domingo, 24 de mayo de 2009

APRENDIENDO A LEER COMPRENSIVAMENTE: TESTIMONIO


La gente pensante suele hablar de sus libros y autores favoritos, pero pocas veces se detienen a informar acerca de cómo leen o a explicar cómo aprendieron a leer. Más difícil aún es encontrar a alguien que hable de manera abierta y franca sobre esa etapa y de cómo accedió a la fase de la comprensión lectora. Por ello, el testimonio que les presento a continuación es muy valioso, pues se trata de un relato sincero y pormenorizado de la experiencia personal de un hombre en este tema.

El texto lo he tomado del libro Cómo enseñar a leer, de Michael Pressley: «Aunque la lectura, en el sentido de descodificación, me fue bien durante el primer grado y los siguientes, a la hora de comprender lo que leía hice menos progresos. Por ejemplo, en el primer año de secundaria, la estrategia que aplicaba a los deberes de lectura era la de leerlos una y otra vez, una técnica que ahora sé que aplican muchos estudiantes, incluyendo a los de institutos de elite (Cordon y Day, 1996). Pero ésa es una técnica que exige mucho tiempo y arroja pocos resultados. Como consecuencia, a medida que avanzaba curso tras curso, empecé a sentirme muy nervioso al pensar en la escuela, las notas y los exámenes. Por ejemplo, el primer año en el instituto, en la sección de inglés, me pidieron que leyera un libro por semana, en el college preparatorio donde estudiaba. Cada semana leía un libro, pero siempre con el miedo de que podría confundirlos en un momento dado, porque tenía dificultades para comprender y recordar buena parte de lo que sucedía en ellos.

»Durante los cursos como junior high y senior high, y mediante la técnica EPL2R (examinar, preguntar, leer, recitar, repasar), me vi expuesto a ciertas estrategias para mejorar mi comprensión de los textos (Robinson, 1961); es un enfoque que requiere, antes que nada, hojear un texto. Luego se formulan preguntas sobre el libro que se basan en el título, los encabezamientos de cada capítulo y las ilustraciones. El siguiente paso es leerlo, recitarlo y repasarlo. Parecía difícil, y lo cierto es que no mejoró gran cosa mi comprensión ni mi memoria. Incluso entonces ya sabía que tenían que existir estrategias mejores (…).

»En el instituto aprendí el valor de los conocimientos previos. Mi primer año en la Universidad de Northwestern me supuso una tremenda carga. No tenía ninguna esperanza de seguir el ritmo de muchos de mis compañeros de clase en algunas de las materias que estudiaba, porque ellos tenían un trasfondo de conocimientos más solido que el mío. De todas maneras, los del «club del conocimiento previo» no me excluyeron del todo, porque gracias a algunas enriquecedoras oportunidades que tuve en el instituto, yo dominaba bastante la química, de modo que la química para principiantes me resultaba mucho más sencilla que al resto. Al final del primer año, comprendía ya muy bien que el conocimiento acumulado en años anteriores era vital para comprender y leer textos, tanto en los casos en que yo estaba en desventaja respecto a los demás como cuando mis conocimientos previos me concedían cierta ventaja sobre ellos. (…).

»En el colegio universitario empecé a usar técnicas de lectura y de estudio con mucha frecuencia, en especial adoptando las de otros compañeros de clase. En mis últimos años de carrera, iba bien encaminado para convertirme en un lector estratégico. Sin embargo, me costó bastante llegar al nivel de estrategia que ahora evidencio en mis lecturas. Soy de edad madura, y ahora soy capaz de leer libros a gran velocidad, siempre que traten de materias sobre las que tengo un abundante conocimiento previo. He aprendido a hojear libros, a discriminar apartados, para evitar leer detalladamente capítulos o secciones de texto que hablan de cosas que ya domino. Intento relacionar lo que leo con mis conocimientos y creencias anteriores, buscando explícitamente puntos de similitud y diferencia con otros conceptos que he ido descubriendo. Pongo especial atención, leyéndolas cuidadosamente, en aquellas secciones de libros que creo que me pueden ser útiles en el futuro, secciones que deseo comprender bien y recordar. Estoy en la mitad de mi vida y de mi carrera profesional, y soy un lector hábil, capaz de transmitir con confianza las ideas que encuentra (sic) en los libros. Como profesional que estudia el proceso de la lectura, también he llegado a comprender que una lectura excepcionalmente estratégica es un fenómeno muy poco frecuente en los estudiantes universitarios, y que requiere bastantes años de experiencia como lector para desarrollarse» (1999: 12 y 13).


