Estos son los cinco microrrelatos restantes que
faltaban para completar los quince recopilados sobre Caperucita:
(11)
«Fertilidad», de Gotzon11
Pasaron nueve meses desde aquel furtivo encuentro,
En la sección de maternidad Caperucita repite sin cesar, ¡Pero Abuelita, a tu
edad!
11 Tomado del blog Relatos
encallados (28 de noviembre del 2010), del escritor, al parecer,
español que firma con el seudónimo de Gotzon (véase: https://tinyurl.com/yc76hzxt).
(12)
«Caperucita Roja», de Carmen Hinojal12
—¿Dónde vas, Caperucita?
—Buscando El Destino.
—¿Quieres que te acompañe a casa de la abuela?
Golosa, me pide:
—¡Dame un beso!
Pero no es así el cuento: ¿qué hace una niña, de caperuza
roja, con esos dientes tan afilados, relamiéndose de gula con la sangre que
mana de mi cuello?
12 Tomado de la página web Cincuenta
palabras (13 de noviembre del 2017), dirigido por Álex Garaizar, en
donde se publicó el microrrelato citado de Carmen Hinojal (véase: https://tinyurl.com/47j4vty3).
(13)
«La
versión del lobo», de Anónimo13
«El bosque era mi hogar.
Yo vivía allí y me gustaba mucho. Siempre trataba de mantenerlo ordenado y
limpio.
Un día soleado, mientras
estaba recogiendo las basuras dejadas por unos turistas, sentí pasos. Me
escondí detrás de un árbol y vi venir una niña vestida en una forma muy
divertida: toda de rojo y su cabeza cubierta, como si no quisieran que la vean.
Andaba feliz y comenzó a cortar las flores de nuestro bosque, sin pedir permiso
a nadie, quizás ni se le ocurrió que estas flores no le pertenecían.
Naturalmente, me puse a investigar. Le pregunté: ¿quién era?, ¿de dónde venía?,
¿a dónde iba?; a lo que ella me contestó, cantando
y bailando, que iba a casa de su abuelita con una canasta para el almuerzo.
Me pareció una persona
honesta, pero estaba en mi bosque cortando flores. De repente, sin ningún
remordimiento, mató a un mosquito que volaba libremente, pues también el bosque
era para él. Así que decidí darle una lección y enseñarle lo serio que es
meterse en el bosque sin anunciarse antes y comenzar a maltratar a sus
habitantes.
La dejé seguir su camino
y corrí a la casa de la abuelita. Cuando llegué me abrió la puerta una
simpática viejecita, le expliqué la situación. Y ella estuvo de acuerdo en que
su nieta merecía una lección. La abuelita aceptó permanecer fuera de la vista hasta
que yo la llamara y se escondió debajo de la cama.
Cuando llegó la niña la
invité a entrar al dormitorio donde yo estaba acostado vestido con la ropa de
la abuelita. La niña llegó sonrojada y me dijo algo desagradable acerca de mis
grandes orejas. He sido insultado antes, así que traté de ser amable y le dije
que mis grandes orejas eran par oírla mejor.
Ahora bien, me agradaba
la niña y traté de prestarle atención, pero ella hizo otra observación
insultante acerca de mis ojos saltones. Ustedes comprenderán que empecé a
sentirme enojado. La niña tenía bonita apariencia, pero empezaba a serme
antipática. Sin embargo, pensé que debía poner la otra mejilla y le dije que
mis ojos me ayudaban para verla mejor. Pero su siguiente insulto sí me
encolerizó. Siempre he tenido problemas con mis grandes y feos dientes y esa
niña hizo un comentario realmente grosero.
Sé que debí haberme controlado,
pero salté de la cama y le gruñí, enseñándole toda mi dentadura y diciéndole
que eran así de grandes para comerla mejor. Ahora, piensen ustedes: ningún lobo
puede comerse a una niña. Todo el mundo lo sabe. Pero esa niña empezó a correr
por toda la habitación gritando y yo corría atrás de ella tratando de calmarla.
Como tenía puesta la ropa de la abuelita y me molestaba para correr, me la quité,
pero fue mucho peor. La niña gritó aún más. De repente, la puerta se abrió y
apareció un leñador con un hacha enorme y afilada. Yo lo miré y comprendí que
corría peligro así que salté por la ventana y escapé.
