viernes, 30 de agosto de 2024

SOBRE EL ORIGEN DEL MICRORRELATO «EL DINOSAURIO»

En un fragmento de la nota 16 del prólogo del libro El microrrelato peruano. Antología general, de Ricardo González Vigil, encontré una mención al origen del microrrelato «El dinosaurio» que llamó mi atención porque estuvo inspirado o alude (para mejor decir) a un escritor peruano especialista en Garcilaso y la literatura colonial.

Paso a citar el fragmento pertinente de la nota en mención:


Una anécdota singular es que en la génesis de «El dinosaurio» se encuentra el escritor peruano José Durand (Lima, 1925-1990), que frecuentó en México al grupo que congregaba Arreola. De casi dos metros de altura y ancho de cuerpo («un dinosaurio»), mi recordado amigo Pepe se burlaba constantemente del diminuto Monterroso, decía que era tan pequeño que no le cabía la menor duda, y el guatemalteco replicaba: me lo paso por alto. Y en una reunión a la que asistió Durand, se quedó dormido Monterroso… (2022: 51).

González Vigil detiene allí el relato de aquella inesperada para mí anécdota y nos recomienda confrontar dicha mención con lo señalado en la página 7 del libro La mano de la hormiga. Los cuentos más breves del mundo y de las literaturas hispánicas, editado por Antonio Fernández Ferrer (1990).

La página 7 corresponde a la introducción del libro aludido y está escrito por el editor mencionado. Cito:


En realidad, el relato microscópico más justamente famoso de las literaturas hispánicas, y posiblemente del mundo, es el que aparece en la obra titulada Obras completas (y otros cuentos) del escritor guatemalteco, afincado en México, Augusto Monterroso.

 

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

 

Por cierto que, aun con el riesgo de enturbiar las oníricas, prehistóricas o terribles evocaciones que suscita tan magistral microrrelato, voy a aprovechar la ocasión para transcribir un fragmento de [sic; mi] conversación con Juan José Arreola, en el que el escritor mexicano me contó el origen, concreto y prosaico, del famoso cuento del dinosaurio:

 

… vivíamos allí, en aquel departamento tan chico, tres amigos. Ernesto Mejía Sánchez, José Durand y yo; y uno de ellos tenía necesidad de comunicación, siempre tenía que contar todo lo que le pasaba en el día. Generalmente, en ese momento de su juventud, eran penalidades de carácter amoroso; él batallaba mucho con esto y nos desvelaba, y a veces cuando ya estábamos nosotros dormidos —Mejía en el cuarto y yo en el hall en su camastro, muy moderno pero camastro al fin—, llegaba este hombre, a veces en la madrugada, y entonces hacía que se tropezaba y ya despertaba uno: «¡Ay!, ¿qué te pasa, José, qué te pasa?». Y él empezaba, «¡Ay!, que te tengo que contar…». Y nomás se sentaba a la orilla de la cama, uno estaba acostado y Durand se sentaba al lado y empezaba a contar qué le había pasado y uno se dormía… y no sabemos si se daba cuenta o no, pero él seguía allí hablando y a veces uno de los dos se despenaba y estaba José Durand, que era muy alto —casi dos metros— y todavía estaba a la orilla de la cama. Y un día me dijo Ernesto Mejía Sánchez: «¿Sabes que cuando desperté todavía estaba allí este dinosaurio?». Ernesto se quedó dormido y el otro no se levantó. Y Tito lo sabía, porque a él también le pasaba. La idea era que uno se quedaba dormido, y Durand, aunque te viera dormido, no se levantaba ni se iba a acostar, se quedaba el amigo allí, a la orilla de la cama… Ya ves, el origen del cuento es completamente concreto, porque como Durand era muy alto, se le decía de todas las maneras: «dinosaurio», por ejemplo… [1] (1990: 7).

Pero allí no acaba el asunto. Fernández Ferrer deja la primera nota de su introducción al final del texto que acabo de citar y que reproduzco a continuación:


[1] Las palabras de Arreola son fragmentos de conversaciones con el escritor mexicano que mantuvimos en octubre de 1985. Véase al respecto: «La fascinación coloidal de Juan José Arreola», El paseante, núms. 15-16, 1990, págs 54-66. El propio Augusto Monterroso se ha referido a las múltiples versiones apócrifas acerca del supuesto origen del cuento «El dinosaurio», texto que, en realidad, se trataría más exactamente de una micronovela. Véase, sobre el particular, el libro de Wilfrido H. Corral, Lector, sociedad y género en Monterroso, Xalapa, Universidad Veracruzana, 1985, págs. 88-89 (1990: 257).

