbal en los niños, a fin de que esta propicie un adecuado desarrollo de sus competencias lectoras:

El estímulo de la inteligencia verbal es notorio en ambientes que hacen gran uso de las palabras y que se relacionan con múltiples conversaciones. Un niño que crece en una casa o en una guardería muy silenciosa, probablemente tendrá limitaciones de expresión verbal mucho más evidentes que los niños que se desarrollan en hogares con muchos hijos y que por tanto están en contacto con estimulantes ocasiones «parlantes». De esta observación se concluye que un modo de estimular al niño consiste en hablar bastante con él, pero no como quien presenta un recetario de actitudes deseables sino como quien se convierte en un interlocutor para recoger sus impresiones, estimulando con la escucha atenta la expresión de sus opiniones. Incluso cuando éstas se distancian de lo real e invaden el ámbito de la espacialidad, es esencial que el niño opine, cante, invente y, sobre todo, disponga de oyentes estimulantes, dispuestos a «arrancarle» declaraciones. Un experimento simple, pero de resultados expresivos, consiste en pedir al niño de seis a siete años que describa a alguien ausente cómo está colocada la mesa, cómo se puso un jarrón de flores, de qué forma se distribuyeron los cuadros por la pared. Esa tarea se completa cuando la persona que oye esas descripciones intenta cotejar las imágenes recibidas con las reales. (2005: 42).

El autor también recomienda que el niño escriba:

... es igualmente importante que el niño escriba. Además, nunca es demasiado pronto para que se habitúe a la compañía de un diario, en el que relate sus observaciones, sus impresiones y sus puntos de vista. Un «concurso» entre los diarios mejor redactados por los alumnos del segundo ciclo demostró ser un estimulante principio de inmersión de los alumnos en el descubrimiento del sentido de las palabras y, sobre todo, en la diferenciación entre palabras que parecían expresar la misma idea. (2005: 42).

Por último, Antunes refiere otro experimento científico que avala sus asertos:

El investigador Peter W. Jusczyc, de la Universidad John Hopkins, concluyó de sus experiencias que niños muy pequeños escuchan e incluso «graban» palabras, aprendiendo sus ritmos y sonidos. Durante diez días, bebés de ocho meses estuvieron oyendo relatos infantiles; quince días después fueron colocados entre dos altavoces que emitían palabras existentes o no en los relatos que habían escuchado. Jusczyc notó que los bebés prestaban más atención a las palabras que ya habían escuchado en los relatos que a las que desconocían, al contrario de un grupo de bebés que no habían escuchado los relatos y, por tanto, no mostraban mayor interés por una u otra palabra. Los resultados indican que, a partir de los ocho meses, los niños comienzan a grabar en la memoria palabras que surgen con frecuencia en el lenguaje, y que esas palabras son fundamentales para el aprendizaje del habla. Los investigadores sugieren que contar relatos a niños, desde la primera infancia, constituye una práctica excelente para que puedan ampliar sus inteligencias lingüísticas. (2005: 43).

Y si no conoces un cuento de memoria o no lo recuerdas (lo que resulta difícil que ocurra, pero puede suceder), busca un libro adecuado a su edad para leérselo. La lectura, o relectura, de un libro que sea del agrado del niño se puede convertir también en una oportunidad para entablar un diálogo, como lo veremos en la siguiente transcripción que hizo, como «parte de su trabajo de graduada en la Universidad de Indiana», «Marcia Baghban, la autora de Nuestra hija aprende a leer y escribir», del «tipo de lectura que estaba haciendo Gita [su hija] a los dos años»:

