jueves, 14 de febrero de 2013

LECTORES MONOCRÓNICOS Y LECTORES POLICRÓNICOS



En el libro Cómo se hace una tesis, de Umberto Eco, encontramos la definición de individuos monocrónicos e individuos policrónicos. Como el escritor propone ambos términos en función de un modo determinado de ejercer la lectura, es válido hablar de lectores monocrónicos y lectores policrónicos.
Esto es lo que señala el semiólogo italiano al respecto: «Hay individuos monocrónicos e individuos policrónicos. Los monocrónicos solamente trabajan bien cuando empiezan y acaban una sola cosa  a la vez. No pueden leer escuchando música ni pueden interrumpir la lectura de una novela para pasar a otra, pues pierden el hilo; y en los casos límites, no pueden contestar a las preguntas formuladas mientras se afeitan o se maquillan.


»Los policrónicos son todo lo contrario. Solamente trabajan bien cuando llevan adelante varios intereses a la vez, y si se dedican a una sola cosa se agostan, oprimidos por el aburrimiento. Los monocrónicos son más metódicos, pero frecuentemente tienen poca fantasía. Los policrónicos parecen más creativos pero frecuentemente son más liosos y volubles. Pero si acudís a consultar la biografía de los grandes, veréis que los hubo tanto policrónicos como monocrónicos» (2001: 120).


En el impreso La aventura del trabajo intelectual. Cómo estudiar e investigar, de Armando F. Zubizarreta, se señala que, debido a la forma en que se desarrolla la vida académica, es casi inevitable que uno acuda con frecuencia a la lectura policrónica (aunque este investigador no emplee ese término ni el otro propuesto por Eco). En razón a ello, el autor ofrece algunas recomendaciones para ese tipo de lectores: «Por lo general, debido a la multiplicidad de las tareas que es indispensable cumplir en la vida académica y debido también a las condiciones de la atención humana, casi nunca se puede leer un único libro por vez. Probablemente muchas veces se necesitará leer varios libros al mismo tiempo. Por ello, es indispensable considerar este punto.

»En primer lugar, quizá debamos proponernos una cierta continuidad en la lectura, de modo que de una sola vez se lea por lo menos, un buen número de páginas, o un capítulo entero, y que dentro de un cierto período de tiempo, nunca mayor de un mes si fuera muy extenso y difícil, se termine de leer la obra entera. De otro modo, la lectura sería muy imperfecta puesto que no se alcanzaría a vislumbrar la unidad del libro leído, ni siquiera —y quizá menos— en las obras literarias. En segundo lugar, quizá es necesario proponerse la lectura íntegra de la obra, porque es frecuente el vicio de empezar libros que nunca se terminan de leer. Excepto los libros de texto, especialmente en las ciencias, son, en verdad, muy pocos los libros que sólo se leen por partes [tal vez no tan pocos] y que quizá casi nadie lee por entero como es el caso de las enciclopedias, los diccionarios, las antologías y ciertos repertorios, que son llamados libros de consulta, porque son consultados según las necesidades inmediatas y ocasionales del estudio o la investigación. En tercer lugar, quizá es necesario leer varios libros a la vez, pero con un cierto cuidado para evitar la dispersión de la atención. Nunca se deberá leer más de tres libros a un mismo tiempo. De ser posible, será indispensable que sean de diferente género, temática y grado de dificultad para poder individualizarlos perfectamente en el recuerdo y evitar la confusión, así como también para que su diversidad produzca un cierto equilibrio entre la dificultad y la facilidad, entre la cultura y la especialización, entre la erudición y la interpretación.
»También es indispensable buscar una cierta correspondencia beneficiosa entre las circunstancias vitales y la lectura, no sólo en cuanto al tono psicológico del momento en relación con el tema y estilo del libro, sino también en cuanto al lugar y las condiciones físicas en relación con los tipos de lectura. Procurar una afición intensa y creciente a la lectura obliga a aprovechar con tino, para que no se pierda la seriedad de ella, todo tiempo y lugar para leer: estudio, biblioteca, viajes; madrugada, mediodía, horas altas de la medianoche» (1981: 38).  
  

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Nota: La imagen de Umberto Eco al inicio de esta entrada fue tomada de la siguiente dirección electrónica: http://capinemo.blogspot.com/2012/01/umberto-eco-80-anos-de-guerrilla.html



Bibliografía

 ECO, Umberto. Cómo se hace una tesis. México: Editorial Gedisa Mexicana, 2004.
ZUBIZARRETA, Armando F. La aventura del trabajo intelectual. Cómo estudiar e investigar. 2.da ed. México: Editorial Diana, 1981.

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