He recopilado quince microrrelatos que aluden
intertextualmente a Caperucita Roja. En esta entrada publicaremos los
primeros cinco y en las siguientes entradas, las que faltan.
El orden de los microrrelatos no obedece a un criterio
cronológico o de un mayor o menor mérito, sino a la pura subjetividad del
compilador (uno de los escasos privilegios de los que podemos disfrutar los
escritores, creadores, blogueros, etc.). Cada texto procede de un autor
distinto, salvo una excepción, y ha sido tomado de un libro de microficciones
en específico o de las redes sociales, detalle que se especificará al final de
cada obra.
Estos son los primeros cinco microrrelatos sobre
Caperucita:
(1)
«Caperucita»,
de Ana María Shua1
Con petiverías, pervincas y espicanardos me
entretengo en el bosque. Las petiverías son olorosas, las pervincas son azules,
los espicanardos parecen valerianas. Pero pasan las horas y el lobo no viene,
¿Qué tendrá mi abuelita que a mí me falte?
1 Tomado del libro La
sueñera (1984), de Ana María Shua.
(2)
Sin título, de Alejandro
Rossi2
El bosque era enorme. Unos pinos altísimos y
grises. De lejos vi a la niña que perseguía a un lobo aterrado. Lo juro.
2 Tomado del libro Manual del distraído (2007),
de Alejandro Rossi (no es propiamente un microrrelato, pero Valeria Correa
Fiz lo ha rescatado como si lo fuera [y tiene los componentes necesarios para
serlo, salvo el título, por lo que concordamos con su apreciación]), en su entrada «El microrrelato de los viernes: Los lobos», de su blog Aire
nuestro, véase: https://airenuestro.com/2017/04/14/el—microrrelato—de—los—viernes—los—lobos—2/).
(3)
«Tango del lobo», de Eugenio
Mandrini3
Primero
faltó a la cita la niña de la caperuza roja.
Después,
un eclipse oscureció la luna y debió morderse el aullido.
Por último, la manada lo declaró nada feroz, por esas gotas de soledad que le apagaban los ojos, y fue desalojado del bosque.
Hoy lame zapatos en la ciudad y en invierno busca el abrigo del sol como una abuela.
3 Tomado del libro Las otras criaturas (2013), de
Eugenio Mandrini.
(4)
«A
enredar los cuentos», de Gianni Rodari4
—Érase una vez una niña
que se llamaba Caperucita amarilla.
—¡No, roja!
—¡Ah!, sí, Caperucita
roja. Su mamá la llamó y le dijo: «Escucha, Caperucita verde…»
—¡Que no, roja!
—¡Ah!, sí, roja. «Ve a
casa de tía Diomira a llevarle esta piel de papa».
—No: «Ve a casa de la
abuelita a llevarle este pastel».
—Bien. La niña se fue al
bosque y se encontró una jirafa.
—¡Qué lío! Se encontró
al lobo, no una jirafa.
—Y el lobo le preguntó: «¿Cuántas
son seis por ocho?»
—¡Qué va! El lobo le
preguntó: «¿Adónde vas?»
—Tienes razón. Y
Caperucita negra respondió…
—¡Era Caperucita roja,
roja, roja!
—Sí. Y respondió: «Voy
al mercado a comprar salsa de tomate».
—¡Qué va!: «Voy a casa
de la abuelita, que está enferma, pero no recuerdo el camino».
—Exacto. Y el caballo
dijo…
—¿Qué caballo? Era un
lobo.
—Seguro. Y dijo: «Toma
el tranvía número setenta y cinco, baja en la plaza de la Catedral, tuerce a la
derecha, y encontrarás tres peldaños y una moneda en el suelo; deja los tres
peldaños, recoge la moneda y cómprate un chicle».
—Tú no sabes contar
cuentos en absoluto, abuelo. Los enredas todos. Pero no importa, ¿me compras un
chicle?
—Bueno, toma la moneda.
Y el abuelo siguió
leyendo el periódico.
4 Tomado del libro Cuentos
por teléfono (1973), de Gianni Rodari.
(5)
«La reprensión de
Caperucita», de Marco Antonio Román Encinas5
Caperucita estaba exhausta. En los últimos
tiempos, y unos siglos después de que Perrault recogiera su historia en su
famoso libro, los escritores de microrrelatos no dejaban de hacerla ir y venir
a la casa de su abuelita con la cesta de comida. Por tal razón, decidió pedirle
a quien ahora la tomaba de personaje le permita descansar, que ya estaba bueno
eso de pasear siempre por el mismo bosque, y que mejor contrate el servicio de
entrega a domicilio de Rappi, o de cualquier otra empresa, para que envíen por
ese medio la bendita canasta y así no la expongan a ella innecesariamente a ser
devorada por el lobo solo por añadir un elemento dramático a su historia.
La reconvención de Caperucita hizo saltar una
lágrima al escritor hipersensible. El látigo de esas palabras subversivas eran
las de un demonio interior agazapado en sus entrañas, y no dejaban de resonar
en sus oídos. Decidió, entonces, seleccionar el texto en Word de la rebelión
infantil con el cursor y presionar la tecla suprimir.
5 Tomado del libro La
reprensión de Caperucita y otros microrrelatos (2025), de Marco
Antonio Román Encinas.
Si esta entrada ha
sido de tu agrado o te ha sido útil, compártela con tus seres queridos.
___________________
Nota: La imagen al inicio de esta entrada corresponde a las portadas de los libros de donde proceden los cinco microrrelatos de esta recopilación.
Bibliografía
CORREA FIZ, Valeria. «El microrrelato de los
viernes: Los lobos». En blog Aire nuestro. Club de Lectura de la Biblioteca
Jorge Guillén, 14 de abril del 2017. Consultado el 28 de febrero del 2026 en
https://tinyurl.com/yh7pfe59
MANDRINI, Eugenio. Las otras criaturas. Palencia:
Menoscuarto Ediciones, 2013.
RODARI, Gianni. Cuentos por teléfono. Barcelona:
Editorial Juventud, 1973
ROMÁN ENCINAS, Marco Antonio. La reprensión
de Caperucita y otros microrrelatos. Estados Unidos: Amazon KDP, 2025.
ROSSI, Alejandro. Manual del distraído. México:
Random House Mondadori, 2007.
SHUA, Ana María. La sueñera. Buenos Aires:
Minotauro, 1984.