Quise continuar mis pesquisas en el libro de Corral (1985) para ver qué más encontraba, pero lastimosamente no estaba completo en la plataforma virtual de Internet Archive (apenas unas seis páginas: de la portada a la hoja de créditos; véase: https://tinyurl.com/2pjdkz37).

No obstante, considero que con lo hallado hasta aquí es suficiente para satisfacer la curiosidad del lector sobre el tema de este artículo.

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Nota: La imagen, al inicio de esta entrada, fue tomada de la siguiente dirección electrónica:  https://tinyurl.com/4auu32hv

 

Bibliografía

 

GONZÁLEZ VIGIL, Ricardo. El microrrelato peruano. Antología general. Lima: Petróleos del Perú, 2022. Consultado el 25 de agosto del 2024 en https://tinyurl.com/3x5nz6dz

FERNÁNDEZ FERRER, Antonio (ed.). La mano de la hormiga. Los cuentos más breves del mundo y de las literaturas hispánicas. Madrid: Fugaz Ediciones, 1990.

viernes, 19 de julio de 2024

NUEVA COLABORACIÓN PARA LA REVISTA «SUPLEMESIAN»

En junio del 2024, salió el quinto número de la revista literaria virtual Suplemesian, dirigida por el escritor colombiano Ricardo Arenas C., y en ella he publicado un texto de mi autoría titulado «El hombre que sobrevivió al rayo» (ver páginas 30 y 31 en el siguiente enlace: https://tinyurl.com/mr4732up).  

Como indiqué antes, la publicación tiene un excelente diseño, es de libre acceso y tiene una proyección internacional muy amplia en vista de que cuenta con colaboradores de gran talento de diferentes países de Europa e Hispanoamérica.

Decidí incluir el texto en mención en este espacio virtual para que los seguidores de mi blog que no se hayan enterado de la noticia puedan disfrutarlo aquí también. Este es el microrrelato aludido:

 

El hombre que sobrevivió al rayo

 

Aquello ocurrió en 1908, mientras el mayor Raymond combatía en África contra un grupo de soldados zulúes que se sublevaron ante el dominio del ejército inglés. El rayo alcanzó a su caballo y el mayor fue despedido de la montura hasta una distancia de tres metros por aquel potente resplandor fugaz. El mayor Raymond quedó paralizado de la cintura para abajo, pero luego de un año de terapia y rehabilitación se recuperó, se retiró del ejército inglés y decidió escribir un libro sobre su experiencia que tituló El hombre que sobrevivió al rayo, con el que le fue muy bien, pues se vendió mucho, y con el dinero ganado se fue de vacaciones a Canadá.

En el verano de 1914, en Londres, decidió pescar en la ribera del río Támesis, cuando de pronto un rayo cayó en el árbol sobre el que estaba recostado, la corriente lo alcanzó y le paralizó el lado derecho de su cuerpo. Fueron necesarias nuevas sesiones de terapias para su completa rehabilitación, que el mayor Raymond logró luego de transcurridos un año y tres meses de aquel incidente. Durante ese tiempo, escribió otro libro titulado El hombre que sobrevivió a un segundo rayo, que también fue un éxito de ventas, y le ayudó a granjearse una fama creciente.

En 1920, el mayor Raymond estaba paseando por un parque cerca de su vecindario londinense cuando otro rayo lo alcanzó y lo paralizó permanentemente. Esta vez no pudo recuperar su salud como en las anteriores ocasiones y, como estaba parcialmente inmovilizado, contrató a un mecanógrafo para que le ayudase a escribir un tercer libro que tituló El hombre que sobrevivió a un tercer rayo. Cuando se publicó fue otro best seller inmediato, quisieron entrevistarlo en la radio y la televisión, incluso los integrantes de una Tertulia Literaria lo contactaron con ese fin, pero el mayor Raymond prefirió no dar declaraciones porque aún estaba débil.

