jueves, 30 de noviembre de 2017

EL INVENTOR DEL ORDEN ALFABÉTICO


En el libro La noche en que Frankenstein leyó el Quijote, de Santiago Posteguillo, se señala lo siguiente:
… A mediados del siglo III a. C. […], Tolomeo I [un general de Alejandro Magno] funda un nuevo edificio en Alejandría más allá de los intereses militares: una biblioteca. No tuvo tiempo de más […]. Su hijo Tolomeo II le sucede en el trono [… y] continúa con la consolidación de la biblioteca  (2012: 14). 
Tolomeo II también construye «en la isla de Faros una gran torre con fuego en lo alto que servirá de guía a los barcos» que llegan al puerto de la urbe con cargamentos de todo tipo de «mercancías venidas desde todas las esquinas del Mediterráneo».
Ello incluía, por supuesto, «los cestos enormes repletos de rollos de papiro con volúmenes de todo tipo: obras de teatro, poemas épicos, tratados de filosofía, medicina, matemáticas, retórica y cualquier rama del saber de la época».
Se buscaba con ello
… recopilar todo el conocimiento para constituir la mayor y mejor biblioteca del mundo, pero llegó un momento en que todos los funcionarios del nuevo edificio se vieron desbordados por la enorme cantidad de rollos que tenían y así se lo comunicaron a su rey. Fue entonces cuando Tolomeo II llamó a Zenodoto» (2012: 14). 
El gramático griego
… llevaba meses centrado en la recopilación de los viejos poemas de un tal Homero, un autor antiguo difícil de entender que empleaba palabras viejas olvidadas por todos, hasta el punto de que había ocupado las últimas semanas en escribir un detallado glosario que recopilara todos aquellos términos (2012: 15).
Cuando Zenodoto visitó la biblioteca, encontró lo siguiente:
… centenares de trabajadores llevaban miles de cestos repletos de rollos de papiro de un lugar a otro, distribuyéndolos según podían por las inmensas salas de aquella gigantesca obra. Había centenares de miles de rollos de papiro, quizás más de un millón. Incontables, inabarcables. Zenodoto comprendió al rey faraón. No había encontrado a nadie que ni tan siquiera pudiera haber intuido cómo ordenar todo aquello. Y ordenarlo era clave, pues una biblioteca no valía nada por el mero hecho de acumular centenares de miles de rollos si nadie era capaz de encontrar uno cuando alguien quisiera consultarlo… (2012: 15).
Entonces, Zenodoto recordó «su glosario de palabras antiguas de Homero: eran tantos los términos arcaicos que usaba aquel poeta que los había ordenado por grupos, los que empezaban por A todos juntos, luego los que empezaban por B y así sucesivamente» (2012: 16).
De este modo, según lo cuenta Posteguillo, un trabajo previo relacionado con la obra de Homero le sirvió de inspiración al estudioso griego para decidir clasificar también los rollos de papiro de la gran Biblioteca de Alejandría de acuerdo con un orden alfabético.
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Nota: El dibujo de la Biblioteca de Alejandría, al inicio de esta entrada, fue tomada de la siguiente dirección electrónica: https://goo.gl/NvCYaJ


Bibliografía

POSTEGUILLO, Santiago. La noche en que Frankenstein leyó el Quijote. La vida secreta de los libros. Barcelona, España: Editorial Planeta, 2012.

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