martes, 7 de abril de 2026

QUINCE MICRORRELATOS SOBRE CAPERUCITA III

Estos son los cinco microrrelatos restantes que faltaban para completar los quince recopilados sobre Caperucita:

  

(11)              «Fertilidad», de Gotzon11

  

Pasaron nueve meses desde aquel furtivo encuentro, En la sección de maternidad Caperucita repite sin cesar, ¡Pero Abuelita, a tu edad!

 

 

11 Tomado del blog Relatos encallados (28 de noviembre del 2010), del escritor, al parecer, español que firma con el seudónimo de Gotzon (véase: https://tinyurl.com/yc76hzxt).  

 

 

(12)           «Caperucita Roja», de Carmen Hinojal12


 

—¿Dónde vas, Caperucita?

—Buscando El Destino.

—¿Quieres que te acompañe a casa de la abuela?

 

Golosa, me pide:

 

—¡Dame un beso!

 

Pero no es así el cuento: ¿qué hace una niña, de caperuza roja, con esos dientes tan afilados, relamiéndose de gula con la sangre que mana de mi cuello?

 

 

12 Tomado de la página web Cincuenta palabras (13 de noviembre del 2017), dirigido por Álex Garaizar, en donde se publicó el microrrelato citado de Carmen Hinojal (véase: https://tinyurl.com/47j4vty3).  

 

 

(13)           «La versión del lobo», de Anónimo13

 

 

«El bosque era mi hogar. Yo vivía allí y me gustaba mucho. Siempre trataba de mantenerlo ordenado y limpio.

Un día soleado, mientras estaba recogiendo las basuras dejadas por unos turistas, sentí pasos. Me escondí detrás de un árbol y vi venir una niña vestida en una forma muy divertida: toda de rojo y su cabeza cubierta, como si no quisieran que la vean. Andaba feliz y comenzó a cortar las flores de nuestro bosque, sin pedir permiso a nadie, quizás ni se le ocurrió que estas flores no le pertenecían. Naturalmente, me puse a investigar. Le pregunté: ¿quién era?, ¿de dónde venía?, ¿a dónde iba?; a lo que ella me contestó, cantando y bailando, que iba a casa de su abuelita con una canasta para el almuerzo.

Me pareció una persona honesta, pero estaba en mi bosque cortando flores. De repente, sin ningún remordimiento, mató a un mosquito que volaba libremente, pues también el bosque era para él. Así que decidí darle una lección y enseñarle lo serio que es meterse en el bosque sin anunciarse antes y comenzar a maltratar a sus habitantes.

La dejé seguir su camino y corrí a la casa de la abuelita. Cuando llegué me abrió la puerta una simpática viejecita, le expliqué la situación. Y ella estuvo de acuerdo en que su nieta merecía una lección. La abuelita aceptó permanecer fuera de la vista hasta que yo la llamara y se escondió debajo de la cama.

Cuando llegó la niña la invité a entrar al dormitorio donde yo estaba acostado vestido con la ropa de la abuelita. La niña llegó sonrojada y me dijo algo desagradable acerca de mis grandes orejas. He sido insultado antes, así que traté de ser amable y le dije que mis grandes orejas eran par oírla mejor.

Ahora bien, me agradaba la niña y traté de prestarle atención, pero ella hizo otra observación insultante acerca de mis ojos saltones. Ustedes comprenderán que empecé a sentirme enojado. La niña tenía bonita apariencia, pero empezaba a serme antipática. Sin embargo, pensé que debía poner la otra mejilla y le dije que mis ojos me ayudaban para verla mejor. Pero su siguiente insulto sí me encolerizó. Siempre he tenido problemas con mis grandes y feos dientes y esa niña hizo un comentario realmente grosero.

Sé que debí haberme controlado, pero salté de la cama y le gruñí, enseñándole toda mi dentadura y diciéndole que eran así de grandes para comerla mejor. Ahora, piensen ustedes: ningún lobo puede comerse a una niña. Todo el mundo lo sabe. Pero esa niña empezó a correr por toda la habitación gritando y yo corría atrás de ella tratando de calmarla. Como tenía puesta la ropa de la abuelita y me molestaba para correr, me la quité, pero fue mucho peor. La niña gritó aún más. De repente, la puerta se abrió y apareció un leñador con un hacha enorme y afilada. Yo lo miré y comprendí que corría peligro así que salté por la ventana y escapé.