La gente no podía creer que fuese cierta su historia, pensaban que era una tall tale (historia exagerada) o alguna ocurrencia de un pariente inglés del barón de Münchhausen, pero no era así. Eso le había ocurrido realmente al mayor Raymond. Luego de que transcurrieron otros dos años, su cuerpo, severamente maltratado por la fuerza impetuosa de la naturaleza, no pudo resistir más tiempo con vida y murió. Mucha gente fue a su funeral, le ponían jazmines azules a su lápida, que era la flor preferida del mayor Raymond, y dejaban también diversos tipos de objetos colgados en la cruz de metal que coronaba su lápida. Y eso siguió ocurriendo incluso varios años después de su muerte. Un vecino voluntarioso con ciertas dotes proféticas no comprendidas llevó un pararrayos pequeño en un macetero junto con un jazmín azul para dejarlo encima de la capa de cemento que cubría la sepultura del difunto, pero un amigo del finado tomó a mal ello, lo reprendió severamente y le pidió que se fuera llevándose lo que trajo.

Los años pasaron y, una noche de invierno de 1926, un vagabundo que pasaba por el cementerio se cubrió la cabeza con una manta al sentir la tormenta que se avecinaba y se puso a buen recaudo. En eso, sintió que un rayo caía a unos veinte metros cerca de donde estaba e hizo un ruido extraño y diferente al que era habitual. El vagabundo no pudo resistir la curiosidad de ver dónde había aterrizado la chispa eléctrica celestial y, después que la tormenta cesó, se acercó a averiguar lo que había ocurrido. Cuando llegó al lugar, encontró una sepultura partida en dos por aquella veloz línea de luz quemante que provenía del cielo, y en cuya lápida ennegrecida y chamuscada aún se podía leer el nombre del difunto: Raymond Storm.

 




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Nota: La foto, al inicio de esta entrada, fue tomada de la siguiente dirección electrónica:  https://tinyurl.com/musv4kxp

 

Referencias bibliográficas

 

ROMÁN ENCINAS, Marco Antonio. «El hombre que sobrevivió al rayo». En Suplemesian. N° V, junio del 2024, pp. 30 y 31. Consultado el 19 de julio del 2024 en https://tinyurl.com/mr4732up

 

sábado, 29 de junio de 2024

PERSONAJES LITERARIOS QUE COBRAN VIDA

Siempre me han fascinado las anécdotas que cuentan los escritores, en las entrevistas que les hacen, sobre personajes literarios de sus obras que se les aparecen de repente o los llaman por teléfono o por algún otro medio, bien para saludarlos, bien para confrontarlos, bien para enjuiciarlos incluso, etc.

Esto que parece un recuento salido de la imaginación de otro escritor afiebrado le ocurrió a tres grandes escritores peruanos (y seguramente a muchos otros del Perú y del mundo, pero en esta entrada nos centraremos en ellos tres solamente). Empezaré reproduciendo lo que al respecto cuenta Julio Ramón Ribeyro en una entrevista de 1994 que le hace el periodista Ernesto Hermoza, en el programa Presencia Cultural, de Canal 7, en respuesta a una pregunta de este último:


ERNESTO HERMOZA: ¿Qué relación existe entre usted y sus personajes?, ¿lo han dominado, lo persiguen?

JULIO RAMÓN RIBEYRO: Bueno, los personajes, en realidad, diría que yo los he dominado casi siempre; en el sentido en que son creaciones mías y que soy como [un] Dios creador, que los puedo hacer nacer, morir, triunfar o fracasar. Depende de mí, pero a veces me ha ocurrido encontrarme con mis personajes, tanto los personajes reales, como personajes imaginarios. Y es una cosa que verdaderamente produce cierta sorpresa. Me he encontrado, por ejemplo, con un obrero del cual hago un asesino en un cuento, un obrero que conocí en mi infancia, y que años después me encontré con él, venía en una bicicleta, y se bajó de la bicicleta y se acercó a mí. Yo pensé que me iba a amenazar por haber hecho de él un asesino, pero no, al contrario, me abrazó y me felicitó. Y me dijo que había leído el cuento y que le había parecido muy simpático.