Si no conoces a este autor, aquí te ofrezco algunos datos acerca de sus logros como profesional: Michael Pressley (1951-2006) fue profesor de Psicología en la Universidad de Notre Dame, Indiana, EE.UU. Estuvo antes vinculado al Journal of Reading Behaviour y fue después editor de la revista Journal of Educational Psychology. Publicó más de 250 artículos, capítulos, y libros, incluido Reading Instruction That Works [cuya versión castellana es la que citamos en la bibliografía]. Su trabajo sobre la alfabetización mereció importantes premios de investigación por la International Reading Association [Asociación Internacional de Lectura] y la American Educational Research Association [Asociación Americana de Investigación en Educación]. Por ultimo, fue asesor de varios estados y distritos en la implementación de programas federales de lectura.


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Nota: La imagen que encabeza el post es una reproducción del óleo «Una joven leyendo», del pintor francés Pierre-Auguste Renoir (1841-1919). Tomado de la siguiente dirección electrónica: http://www.reprodart.com/a/pierre-auguste-renoir/una-joven-leyendo.html



Bibliografía

PRESSLEY, Michael. Cómo aprender a leer. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica, 1999.

domingo, 26 de abril de 2009

COMPRENSIÓN DE LECTURA

Para saber en qué consiste leer comprensivamente, me voy a remitir a lo expuesto sobre el tema por Juana Pinzás García en su libro Se aprende a leer leyendo. Ejercicios de com­prensión de lectura para los docentes y sus estudiantes.

Según Pinzás, existen dos tipos básicos de comprensión de lectura. El primero es la com­prensión literal: «significa entender la información que el texto presenta explí­citamente», esto es, «lo que el texto dice». Se puede verificar cuando el lector es capaz de responder a las preguntas: «qué, quién, dónde, cuándo, con quién, cómo, para qué, etc.» (2001: 9). Ejemplo: Don Quijote vivía en un lugar de la Mancha (responde a la pregunta: ¿dónde?).

El segundo es la comprensión inferencial: «se refiere a la elaboración de ideas o elementos que no están expresados explícitamente en el texto (…). Por ejemplo, [cuando el lector] llega a conclusiones o identifica la idea principal del texto». Esta «información implícita en el texto puede referirse a causas y conse­cuencias, semejanzas y diferencias, opiniones y hechos, conclusiones o corolarios, mensajes inferidos sobre características de los personajes y del ambiente, diferen­cias entre fantasía y realidad, etc.» (2001: 26). Ejemplo: El Quijote es una sátira contra las novelas de caballería (conclusión).

A estos dos, Pinzás agrega la metacognición en la lectura. Se trata de una serie de procedi­mientos para solucionar los problemas de comprensión. Consiste en la «capacidad que tiene todo aprendiz para guiar su propio pensamiento mientras lee, corrigiendo errores de interpretación y comprendiendo de manera más fluida y eficiente».