MAMÁ: ¿Qué pasa con tu libro acerca de Winnie-the-Pooh? ¿Piensas que puedes leerlo tú solita?
GITA: No, mami. Tú. Tú.
MAMÁ: Está bien. Probemos con este libro. ¿De quién habla este libro?
GITA: Winnie Pooh.
MAMÁ: Correcto. (Lee) Winnie-the-Pooh vive en una casa en el bosque. Aquí está el Oso Pooh…
GITA: Oso Pooh.
MAMÁ: … con su amigo Cristóbal Petirrojo. Están leyendo un cuento divertido.
GITA: Cuento.
MAMÁ: Um hum. (Leyendo) El tímido marranito le tiene miedo a su propia sombra. No hay nada que le guste más a Pooh que comer miel con el marranito. (A Gita) ¿Dónde está la miel?
GITA: (Señala el tarro de la miel) Miel.
MAMÁ: ¿Quién es éste?
GITA: Tigre.
MAMÁ: Correcto. (Leyendo) Tigre es el amigo fanfarrón de Pooh. Y lechuza es el amigo sabio de Pooh. Le explica las cosas a Pooh.
GITA: I-or. I-or.
MAMÁ: Correcto. (Leyendo) Aior es un amigo triste. (A Gita) Es un burro, ¿ves?
GITA: Burro.
MAMÁ: (Leyendo) Ahora Aior es feliz. Está contento al ver a Winnie-the-Pooh. Winnie-the-Pooh está feliz al ver a Aior.
GITA: Winnie Pooh feliz. Susie feliz. Lassie feliz. Mami feliz. Baba feliz. (Kropp 2002: 83 y 84).

Sobre esta tierna escena, Kropp señalará:

Al observar cuidadosamente esta conversación, puede ver cómo el libro favorito provoca todo el diálogo. Gita está respondiendo a un cuento y a personajes que ya conoce. A veces está prediciendo la siguiente ilustración o sección del libro. A veces repite las palabras de su madre. A veces está usando el modelo del relato para comprender su propio mundo y expresar su propia experiencia. (2002: 84).

Y sobre la lectura misma, Kropp hará el siguiente oportuno comentario:

Es nuestro interés y atención lo que hace que la lectura sea una experiencia tan maravillosa para los niños pequeños. Si usted cuenta las palabras en la lectura de Marcia Baghban a su hija, descubrirá que sólo la mitad de lo que se dice es verdadera lectura. La otra mitad es explicación, preguntas, identificación y exploración. Estas no son simplemente actividades que van junto con la lectura, son parte de la lectura. Si usted emplea demasiado tiempo en el texto e ignora el resto, entonces el proceso de leer será árido y sin vida. La hora de la lectura siempre debe estar llena de conversación y juego, aunque esto tenga poca conexión evidente con el relato. (2002: 85).

___________________
Nota: La imagen que aparece en la parte superior de esta entrada se obtuvo en la siguiente dirección electrónica: http://learn-how-to-be-happy.com/wp-content/uploads/2011/10/winnie_the_pooh-04.jpg



Bibliografía

ANTUNES, Celso. Inteligencias múltiples: como estimularlas y desarrollarlas. Lima: Orbis Ventures, 2005.

KROPP, Paul. Cómo fomentar la lectura en los niños. México: Selector, 2002.

viernes, 13 de diciembre de 2013

PARAFRASEANDO A LOS GIGANTES: CUARTA ENTREGA


Esta es la cuarta entrega en que parafraseo una serie de pensamientos, aforismos, apotegmas, máximas, proverbios, refranes, etc., para convertirlos y acercarlos a los temas del libro y la lectura. Como ya lo señalé antes, se inició con la entrada del 16 de marzo (ver: http://elartedeleermromane.blogspot.com/2013/03/una-forma-entretenida-de-ejercitar-la.html).

La lista, como en las tres entregas anteriores, muestra en primer término la frase parafraseada y luego la frase sin parafrasear (FSP) junto con el nombre de su autor (cuando no es anónima), todas creadas en el 2013 y dadas a conocer por primera vez en mi cuenta de Twitter: @El_arte_de_leer.

Parafraseando un proverbio ghanés: «Quien no sabe leer dice que los libros no valen nada».
FSP: «Quien no sabe bailar dice que los tambores no valen nada».
Proverbio ghanés

Parafraseando a Kundera: «Leer significa renunciar a la fuerza».
FSP: «Amar significa renunciar a la fuerza».
Milan Kundera

Parafraseando a Boileau: «Antes que escribir, aprended a leer».
FSP: «Antes de escribir, aprended a pensar».
Nicolás Boileau

Parafraseando a Horace Mann: «Un ser no está completo hasta que no lee».
FSP: «Un ser no está completo hasta que se educa».
Horace Mann

Parafraseando a Platón: «El objetivo de la lectura debe ser la virtud y el deseo de convertirse en un buen ciudadano».
FSP: «El objetivo de la educación es la virtud y el deseo de convertirse en un buen ciudadano».
Platón