Y así muchas veces me he encontrado con personajes que surgían de mi pasado, o de mis obras o mis libros. Y es una impresión siempre bastante curiosa y sorpresiva. Justo ahora que estuve en Madrid, hace un par de meses, en un homenaje que se me hizo [me ocurrió algo semejante]. En un cuento, en el cual el personaje principal era un español que conocí en el año 52, y … [a quien] trato más o menos un poco despectivamente, en medio de mi lectura del cuento se levanta un tipo del auditorio, se acerca a mí y era este español que yo había descrito. Reaparecía cuarenta años más tarde, saliendo de un cuento mío a la realidad, naturalmente, no sé si habría leído o no el cuento, pero me reconoció y me trató con mucha simpatía (véase a partir del minuto 10:10 al minuto 12:17: https://tinyurl.com/2zaerff8).

Mario Vargas Llosa también cuenta una anécdota sorprendente recogida en el libro MVLL. Biografía de un nobel, de Pamela Cueto y Mariano Orosco Sumarán:


Algunos años después de publicado el libro [se refiere a Pantaleón y...] (con un éxito de público que no tuve antes ni he vuelto a tener) recibí una llamada misteriosa en Lima: «Yo soy el capitán Pantaleón Pantoja», me dijo la enérgica voz. «Veámonos para que me explique cómo conoció mi historia». Me negué a verlo, fiel a mi creencia de que los personajes de la ficción no deben entrometerse en la vida real (2011: 80 y 81).

Juan Rivera Saavedra, por su parte, el escritor más prolífico de América Latina (denominado así por sus 180 obras de teatro y más de 500 cuentos escritos), en una entrevista que le hace el 2 de junio del 2013 el fundador de la Editorial Micrópolis, Alberto Benza González, narra este extraordinario suceso:


ALBERTO BENZA GONZÁLEZ: … Hablando de la serie Gamboa, creo que usted tuvo una experiencia allí con la policía…

JUAN RIVERA SAAVEDRA: Sí…, he tenido varias persecuciones y juicios, y no creas que ha sido la cosa muy fácil. Por darte un ejemplo, cuando yo escribí la obra Los profesores, … [durante] el gobierno de Odría, gobierno militar, el ministro de Educación era Juan Mendoza Alvarado; entonces, se enteraron de qué se trataba Los profesores y prácticamente empezó diríamos la persecución, porque… decían que yo había hablado mal de los profesores y no era eso. En verdad era tratar de explicar qué cosa era ser maestro y qué cosa era ser profesor, de eso se trataba; pero no faltó una telenovela en que se presentó un fulano y dijo, como sabía que yo iba a cobrar una cantidad de dinero, me abrió un juicio por un millón. Te estoy hablando, fíjate, de esa época, un millón, ¿cuánta plata era? Me abría un juicio por un millón, pero por qué, porque yo lo había usado a él como un personaje en la telenovela. Entonces, cuando fuimos a juicio, tuve la suerte de contar con un abogado genial que me decía: «¿Y ahora cómo nos defendemos?». Yo le di una pista al abogado, y el abogado usó mi estrategia para la defensa. ¿Y cuál fue la defensa? Lo convenció al juez a tal extremo que al final dijo:

—Usted dice que se llama —por darles un ejemplo— José García.

—José García Godos —aclaró él.

—Correcto, bien. Pero el personaje se llama José García, no se apellida Godos.

—Pero soy yo.

—Correcto.

—Es profesor como yo.

—Correcto. Pero acá el señor Rivera dice que este profesor, José García, era un ladrón, explotaba a los alumnos, les sacaba plata. ¿Usted es un ladrón?

—No soy un ladrón.

—Correcto. Y él dice que era homosexual. ¿Usted es homosexual?

—No soy homosexual.

—Usted es José García, pero no es José García Godos; usted no es ladrón; usted no es homosexual. Entonces, no es usted el personaje, lo siento, pero usted perdió el juicio.

Y perdió el juicio. Quisieron agarrarme por ese lado y no pudieron (véase a partir del minuto 50:43 hasta el minuto 53:39: https://tinyurl.com/4wh3av4m ).

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Nota: La imagen, al inicio de esta entrada, fue tomada de la siguiente dirección electrónica:  https://tinyurl.com/6aj7zz28

 

Bibliografía

 

CUETO, Pamela y OROSCO SUMARÁN, Mariano. MVLL. Biografía de un nobel. Lima: Editorial Septiembre, 2011.