Me gustaría decirles que este es el final del cuento, pero desgraciadamente no es así. La abuelita jamás contó mi parte de la historia y no pasó mucho tiempo sin que se corriera la voz de que yo era un lobo malo y peligroso. Todo el mundo comenzó a evitarme.

No sé qué le pasaría a esa niña antipática y vestida en forma tan rara, pero si les puedo decir que yo nunca pude contar mi versión. Ahora ustedes ya la saben».

 

 

Nota: este texto anónimo aparece en el libro Mediación educativa, de Sara Rozenblum de Horowicz, y lo presentan como un cuento. En esta recopilación lo estamos incluyendo como un microrrelato porque calza con las cuatro características que considera para ese género Ricardo González Vigil en su libro El microrrelato peruano (2021) y que son las siguientes: 1) que sea hiperbreve (de no más de dos páginas), 2) que tenga un carácter narrativo, 3) que sea ficcional y 4) que esté escrito en prosa. (ver pp. 31 al 36).

13 Tomado del artículo «El cuento de caperucita: la versión del lobo» (27 de junio del 2014), de Agostina Fasanella, publicado en el blog de Infobae (véase:  https://tinyurl.com/tb8e74n3).

 

 

(14)           «Secreto», de Luis Felipe Hernández14

 

 

La madre difundió la mentira: un lobo ataviado con el camisón de la abuela atacó a Caperucita Roja. Así, nadie supo que la anciana era licántropa.

 

 

14 Tomado de la entrada «Tres micros de Luis Felipe Hernández» (23 de agosto del 2024), de Valeria Correa Fiz para la sección El microrrelato de los viernes, de la página web Aire Nuestro. Club de Lectura de la Biblioteca Jorge Guillén (véase: https://tinyurl.com/hc6bxufp).

 

 

 

(15)           «Tríptico de Caperucita», de Inma Manzanares15

 

 

1. Hace mucho, mucho tiempo, al lobo feroz le leyeron las líneas de la pata. Le dijeron: «cuidado con las coloradas».  Él no creía en esas cosas. Por eso cuando conoció a Caperucita no vio venir el final.

 

2. Caperucita llegó al bosque, por el camino más largo, como su mamá le había dicho que no hiciera. Allí se encontró con el lobo, pero él no le hizo caso. Iba pensando en los Tres Cerditos.

 

3. El lobo se fue por el camino largo, se entretuvo con las flores, recordó las tartas de manzana, suspiró un par de veces… Cuando llegó a casa de la abuelita, ya estaban todos allí, impacientes y mirando el reloj, esperando a que él llegara para poder terminar con el cuento.

 

 

15 Tomado de la entrada «Tríptico de Caperucita» (27 de mayo del 2020), del blog El mono de la tinta (véase: https://tinyurl.com/yesbu7fn).

 

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Nota: La ilustración de las caperucitas se obtuvo de internet.  

 


Bibliografía

 

CORREA FIZ, Valeria. «Tres micros de Luis Felipe Hernández». En página web Aire Nuestro. Club de Lectura de la Biblioteca Jorge Guillén, 23 de agosto del 2024. Consultado el 5 de abril del 2026 en: https://tinyurl.com/hc6bxufp

FASANELLA, Agostina. «El cuento de caperucita: la versión del lobo». En blog de Infobae, 27 de junio del 2014. Consultado el 5 de abril del 2026 en: https://tinyurl.com/tb8e74n3

GOTZON. «Caperucita Roja en 140 caracteres (I) (Microrrelatos)». En el blog Relatos encallados, 28 de noviembre del 2010), Consultado el 5 de abril del 2026 en: https://tinyurl.com/yc76hzxt

HINOJAL, Carmen. «Caperucita Roja». En la página web Cincuenta palabras, 13 de noviembre del 2017. Consultado el 5 de abril del 2026 en: https://tinyurl.com/47j4vty3

MANZANARES, Inma. «Tríptico de Caperucita». En el blog El mono de la tinta, 27 de mayo del 2020. Consultado el 5 de abril del 2026 en: https://tinyurl.com/yesbu7fn).

 

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