sábado, 28 de febrero de 2026

QUINCE MICRORRELATOS SOBRE CAPERUCITA I

 

He recopilado quince microrrelatos que aluden intertextualmente a Caperucita Roja. En esta entrada publicaremos los primeros cinco y en las siguientes entradas, las que faltan.

El orden de los microrrelatos no obedece a un criterio cronológico o de un mayor o menor mérito, sino a la pura subjetividad del compilador (uno de los escasos privilegios de los que podemos disfrutar los escritores, creadores, blogueros, etc.). Cada texto procede de un autor distinto, salvo una excepción, y ha sido tomado de un libro de microficciones en específico o de las redes sociales, detalle que se especificará al final de cada obra.

Estos son los primeros cinco microrrelatos sobre Caperucita:

 

(1)   «Caperucita», de Ana María Shua1

 


Con petiverías, pervincas y espicanardos me entretengo en el bosque. Las petiverías son olorosas, las pervincas son azules, los espicanardos parecen valerianas. Pero pasan las horas y el lobo no viene, ¿Qué tendrá mi abuelita que a mí me falte?

 

 

1 Tomado del libro La sueñera (1984), de Ana María Shua.

 

(2)   Sin título, de Alejandro Rossi2

 

El bosque era enorme. Unos pinos altísimos y grises. De lejos vi a la niña que perseguía a un lobo aterrado. Lo juro.

 

 

2 Tomado del libro Manual del distraído (2007), de Alejandro Rossi (no es propiamente un microrrelato, pero Valeria Correa Fiz lo ha rescatado como si lo fuera [y tiene los componentes necesarios para serlo, salvo el título, por lo que concordamos con su apreciación]), en su entrada «El microrrelato de los viernes: Los lobos», de su blog Aire nuestro, véase: https://airenuestro.com/2017/04/14/el—microrrelato—de—los—viernes—los—lobos—2/).

 

(3)   «Tango del lobo», de Eugenio Mandrini3

 

Primero faltó a la cita la niña de la caperuza roja.

Después, un eclipse oscureció la luna y debió morderse el aullido.

Por último, la manada lo declaró nada feroz, por esas gotas de soledad que le apagaban los ojos, y fue desalojado del bosque.

Hoy lame zapatos en la ciudad y en invierno busca el abrigo del sol como una abuela.

 

 

3 Tomado del libro Las otras criaturas (2013), de Eugenio Mandrini.

 

 

(4)   «A enredar los cuentos», de Gianni Rodari4


 

—Érase una vez una niña que se llamaba Caperucita amarilla.

—¡No, roja!

—¡Ah!, sí, Caperucita roja. Su mamá la llamó y le dijo: «Escucha, Caperucita verde…»

—¡Que no, roja!

—¡Ah!, sí, roja. «Ve a casa de tía Diomira a llevarle esta piel de papa».

—No: «Ve a casa de la abuelita a llevarle este pastel».

—Bien. La niña se fue al bosque y se encontró una jirafa.

—¡Qué lío! Se encontró al lobo, no una jirafa.

—Y el lobo le preguntó: «¿Cuántas son seis por ocho?»

—¡Qué va! El lobo le preguntó: «¿Adónde vas?»

—Tienes razón. Y Caperucita negra respondió…

—¡Era Caperucita roja, roja, roja!

—Sí. Y respondió: «Voy al mercado a comprar salsa de tomate».

—¡Qué va!: «Voy a casa de la abuelita, que está enferma, pero no recuerdo el camino».

—Exacto. Y el caballo dijo…

—¿Qué caballo? Era un lobo.

—Seguro. Y dijo: «Toma el tranvía número setenta y cinco, baja en la plaza de la Catedral, tuerce a la derecha, y encontrarás tres peldaños y una moneda en el suelo; deja los tres peldaños, recoge la moneda y cómprate un chicle».

—Tú no sabes contar cuentos en absoluto, abuelo. Los enredas todos. Pero no importa, ¿me compras un chicle?

—Bueno, toma la moneda.

Y el abuelo siguió leyendo el periódico.


 

4 Tomado del libro Cuentos por teléfono (1973), de Gianni Rodari.

 

 

(5)   «La reprensión de Caperucita», de Marco Antonio Román Encinas5

 

Caperucita estaba exhausta. En los últimos tiempos, y unos siglos después de que Perrault recogiera su historia en su famoso libro, los escritores de microrrelatos no dejaban de hacerla ir y venir a la casa de su abuelita con la cesta de comida. Por tal razón, decidió pedirle a quien ahora la tomaba de personaje le permita descansar, que ya estaba bueno eso de pasear siempre por el mismo bosque, y que mejor contrate el servicio de entrega a domicilio de Rappi, o de cualquier otra empresa, para que envíen por ese medio la bendita canasta y así no la expongan a ella innecesariamente a ser devorada por el lobo solo por añadir un elemento dramático a su historia.

La reconvención de Caperucita hizo saltar una lágrima al escritor hipersensible. El látigo de esas palabras subversivas eran las de un demonio interior agazapado en sus entrañas, y no dejaban de resonar en sus oídos. Decidió, entonces, seleccionar el texto en Word de la rebelión infantil con el cursor y presionar la tecla suprimir.

 


5 Tomado del libro La reprensión de Caperucita y otros microrrelatos (2025), de Marco Antonio Román Encinas.

 

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Nota: La imagen al inicio de esta entrada corresponde a las portadas de los libros de donde proceden los cinco microrrelatos de esta recopilación. 

 

Bibliografía

 

CORREA FIZ, Valeria. «El microrrelato de los viernes: Los lobos». En blog Aire nuestro. Club de Lectura de la Biblioteca Jorge Guillén, 14 de abril del 2017. Consultado el 28 de febrero del 2026 en https://tinyurl.com/yh7pfe59

MANDRINI, Eugenio. Las otras criaturas. Palencia: Menoscuarto Ediciones, 2013.

RODARI, Gianni. Cuentos por teléfono. Barcelona: Editorial Juventud, 1973

ROMÁN ENCINAS, Marco Antonio. La reprensión de Caperucita y otros microrrelatos. Estados Unidos: Amazon KDP, 2025.

ROSSI, Alejandro. Manual del distraído. México: Random House Mondadori, 2007.

SHUA, Ana María. La sueñera. Buenos Aires: Minotauro, 1984.


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