EDITORIAL MICRÓPOLIS. Entrevista a Juan Rivera Saavedra, 2 de junio del 2013. [Archivo de video]. YouTube. Consultado el 21 de junio del 2024 en https://tinyurl.com/4wh3av4m

EL CLUB RIBEYRO. Entrevista a Julio Ramón Ribeyro, 11 de diciembre del 2021. [En Presencia Cultural, de Canal 7, del 12 de septiembre del 2009, dirigida por Ernesto Hermoza. Archivo de video]. YouTube. Consultado el 21 de junio del 2024 en https://tinyurl.com/2zaerff8

viernes, 31 de mayo de 2024

COLABORACIÓN PARA LA REVISTA LITERARIA «SUPLEMESIAN»

En mayo del 2024, salió el cuarto número de la revista literaria virtual Suplemesian, dirigida por el escritor colombiano Ricardo Arenas C., y cuyo espacio alberga textos destacables de diversos géneros literarios.   

Suplemesian tiene su propia página web, y cuenta con redes sociales abiertas en Instagram y LinkedIn. En esta revista, diseñada profesionalmente y con gusto artístico, he publicado un texto de mi autoría titulado «Última voluntad» (ver páginas 43 y 44 en el siguiente enlace: https://tinyurl.com/25db3rh2).

La publicación es de libre acceso y tiene una proyección internacional muy amplia, pues cuenta con colaboradores de diferentes países de Europa e Hispanoamérica como: Italia, España, Colombia, Perú, entre otros.

 Además, publican en sus páginas escritores con una reconocida trayectoria profesional como la española Belén Hernández Grande, que ha recibido importantes distinciones, entre ellas, el I Premio en el VI Concurso Internacional de Relatos Asombrosos (Argentina, 2014) y reconocimiento al Estilo Poético por la Editorial Libróptica (2013), y es autora de los siguientes libros: La enfermedad del pupitre verde, Las musas se contaban por millones y Las debilidades del Führer, esta última finalista en el Premio Planeta 2022; y la escritora italiana Alessandra Agnoletti, autora del poemario Fragmentos de tormenta, presentado en Madrid.  

A ellas hay que sumar la presencia de Alicia González Rodríguez, distinguida con múltiples reconocimientos, entre ellos: el Premio Carmen de Burgos, Manuel Azaña y Carmen Goes de Periodismo; y Mariano Gómez García, autor de las novelas Jinetes en la niebla, Zulú y Canción de Crimea. 

Decidí incluir el texto en mención en este espacio virtual para que los seguidores de mi blog que no se hayan enterado de la noticia puedan disfrutarlo aquí también. Este es el microrrelato aludido:

 

Última voluntad

 

Cuenta la historia que el escritor condenado esperaba en su celda el momento de su ejecución. Pidió como última voluntad que le permitan redactar su testamento y beber una copa de pisco. Le trajeron papel, un lapicero azul y una copa de plástico con el pisco ya servido. El comandante miró su reloj pulsera Casio y le dio de plazo una hora para que terminase de redactar el documento. Luego lo dejaron solo.

El escritor condenado no tenía bienes ni parientes, lo había perdido todo en el huaico ocurrido en Kuntur Llacta. No tenía necesidad de redactar su testamento, lo que en realidad quería es escribir un microrrelato, pero temía que el texto fuese tirado al tacho por el comandante al dárselo si le confesaba eso (¿qué puede saber un comandante, y no tendría por qué saberlo tampoco, respecto a un tema estrictamente literario?). Un testamento, en cambio, tiene olor a muerte en cada letra, y es un documento que inspira respeto.

Él quería ser inmortal y ahora ya no lo sería porque dentro de una hora lo fusilarían, salvo que haga algo por lo que merezca por ello la gloria antes que el olvido. Él creía como Huidobro que el poeta y todo escritor es un pequeño dios, y se propuso como él hacer florecer la rosa, a su manera, en una narración breve.  Decidió jugarse el todo por el todo. Tenía una hora para escribir un microrrelato que le garantizara la inmortalidad. Haría su mejor esfuerzo. Cuando terminó, el escritor condenado le entregó el supuesto testamento en un sobre al comandante encargado de su fusilamiento, este miró nuevamente su reloj Casio, faltaba un minuto para que se cumpliera el plazo, le sorprendió la puntualidad del reo. Enseguida, guardó el sobre en el bolsillo de su camisa sin revisarlo, y llamó al soldado Alberto.