Parafraseando a John Cage: «El arte de leer no es algo que haga una sola persona, sino un proceso puesto en movimiento por muchos».
FSP: «El arte no es algo que haga una sola persona, sino un proceso puesto en movimiento por muchos».
John Cage

Parafraseando a Arturo Graf: «El que en el arte de leer ha llegado a maestro puede prescindir de las reglas».
FSP: «El que en un arte ha llegado a maestro puede prescindir de las reglas».
Arturo Graf

Parafraseando a Víctor Hugo: «Un poeta es un mundo encerrado en un libro».
FSP: «Un poeta es un mundo encerrado en un hombre».
Víctor Hugo

Parafraseando a Heidegger: «Solo hay mundo donde hay libros».
FSP: «Solo hay mundo donde hay lenguaje».
Martín Heidegger

Parafraseando a Tchaikovski: «En verdad, si no fuera por los libros, habría más razones para volverse loco».
FSP: «En verdad, si no fuera por la música, habría más razones para volverse loco».
Piotr Ilich Tchaikovski



___________________
Nota: La ilustración «Buscando la imaginación en los libros», de Chen Wei, al inicio de esta entrada, fue tomada de la siguiente dirección electrónica:
http://bibliolectors.tumblr.com/page/38

viernes, 29 de noviembre de 2013

EL ANHELO DE TODO ESCRITOR


Todo escritor anhela ser leído y que el lector disfrute de su obra. Sin embargo, no todos los que pertenecen a ese mundo han conocida esa forma de felicidad reservada especialmente a los literatos, o simplemente no han saboreado ello desde el inicio de su carrera.

Las dos anécdotas que voy a citar en esta entrada están relacionadas con lo antedicho. Han sido tomadas del libro De cuando Vargas Llosa noqueó a Gabo y otras 299 anécdotas literarias, de Luis Fernández Zaurín, y muestran las dos caras de la moneda: el anverso y el reverso; pero como este blog busca siempre ver el lado amable de las cosas, dejaré para el cierre el final feliz.

El reverso: Sabemos que Santiago Roncagliolo es un narrador exitoso (ganó el premio Alfaguara en el 2006 con Abril rojo); no obstante ello, antes de lograr el reconocimiento de la crítica, le ocurrió lo que transcribo a continuación (Fernández recoge el testimonio directamente del protagonista): «Antes de ganar el premio Alfaguara me invitaban igual a firmar libros en ferias como la de Madrid. Cuando a uno no le conoce nadie, lo peor de todo es que la gente ni te mire. Una tarde estaba en la caseta de la editorial, junto a Julia Navarro, autora de varios libros de éxito como La hermandad de la sábana santa que, además, firmaba ejemplares a buen ritmo. De todos modos, para mí, estar en la caseta era como tener un despacho: venían mis amigos a verme, hablaba con la gente…

»Una tarde una mujer se acercó a mí para que le cobrara un libro que, evidentemente, era de Julia Navarro, un ejemplar de su best-seller. Fue horrible tener que decirle que yo no cobraba libros, que me encontraba allí firmando el mío». (2009: 165).

Que estés triste porque te enteras que no te leen en Madrid ya es un inconveniente grande para alguien que aspira dedicarse a escribir en España, pero que encima te ubiquen al lado de una autora exitosa que sí vende sus libros, y que para colmo pretendan que cobres los que le compran a ella como si fueras un empleado más, eso rebasa los límites de la imaginación del mejor humorista. A veces la realidad no necesita ser trabajada ni aumentada para sorprendernos o hacernos sonreír, sino simplemente ser mostrada tal cual.

El anverso: La otra anécdota hace realidad lo que es el anhelo de todo escritor (enunciado en la primera línea de este envío). No requiere ser comentado, así que me limito a reproducirla completa porque me encantó: «La librería Foyles de Londres es una de las más antiguas de la ciudad. Se trata de un centenario establecimiento conocido, especialmente a comienzos del siglo pasado, por las recomendaciones de autores que hacían sus empleados. Corría el mes de septiembre de 1922 cuando entró a la librería un hombre elegante, con porte señorial, solicitando que le aconsejaran un buen libro para leer ya que tenía que realizar un viaje en tren. Una de las dependientas, muy amable, insistió en que adquiriese el libro La saga, una excelente  novela del dramaturgo y novelista John Galsworthy (Kingston, 1867-Londres, 1933), quién [sic] en 1932 ganaría el Premio Nobel de Literatura. Le explicó que se trataba de un magnífico fresco de tres generaciones de una vasta familia inglesa de clase media a finales del siglo XIX.