Me gustaría decirles que
este es el final del cuento, pero desgraciadamente no es así. La abuelita jamás
contó mi parte de la historia y no pasó mucho tiempo sin que se corriera la voz
de que yo era un lobo malo y peligroso. Todo el mundo comenzó a evitarme.
No sé qué le pasaría a
esa niña antipática y vestida en forma tan rara, pero si les puedo decir que yo
nunca pude contar mi versión. Ahora ustedes ya la saben».
Nota: este texto anónimo aparece en el
libro Mediación educativa, de Sara Rozenblum de Horowicz, y lo presentan
como un cuento. En esta recopilación lo estamos incluyendo como un microrrelato
porque calza con las cuatro características que considera para ese género
Ricardo González Vigil en su libro El microrrelato peruano (2021) y que
son las siguientes: 1) que sea hiperbreve (de no más de dos páginas), 2) que
tenga un carácter narrativo, 3) que sea ficcional y 4) que esté escrito en
prosa. (ver pp. 31 al 36).
13 Tomado del artículo «El cuento de caperucita: la
versión del lobo» (27 de junio del 2014), de Agostina Fasanella, publicado en el
blog de Infobae (véase: https://tinyurl.com/tb8e74n3).
(14)
«Secreto»,
de Luis Felipe Hernández14
La madre difundió la
mentira: un lobo ataviado con el camisón de la abuela atacó a Caperucita Roja.
Así, nadie supo que la anciana era licántropa.
14 Tomado de la entrada «Tres
micros de Luis Felipe Hernández» (23 de agosto del 2024), de Valeria Correa Fiz
para la sección El microrrelato de los viernes, de la página web Aire
Nuestro. Club de Lectura de la Biblioteca Jorge Guillén (véase: https://tinyurl.com/hc6bxufp).
(15)
«Tríptico
de Caperucita», de Inma Manzanares15
1. Hace mucho, mucho
tiempo, al lobo feroz le leyeron las líneas de la pata. Le dijeron: «cuidado con las coloradas». Él no creía en esas cosas. Por eso cuando conoció a
Caperucita no vio venir el final.
2. Caperucita llegó al
bosque, por el camino más largo, como su mamá le había dicho que no hiciera.
Allí se encontró con el lobo, pero él no le hizo caso. Iba pensando en los Tres
Cerditos.
3. El lobo se fue por el
camino largo, se entretuvo con las flores, recordó las tartas de manzana,
suspiró un par de veces… Cuando llegó a casa de la abuelita, ya estaban todos
allí, impacientes y mirando el reloj, esperando a que él llegara para poder
terminar con el cuento.
15 Tomado de la entrada «Tríptico de Caperucita» (27 de mayo del 2020), del blog El mono de la tinta (véase: https://tinyurl.com/yesbu7fn).
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___________________
Nota: La ilustración de las
caperucitas se obtuvo de internet.
Bibliografía
CORREA FIZ, Valeria. «Tres micros de Luis Felipe
Hernández». En página web Aire Nuestro. Club de Lectura de la Biblioteca
Jorge Guillén, 23 de agosto del 2024. Consultado el 5 de abril del 2026 en: https://tinyurl.com/hc6bxufp
FASANELLA, Agostina. «El
cuento de caperucita: la versión del lobo». En blog de Infobae, 27 de
junio del 2014. Consultado el 5 de abril
del 2026 en: https://tinyurl.com/tb8e74n3
GOTZON. «Caperucita
Roja en 140 caracteres (I) (Microrrelatos)». En el blog Relatos encallados, 28 de noviembre del 2010),
Consultado
el 5 de abril del 2026 en: https://tinyurl.com/yc76hzxt
HINOJAL, Carmen. «Caperucita Roja». En la página web
Cincuenta palabras, 13 de noviembre del 2017. Consultado el 5 de abril del 2026 en: https://tinyurl.com/47j4vty3
MANZANARES, Inma. «Tríptico de
Caperucita». En el blog El mono de la tinta, 27 de mayo del 2020. Consultado el 5 de abril del 2026 en: https://tinyurl.com/yesbu7fn).


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