El escritor condenado fue llevado al paredón levantado cerca de un bosque y sin cercos, y el pelotón de fusilamiento se ubicó en su posición tradicional, a escasos cinco metros del desahuciado. El comandante miró nuevamente su reloj Casio, eran las siete de la noche: había llegado el momento de la ejecución ordenada por un superior. Luego empezó a pronunciar a grandes voces el tradicional:

—¡Pelotón, preparen, apunten…

No lo dejó terminar la frase una terrible tormenta que cayó sobre el poblado, y segundos después un rayo partió en dos el poste que sostenía la caja principal de luz de la zona y todo quedó en tinieblas, pues en aquel tiempo no existían todavía los grupos electrógenos.

El escritor condenado, muy feliz de que las cosas salieran según lo que esperaba, ya sabía lo que tenía que hacer y corrió lo más que pudo para salvarse. Cuando los soldados consiguieron unas velas para alumbrarse, ya era tarde, este había huido. El comandante, muy incómodo por la situación, mandó a los soldados a perseguir al escritor condenado, sospechaba que no debía estar muy lejos. Cuando vio marchar a sus subordinados deprisa cargando sus fusiles, miró su reloj Casio otra vez, eran las siete y treinta y cuatro minutos. Se acordó del sobre que le dieron, lo abrió, lo leyó rápidamente y quedó atónito de la impresión: era la breve historia de un hombre que al momento de ser fusilado salvó la vida porque una tormenta repentina se desató en la zona de ejecución, se fue la luz a causa de un rayo providencial y este aprovechó la ocasión para huir por el bosque. Como punto final del manuscrito, había una pequeña rosa dibujada en el papel.

Desde entonces se conoce aquel texto como El Microrrelato Milagroso porque a través de él el escritor condenado se salvó de morir a través de un ardid literario propio de los dioses o pequeños dioses para ser más precisos. El manuscrito de una sola hoja redactado con lapicero azul se conserva en una urna en la Casa de la Literatura de Kuntur Llacta como una reliquia de un micronarrador devenido en un pequeño dios.



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Nota: La foto, al inicio de esta entrada, fue tomada de la siguiente dirección electrónica:  https://tinyurl.com/bdbyfrfr

 

 

Referencias bibliográficas

 

ROMÁN ENCINAS, Marco Antonio. «Última voluntad». En Suplemesian. N° IV, mayo del 2024, pp. 43 y 44. Consultado el 29 de mayo del 2024 en https://tinyurl.com/25db3rh2

 

 

sábado, 27 de abril de 2024

COLABORACIÓN PARA «AMALGAMA DE LETRAS»

El 23 de marzo del 2024 salió el undécimo número de la revista literaria Amalgama de Letras, a cargo de seis escritoras que residen en España: Ainhoa Ruiz, Lucía Lemos, Concha Mateo, Maika Molina, Rosa Blanco y Yennis Molina, quienes contribuyen con la difusión de nuevas voces provenientes del mundo de habla hispana.

Amalgama de Letras es una revista digital, con presencia en Facebook e Instagram, en donde he publicado un texto de mi autoría titulado «El escritor hipersensible» (ver página 27 en el siguiente enlace: https://tinyurl.com/4uhz2bdb).

La publicación es de libre acceso y tiene una proyección internacional muy amplia, pues cuenta con colaboradores de diferentes países de Iberoamérica como: España, Argentina, Ecuador, Perú, México, entre otros.

 Además, publican en sus páginas escritores con una reconocida trayectoria profesional como la argentina Paola Vicenzi, ganadora de varias distinciones como el XXVI Premio de Novela Vargas Llosa (2021) por Equis equilibrio; Premio MGE de Editorial Random House a Mejor Novela Contemporánea por La otra vida de papá (2017); y Primer Premio Revista Literaria Guka por el microrrelato «Monstruo» (2018). También encontramos textos del escritor español Alberto Caliani, autor de la novela El puño del emperador (2021), ganadora de un doble premio Hislibris a la mejor novela histórica y al mejor autor español 2021. 