»—No se arrepentirá —dijo la mujer cuando el hombre hubo pagado el libro—. Lo he leído, y me ha causado una gran satisfacción.

»El hombre salió de la librería y unos minutos [después] volvió a entrar y le entregó el libro a la dependienta que se lo había vendido. En la solapa del libro se podía leer:

»“A la señorita que leyó con tanto placer mi obra. John Galsworthy”». (Fernández 2009: 179).


___________________
Nota: La foto de John Galsworthy, al inicio de esta entrada, fue tomada de la siguiente dirección electrónica: http://en.wikipedia.org/wiki/File:John_Galsworthy_2.jpg



Bibliografía

FERNÁNDEZ ZAURÍN, Luis. De cuando Vargas Llosa noqueó a Gabo y otras 299 anécdotas literarias. Barcelona, España: Styria de Ediciones y Publicaciones, 2009.

lunes, 7 de octubre de 2013

DEFINICIONES DEL LIBRO


Adaptando la mecánica del juego de roles (que consiste en interpretar el papel de un personaje imaginario) a la escritura y confinándola al tema de este espacio virtual, se me ocurrió proponer la definición del libro desde la perspectiva de las diferentes profesiones que existen (no están todas, por cierto), a fin desarrollar o poner en práctica la capacidad de empatía, tan necesaria en estos tiempos, y tan útil para la comprensión de textos como pasaré a demostrar.

Para Victoria Cardona, por ejemplo, la empatía «es una habilidad que nos ayuda a leer emocionalmente al más próximo» (ver: http://www.vidadefamilia.org/pagina.php?id=45). Yo añadiría a ello que también nos ayuda a leer emocionalmente al autor de un libro que, al fin y al cabo, también es una persona de carne y hueso. Además, ya la ciencia ha demostrado que la lectura de las obras de ficción ayuda a desarrollar la empatía (ver: http://www.tendencias21.net/La-literatura-de-ficcion-incrementa-rapidamente-la-empatia_a24878.html); entonces, por qué no puede suceder lo contrario, digo yo, si está demostrado igualmente que mientras más lees (sobre todo empleando estrategias metacognitivas) mejor lees (Pinzás 2001: 41 y 2006: 8).

Si promoviendo la lectura (de ficción) desarrollamos la empatía y desarrollando la empatía leemos mejor, es de esperarse que leyendo más de continuo (esto es, adquiriendo una mayor educación y cultura) también podamos promover la paz. Esta postura está avalada no solo por el artículo X  de la «Carta del libro» («“Las guerras germinan en el espíritu de los hombres —declara el Acta de Constitución de la UNESCO— y es en el espíritu de los hombres donde deben ser erigidas las defensas de la paz”. Los libros representan una de las principales defensas de la paz, en razón del papel considerable que juegan en la creación de un clima intelectual de amistad y de comprensión mutua» [Barker y Escarpit 1974: 225]), del que ya hablé en una entrada del 13 de enero del 2012, sino también por la intuición, genial por cierto, de dos grandes personajes de la historia.

El primero de ellos es Gandhi a quien cita Cardona: «Las tres cuartas partes de las miserias y malos entendidos en el mundo acabarían si las personas se pusieran en los zapatos de sus adversarios [esto es, si fueran empáticos] y entendieran su punto de vista». (Ibíd.).

El segundo es María Montessori, quien es citada por Pla, Cano y Lorenzo: «La nueva educación [que no se puede concebir desligada de la lectura] es una revolución. Una revolución no violenta: si triunfa, las revoluciones violentas se volverán imposibles». (2001: 92).

Volviendo a nuestro asunto, algunas definiciones sobre el libro que ofreceré a continuación son más logradas que otras seguramente, y, tal vez, no pocas susciten incredulidad o desacuerdo. La idea en este caso no es incordiar, incomodar o entrar en desacuerdo con nadie sobre ello, sino únicamente incorporar la parte lúdica como ejercicio útil para los que busquen mejorar sus destrezas lectoras. Las líneas que siguen muestran el resultado de esa labor.

