martes, 30 de septiembre de 2014

LOS BENEFICIOS SOCIALES DE LA LECTURA DE UN BUEN LIBRO


En su libro Vida en las aulas, Emilio Barrantes cuenta una interesante experiencia relacionada con la lectura y la formación de pequeñas bibliotecas. Lo resaltable de la anécdota es que todo lo que narra el ilustre educador peruano se desencadena a partir de la lectura en una clase de secundaria de un solo libro.

La explosión de iniciativas que le suceden tiene una onda expansiva de beneficios sociales que deja su rastro más notorio en la formación de modestas bibliotecas en las aulas a cargo de Barrantes. Pero mejor dejemos que él mismo nos lo cuente:

No hay educación sin libros, si hemos de apreciarla en su justa amplitud y dentro del ambiente cultural que le es propio. ¿Pero qué hacer si no hay bibliotecas en el colegio o si la que existe es tan pequeña que no puede satisfacer la demanda de un excesivo número de alumnos ni las exigencias de la  nueva Pedagogía? La respuesta es sencilla. En el primer caso, crearla; en el segundo, ampliar la que existe.

Un día llevé el libro Cazadores de microbios de Paul de Kruif al Colegio, para leer algunas páginas en clase. Gustó tanto que fue preciso dedicarle una hora más, pero las solicitaciones continuaron con la misma insistencia. Sin embargo, por interesante que fuera el asunto, no podíamos entregarnos a él durante más tiempo. No era posible, tampoco, que cada alumno adquiriese un ejemplar. Se me ocurrió, entonces, que aquello que era impracticable por cada uno en particular, podía lograrse por el esfuerzo común. Así se hizo. El precio total del volumen fue cubierto por los alumnos de la sección respectiva y cada uno de sus miembros pudo leerlo a su tiempo, según el orden establecido. Pero, ¿por qué no hacer lo mismo con otros libros? El ensayo había tenido tan buen éxito, que nos estimulaba para seguir adelante, El procedimiento se puso en marcha y los jóvenes tuvieron la oportunidad de leer a sus anchas algunas obras elegidas para el caso, ya sea en virtud del interés o la utilidad del asunto, ya por su calidad literaria. Poco a poco se fue formando una minúscula biblioteca. En lo sucesivo, sólo había que canalizar ese esfuerzo y establecer una organización adecuada.

El entusiasmo de los alumnos por una obra que había surgido espontáneamente y que servía para satisfacer una necesidad común, se manifestó en las sesiones convocadas al efecto. En ellas tuvieron la oportunidad de hablar sin trabas sobre algo que era de su interés y de participar en una empresa que requería atención, esfuerzo, apoyo mutuo y constancia. Se cambiaron opiniones y se adoptó la decisión de constituir un comité pro-biblioteca, integrado por un presidente, un tesorero y un secretario. Al mismo tiempo se elegirían bibliotecarios en número suficiente para atender las demandas de los lectores. Cada alumno se comprometió a entregar diez centavos a la semana para la adquisición de libros, y aunque la cuota era muy modesta, confieso que me preocupó este punto más de una vez. Para unos podía carecer de importancia; para otros, en cambio, quizá sí constituía un sacrificio.

Llevé la iniciativa a otras secciones. Prendió de inmediato en una, como la planta en tierra fecunda, y hubo que insistir allí donde no había un ambiente adecuado.

[…]

En una [sección]… se sintió la necesidad de establecer pautas para la organización y el funcionamiento de la biblioteca, pues había desorientación en más de un punto y el desorden era evidente. Elaboramos en clase un reglamento que adoptaron las otras secciones, previa su revisión atenta en cada caso, lo que llevó a agregar, modificar o suprimir todo lo que se consideró necesario […].

La Sección 2° C fue la primera que inauguró su biblioteca en un acto sencillo y conmovedor. Habló el presidente del Comité y lo hicieron también los presidentes de los comités de las otras secciones que fueron invitados a la ceremonia. Breve tiempo después, el Tesorero presentó el balance, lo cual fue muy educativo. Un alumno, Alcántara, obsequió nueve soles para que se adquiriese un libro que interesaba a todos, pero cuyo precio les parecía excesivo. La obra estaba en marcha y había motivos suficientes para estar satisfechos (1975: 115-117).

Uno de los detalles más resaltantes de esta sorprendente y fructífera experiencia está relacionado con los encomiables gestos de solidaridad y desprendimiento de parte de los estudiantes:

[…] Fue muy halagador ver a los bibliotecarios que se dedicaban a reparar los daños que habían sufrido los libros y a forrarlos con papel azul, atenta y silenciosamente, mientras todos nos dedicábamos a una labor u otra. Un alumno que había perdido el libro que se le dio en préstamo, compró uno igual y obsequió uno más. El estímulo  fue prendiendo en muchos […], el ambiente mejoró por completo y la obra continuó triunfante hasta el fin del año escolar.

Los casos de altruismo, tanto en esta sección como en las otras, fueron numerosos, desde el momento en que la recepción pasiva de conocimientos fue reemplazada por la actividad, y la labor individual por el trabajo solidario. Un alumno, Jiménez, ofreció hacer un estante para la biblioteca, si se le proporcionaba la madera; otro, Medrano, obsequió seiscientos formularios impresos y un sello para la petición de libros y el control respectivo, y no faltó quien prometiera prestar, a sus compañeros de estudios, los libros de su propia biblioteca, por intermedio del organismo que se había formado en su sala (1975: 117 y 118).

Para quienes hayan sentido curiosidad y no conozcan el libro de Paul de Kruif, o quieran emular la labor pedagógica de Emilio Barrantes adaptándola a nuestros tiempos, aquí les dejo el enlace de Los cazadores de microbios (http://goo.gl/1Azr3h).

Si sientes que esta entrada te ha sido útil o provechosa, compártela con tus seres queridos.


___________________
Nota: La imagen de Emilio Barrantes, al inicio de esta entrada, se obtuvo de la siguiente dirección electrónica: http://educacion.unmsm.edu.pe/galeria_decanos.html   



Bibliografía

BARRANTES, Emilio. Vida en las aulas. Lima: Villanueva, Editor, 1975.
DE KRUIF, Paul. Cazadores de microbios. Santiago de Chile: Ediciones Nueva Fénix, s/f. Consultado el 30 de junio de 2014 en http://goo.gl/1Azr3h

No hay comentarios: