lunes, 24 de junio de 2013

DEL TEXTO BREVE AL LIBRO


El 24 de marzo de este año la poeta Miriam R. Krüger escribió una entrada titulada «El arte de leer un libro» en el portal Muladar News en donde se planteaba el siguiente problema: «si uno no tiene la costumbre de leer, entonces ¿cómo hará para leer todos esos libros o artículos donde se explica cómo crear el hábito de la lectura?» (ver: http://muladarnews.com/2013/03/el-arte-de-leer-un-libro/).

Me he animado a ofrecer una respuesta a ello consultando con los especialistas del tema. Pero antes de hacerlo habría que contestar a una pregunta previa: los que no leen sabiendo hacerlo ¿nunca leen o leen lo que no les demanda mayor esfuerzo? Satisfacer esa inquietud prácticamente absuelve la interrogante planteada por la poeta, como se podrá comprobar en las líneas que siguen.

En la presentación de su libro ¿Qué leen los que no leen?, de Juan Domingo Argüelles, en el 2010, este señaló lo siguiente: «se lee más de lo que se dice que se lee, el problema es que lo que leen no está en las librerías sino en los puestos de periódicos», o en internet, habría que añadir aquí.

Este autor, además, propone diferenciar «entre los lectores intelectuales y los lectores que leen lo que tienen a su alcance, dentro de su contexto social y económico» (ver: http://www.conaculta.gob.mx/detalle-nota/?id=5174#.UarZhtKN6Hg).

Argüelles no menciona el contexto digital, pero hay que hacerlo. En el artículo «El futuro de la lectura», de Virginia Collera, publicado en el portal del diario El País, de España, se señala lo siguiente: «Más de la mitad de los españoles lee ya en soporte digital, según el informe Hábitos de lectura y compra de libros en España 2011 (el 52,5% de la población, aunque solo el 6,8% lee libros de esta manera)» (ver: http://cultura.elpais.com/cultura/2012/09/12/actualidad/1347445405_451371.html?rel=rosEP).

Lo que reflejan las cifras sobre España permiten deducir que la mayoría de lectores no lee libros, sino cualquier otro soporte digital (ordenadores, teléfonos móviles, agendas electrónicas, tabletas, etc.). Tendencia que se está extendiendo, o se va a extender, a la mayor parte del mundo, incluida nuestra región, claro está.

Veamos sino lo que informa Anahí Aradas en su nota «América Latina pisa cada vez más fuerte en internet»: «En 2012 se llegó a los 2.400 millones de usuarios de internet en el mundo y, de esta cantidad, un 10,6% corresponde a usuarios de América Latina, poco más de 255 millones lo que supone una penetración de la red en la región del 42,9%, según datos de Internet World Stats, que recopila estadísticas sobre el uso de la web».

Al respecto, cabe precisar que el país con mayor número de usuarios activos en Facebook en nuestra región es Brasil, «cuyos internautas cuelgan una media de 85.962 comentarios cada 30 días» (ver: http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2013/01/130117_tecnologia_internet_2012_aa.shtml). Sabemos que quien escribe un texto también tiene que leerlo e interacciona con quien le responde o a quien responde, así que allí hay un potencial lector de libros, si es que no se deja pasar la oportunidad y se la aprovecha adecuadamente.  Otros países latinoamericanos que figuran en la lista de los diez países más adictos a Facebook son Colombia y México.

En otra nota, esta vez de la BBC Mundo, titulada «Ocho cosas que no sabía sobre internet en América Latina», se informa sobre el tipo de lectura que prefiere el usuario de esta región: «La gran mayoría de internautas accede regularmente a páginas de noticias. Los datos arrojan que el 85% de los internautas latinoamericanos visitan regularmente sitios de noticias en internet, lo que está por encima de la media global de 76,1%. Perú, Argentina y Chile fueron los que más visitaron páginas de noticias en internet (94%). En menor grado lo hicieron Venezuela (66,6%) y Puerto Rico (55,7%)» (ver: http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2013/01/130117_tecnologia_internet_2012_aa.shtml).

Las citas anteriores permiten demostrar que los que no leen (libros, se entiende) sí leen (pero leen noticias, comentarios de Facebook u otra red social, entradas de un blog, tuits, correo electrónico, Flipboard, diarios en línea, etc.).

Por lo tanto, aunque discrepo en varios puntos de su artículo «Sobre la mitología bienintencionada de la lectura. Tres apostillas al libro ¿Qué leen los que no leen?» (y también con una frase de la entrada de la poeta, sobre los que hablaré en otro envío), coincido sí con Juan Domingo Argüelles en la siguiente afirmación que hace: «para educar la afición a la lectura, nos parece adecuado pensar más en ‘buenas lecturas’ que en ‘buenos libros’» (ver: http://132.248.242.3/~publica/archivos/libros/3er_seminario_lectura.pdf ).

Si queremos que los no lectores lean libros, tenemos que respetar el tránsito de un texto breve (una noticia, una entrada, comentarios, tuits, frases célebres, un microrrelato, un poema, un chiste, un mito, una leyenda, etc., que sería la primera etapa) a un libro (que sería la segunda etapa). Ese camino es posible de darse. Tal vez no todos alcancen la segunda etapa, pero con que hayan ingresado a la primera y lo disfruten ya es un gran avance.

Hasta aquí  ya hemos respondido la pregunta que nos hemos planteado y la formulada por la poeta Miriam R. Krüger. Pero a fin de dar mayor sustento a nuestra posición, vamos agregar dos testimonios que redundan, tal vez, en demostrar que sí es posible que los que no leen libros lo terminen haciendo.

En el primero de ellos, quería mostrar con un ejemplo verificable que alguien que no lee libros sí puede llegar a hacerlo e incluso convertirse en un gran lector y hasta promotor de esta actividad. En el impreso Los usuarios se rebelan, de Pedro Martínez Valera, el autor ofrece el siguiente testimonio personal al respecto: «Nunca fui un asiduo usuario de las bibliotecas, es más, desde mi época de colegial y cuando me obligaron a ir, para mí era el peor castigo. Ingresar a un ambiente “mudo” y estrecho contradecía mi espíritu extrovertido; sus encargados me hacían sentir como un mendigo al cual le estaban haciendo un favor dándole –a veces– un solo libro. Además yo no tenía la costumbre de leer, llegando al extremo que mi padre me daba una propina por ‘ojear’ la página deportiva del diario “El Comercio”» (1991: 21).

Pedro se convirtió más adelante en arquitecto, y en un  gran lector e incluso investigador del tema de la lectura: inició en 1986 una indagación sobre cuál era la problemática de las bibliotecas públicas municipales de Lima Metropolitana, ‘devorando’ todo estudio que llegaba a sus manos sobre las actuales tendencias (de aquel entonces) de la ciencia de la bibliotecología (1991: 22), e hizo grandes revelaciones que contribuyeron en alguna medida a incorporar algunas mejoras a los problemas que iba señalando en sus publicaciones periódicas en el diario El Comercio (resolverlas no estaba en sus manos, aunque sí ofrecía propuestas de solución), reunidas posteriormente en un libro.

En el segundo testimonio, quería mostrar ya no el caso de un sujeto que  no lee, sino el de varios contados por un solo personaje. En su libro Cómo fomentar la lectura en los niños, de Paul Kropp,  este señala lo siguiente en la introducción: «Mi búsqueda de soluciones al problema de la lectura comenzó hace dieciocho años, el primer día que llegué a enseñar en una preparatoria vocacional de Hamilton, Ontario. No me habían dado este nombramiento en particular a causa de mis años en la universidad estudiando la poesía del siglo XVII, o porque amaba las obras de Shakespeare. Me habían enviado a la Escuela Parkview porque mido más de un metro ochenta y una vez tomé lucha como parte del programa de educación física de la universidad.

»Mi misión era enseñar “lectura” a muchachos adolescentes que no podían o no querían leer mucho de nada. Significaba que me pasaba dos días por semana leyendo un cuento y respondiendo preguntas en el pizarrón, un día con una ruidosa máquina que proyectaba los cuentos sobre una pantalla, renglón por renglón, y dos días con algunas novelas enmohecidas.

»Estaba luchando a través de una de esas novelas con “los chicos” —en realidad, hombres jóvenes que iban de los trece a los veinte años— cuando después de clase se me acercó un estudiante al que llamaré Randy. Era la persona más pequeña del grupo, un chico desmañado con grandes pecas y anteojos gruesos. Siempre hablaba en un susurro.

»Me explicó que ninguno de ellos podía leer el libro, y los que sí podían no querían hacerlo. Agregó que todos ellos se preguntaban si yo podía buscar otra cosa, por ejemplo, películas (el profesor anterior les mostraba un montón de películas).

»A mí no me pareció que las películas fuesen la solución para los problemas de lectura de Randy o de cualquier otro de esa clase. Lo que necesitaban eran algunos libros que pudieran leer y quisieran leer, libros que en esa época simplemente no existían.

»Así que me puse a escribirlos yo mismo. Comencé por investigar todo lo que pude encontrar sobre la lectura, las dificultades de la lectura, el desarrollo del vocabulario y las áreas de interés del estudiante. Y controlaba constantemente con la clase de Randy.

»—Aquí dice —les dije— que los estudiantes de su nivel de edad están interesados en el béisbol y en los caballos.

»Los muchachos se miraron entre sí y sacudieron la cabeza.

»—Entonces, ¿en qué están interesados? —pregunté.

»Se rieron: —En el sexo, señor. ¡Estamos interesados en el sexo!

»Cuando finalmente terminé mi primer libro, Consumido, los muchachos se sintieron desilusionados porque no había mucho sexo. Pero había mucha acción, y había personajes adolescentes que ellos podían comprender. Lo que es más, había tomado toda mi investigación sobre dificultades para leer y me había asegurado de que cada página del libro fuera suficientemente fácil como para que Randy y los demás lo leyeran por su cuenta.

»Desde entonces, además de escribir una cantidad de novelas sobre adultos jóvenes para adolescentes comunes, he escrito y adaptado alrededor de cincuenta libros para chicos a los que no les gusta mucho leer. A lo largo del proceso, los chicos me han enseñado mucho acerca de la lectura  y la escritura, y acerca del tipo de libros que da resultado para ellos» (2002: 9-11).

Con este segundo testimonio se demuestra que si los que no tienen la costumbre de leer no practican esta actividad, no es necesariamente porque no quieran hacerlo, sino porque no encuentran textos que se adecuen a sus gustos, intereses, necesidades y competencias lectoras.

En conclusión, sí es posible lograr que los que no leen lean textos breves de su interés y hasta lean libros, y el mundo digital puede convertirse en una oportunidad para fomentar esta actividad y constituirse en el puente entre una lectura de una, dos o tres hojas y un libro. Ese debe ser el camino a seguir.


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Nota: La imagen al inicio de esta entrada fue tomada de la siguiente dirección electrónica: http://es.paperblog.com/el-encanto-de-lo-breve-1705964/




Bibliografía


ARADAS, Anahí. «América Latina pisa cada vez más fuerte en internet». BBC Mundo. Reino Unido, 18.01.2013. Consulta: 30 de mayo del 2013. <http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2013/01/130117_tecnologia_internet_2012_aa.shtml>
ARGÜELLES, Juan Domingo. «Presentó Juan Domingo Argüelles el libro Qué leen los que no leen». Portal Conaculta. México, 10.06.2010. Consulta: 02 de junio del 2013. <http://www.conaculta.gob.mx/detalle-nota/?id=5174#.UarZhtKN6Hg>
ARGÜELLES, Juan Domingo. «Sobre la mitología bienintencionada de la lectura. Tres apostillas al libro ¿Qué leen los que no leen?». En Tercer Seminario Lectura: Pasado, Presente y Futuro. ¿Extinción o transfiguración del lector? México, 10.06.2010. Consulta: 02 de junio del 2013. <http://132.248.242.3/~publica/archivos/libros/3er_seminario_lectura.pdf >
BBC Mundo. «Ocho cosas que no sabía sobre internet en América Latina». BBC Mundo. Reino Unido, 29.05.2013. Consulta: 30 de mayo del 2013. <http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2013/05/130528_tecnologia_uso_internet_america_latina_aa.shtml>
COLLERA, Virginia. «El futuro de la lectura». El País. España, 15.09.2012. Consulta: 22 de abril del 2013. <http://cultura.elpais.com/cultura/2012/09/12/actualidad/1347445405_451371.html?rel=rosEP>
KROPP, Paul. Cómo fomentar la lectura en los niños. México: Selector, 2002.

KRÜGER, Miriam R. «El arte de leer un libro». Muladar News, 24.03.2013. Consulta: 23 de abril del 2013. <http://muladarnews.com/2013/03/el-arte-de-leer-un-libro/ >

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