Decidí incluir el texto en mención en este espacio virtual para que los seguidores de mi blog que no se hayan enterado de la noticia puedan disfrutarlo aquí también. Este es el microrrelato aludido:

 


El escritor hipersensible

 

Caperucita estaba exhausta. En los últimos tiempos, y después que Perrault recogiera su historia en su famoso libro, los escritores de microrrelatos no dejaban de hacerla ir y venir a la casa de su abuelita con la cesta de comida. Por tal razón, decidió pedirle a quien ahora la tomaba de personaje le permita descansar, que ya estaba bueno eso de pasear siempre por el mismo bosque, y que mejor contrate el servicio de entrega a domicilio de Rappi, o de cualquier otra empresa, para que envíen por ese medio la bendita canasta y así no la expongan a ella innecesariamente a ser devorada por el lobo solo por añadir un elemento dramático a su historia.

 

La reconvención de Caperucita hizo saltar una lágrima al escritor hipersensible. El látigo de esas palabras subversivas eran las de un demonio interior agazapado en sus entrañas, y no dejaban de resonar en sus oídos. Decidió, entonces, seleccionar el texto en Word de la rebelión infantil con el cursor y presionar la tecla suprimir. 

 

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Nota: La foto, al inicio de esta entrada, fue tomada de la siguiente dirección electrónica:  https://tinyurl.com/bdbyfrfr

 

 

Referencias bibliográficas

 

ROMÁN ENCINAS, Marco Antonio. «El escritor hipersensible». En Amalgama de Letras. N° 11, 23 de marzo del 2024, p. 27. Consultado el 27 de abril del 2024 en https://tinyurl.com/hrrxsyr7

 


miércoles, 27 de marzo de 2024

NUEVA COLABORACIÓN PARA «CASTELLANÍZATE»

El 29 de febrero del 2024 salió el primer número del fanzine cultural Castellanízate, dirigido por el escritor, editor y jurista mexicano Roberto Méndez y la periodista, gestora cultural e investigadora mexicana Clarisa Camargo.

El fanzine, como ya lo indiqué antes, forma parte de la red de difusión y coordinación del Centro Intercultural «Rosario Castellanos», del estado de Oaxaca, México, y allí he publicado el microrrelato titulado «El sueño cumplido» (ver página 37 en el siguiente enlace: https://tinyurl.com/bdh224cw).

Esta publicación digital, que es de libre acceso, tiene una proyección internacional muy amplia, aunque la supresión de la página de autores en este número no me permitió verificar si esta se había ampliado. En todo caso, menciono los países de los colaboradores que registré en la anterior ocasión: España, Estados Unidos, Chile, Colombia, Ecuador, Perú, Cuba, Venezuela y México.

Decidí incluir el texto en mención en este espacio virtual para que los seguidores de mi blog que no se hayan enterado de la noticia puedan disfrutarlo aquí también. Este es el texto en mención:

 

 

El sueño cumplido


Rubí admiraba tanto la belleza y el talento de Robinson Prado, un actor de cine famoso y culto, que un día de otoño decidió escribir un microrrelato en el que este se separaba de su esposa, una hermosa joven que ganó el cetro de Mis Universo en el 2012, para casarse con ella, sí, con Rubí; y así cumplió su sueño.



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* Este microrrelato, además, fue publicado antes en el libro Otoño e invierno, antología del I Concurso de Microrrelatos Otoño e Invierno 2014, organizado por Diversidad Literaria, de España, y en este mismo blog en donde se anunciaba lo anteriormente señalado (ver: https://tinyurl.com/mtra99fc). 

Nota: La foto, al inicio de esta entrada, fue tomada de la siguiente dirección electrónica:  https://tinyurl.com/bdh224cw

 

 

Referencias bibliográficas

 

ROMÁN ENCINAS, Marco Antonio. «Microrrelatos selectos». En blog El Arte de Leer, 6 de julio del 2018. Consultado el 24 de marzo del 2024 en: https://tinyurl.com/mtra99fc

_____ «El sueño cumplido». En Castellanízate. Año 1, N° 1, noviembre del 2024, p. 37. Consultado el 24 de marzo del 2024 en https://tinyurl.com/bdh224cw