El poeta —El libro es el pensamiento empastado; es la flor y nata del jardín de las ideas.
El educador —El libro es, tal vez, el único recurso didáctico autosuficiente.
El psicólogo —El libro es la necesidad de hurgar en los recintos de la mente para plasmar ese recorrido.
El lingüista —El libro es el registro y la consagración del habla culta en la historia.
El corrector de textos —El  libro es una colección de gazapos no siempre fácilmente detectables.
El administrador de empresas —El libro es una nueva posibilidad de ingresos y la mejor oportunidad para crear capital humano.
El economista —El libro es una oferta seria de ilustración ante una demanda social de saberes.
El empresario —El libro es con frecuencia un producto comercial de baja rentabilidad económica, pero con amplios beneficios cognitivos.
El matemático —El libro es una suma de capítulos y una resta de ambigüedades, y hace posible la multiplicación de las ideas y la división del conocimiento dentro de las ciencias y las humanidades.
El arqueólogo —El libro es un vestigio sistematizado de un orden mental.
El antropólogo —El libro es la piedra angular de la cultura.
El químico —El libro es una suma de ingredientes debidamente combinados para producir la alquimia de la fantasía y la imaginación.
El bibliotecario —El libro es un servicio inspirado en el bien común.
El pacifista —El libro es el más grande invento contra la violencia y las guerras.
El historiador —El libro es un momento del vértice en el que confluyen el tiempo y el espacio.
El filósofo —El libro es una probable respuesta a una duda o pregunta razonable.
El periodista —El libro es una noticia argumentada, narrada o cantada y, por lo general, desfasada.
El médico —El libro es la medicina más oportuna para la enfermedad del alma.
El biólogo —El libro es el único organismo muerto que, por lo común, encierra un pensamiento vivo.
Sócrates —El libro es el argumento más contundente para demostrar que nada sabemos.

Los invito ejercitarse en esta actividad proponiendo definir otros términos, o asumiendo roles diferentes o incluso históricos (esto último, sin embargo, requeriría de un estudio más detenido del personaje). Estoy seguro que si nunca lo han hecho antes, no les será tan fácil salirse de su mundo personal y adoptar un rol distinto al suyo.



___________________
 Nota: La imagen de la escultura Marcia leyendo en el parque (homenaje a Charles Schulz), de Tívoli Too en San Pablo, Minnesota, EE.UU., al inicio de este envío, fue tomada de la siguiente dirección electrónica: http://bibliolectors.tumblr.com/post/32407020110/marcy-reading-in-the-park-marcia-leyendo-en-el



Bibliografía

BARKER, Ronald E.; y ESCARPIT, Robert. El deseo de leer. Barcelona: Ediciones Península, 1974.
BUSINESS COACHING FIRM. «6 tips para incrementar tu empatía». BFC México. Consulta: 04.10.2013. <http://bcfmexico.com/blog/2013/04/01/6-tips-para-incrementar-tu-empatia/>

CARDONA, Victoria. «Empatía I». En Vida de familia. España. 2012. Consulta: 04.10.2013. <http://www.vidadefamilia.org/pagina.php?id=45>

PINZÁS, Juana. Se aprende a leer leyendo. Ejercicios de comprensión de lectura para los docentes y sus estudiantes. Lima: Tarea, 2001.

____________ Guía de estrategias metacognitivas para desarrollar la comprensión lectora. Lima: Ministerio de Educación, 2006.

PLA MOLINS, María; CANO GARCÍA, Elena; y LORENZO RAMÍREZ, Nuria. «María Montessori: el Método de la Pedagogía Científica». En TRILLA BERNET, Jaume. El legado pedagógico del siglo XX para la escuela del siglo XXI. Barcelona: Editorial Graó, 2001.

TENDENCIAS21.NET. «La literatura de ficción incrementa rápidamente la empatía». Tendencias 21. 04.10.2013. Consulta: 04.10.2013. <http://www.tendencias21.net/La-literatura-de-ficcion-incrementa-rapidamente-la-empatia_a24878.html>