Se manifiesta de dos maneras. Cuando el lector «trata de entender lo que lee… manteniéndose alerta al momento en el que deja de entender». Y cuando el lector, al no entender, «se detiene, y lleva a cabo alguna acción de reparación para aclarar lo que no ha entendido. Esto le permite solucionar su problema de comprensión y seguir su lectura fluidamente y sin confusiones» (2001: 41). Un ejemplo de ello lo encontré en la segunda oración con que se inicia el Quijote: «Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, y algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda» (1974: 45). En donde la expresión «duelos y quebrantos» puede entenderse como que, en esa relación de alimentos que consume don Quijote en determinados días de la semana, el sábado no tenía qué comer y solo le quedaba dolerse y lamentarse, pero no es así. En la edición que dispongo, Antonio Paluzie Borrell hace una anotación a pie de página en donde aclara que tal expresión significa: «Fritada de huevos con grosura de animales» (Ibíd.). Es decir, los sábados don Quijote no se quedaba sin comer.

Pero además, una lectura metacognitiva te permite per­catarte de errores que pueda contener el texto, que son de dos tipos. El que «pro­pone algo opuesto o distinto a lo que el alumno cree o sabe», por ejemplo: un gato que ladra. Y el que tiene que ver con la relación de las partes del texto entre sí. Puede suceder que el segundo párrafo contradiga al primero, o que una frase diga lo opuesto a otra, etc.» (2001: 42). Un ejemplo de esto último se puede ver en el capítulo VII de la Primera Parte de la novela de Cervantes, en donde el narrador emplea dos nombres distintos para referirse a la esposa de Sancho:

«—De esta manera —respondió Sancho Panza—, si yo fuese rey por algún milagro de los que vuestra merced dice, por lo menos Juana Gutiérrez, mi oíslo, vendría a ser reina y mis hijos infantes.
»—¿Pues quién lo duda? —respondió don Quijote.
»—Yo lo dudo —replicó Sancho Panza—, porque tengo para mí, que aunque lloviese Dios reinos sobre la tierra, ninguno asentaría bien sobre la cabeza de Mari Gutiérrez. Sepa, señor, que no vale dos maravedís para reina; condesa le caerá mejor, y aun Dios y ayuda»* (1974: 81).

Este error puede llamar a confusión a un lector novato, si no advierte, o si no se lo advierten, que se trata de la misma persona.

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* Las negritas son mías. En el capítulo IV del libro Lingüística e historia literaria, de Leo Spitzer, se habla de la «inestabilidad y variedad de los nombres dados a algunos personajes» en el Quijote. Allí se menciona el pasaje que cito, además de otros en donde el nombre de la esposa de Sancho también varía a «Teresa Cascajo», «Teresa Panza», «Teresa Sancho», etc. (1975: 140). Spitzer ofrece una interpretación muy informada y lúcida de por qué se daría esta variación en la novela de Cervantes, los remito a él si desean saber más sobre el asunto.


Nota: El cuadro «Don Quijote» pertenece al pintor francés Honoré Daumier (1808-1879). Tomado del fascículo N.° 14 de la Enciclopedia Hyspamérica de la Lengua y la Literatura. Buenos Aires: Hyspamérica Ediciones Argentina, 1986, p. 105.


Bibliografía

CERVANTES SAAVEDRA, Miguel de. El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Barcelona: Editorial Ramón Sopena, 1974.

PINZÁS GARCÍA, Juana. Se aprende a leer leyendo. Ejercicios de com­prensión de lectura para los docentes y sus estudiantes. Lima: Tarea, 2001.

SPITZER, Leo. Lingüística e historia literaria. Madrid: Gredos, 1961.

sábado, 21 de marzo de 2009

LA RELECTURA


Releer es volver a leer lo ya leído. Esta práctica debería promoverse tanto como la lectura porque es la que nos permitirá sacar mayor provecho de un texto. Los lectores expertos lo recomiendan sobre todo para la etapa de la madurez.

Ítalo Calvino, por ejemplo, en su ensayo Por qué leer a los clásicos, decía: «en la vida adulta debería haber un tiempo dedicado a repetir las lecturas más importantes de la juventud» (1995: 14). Y esto porque «las lecturas de juventud pueden ser poco provechosas por impaciencia, distracción, inexperiencia en cuanto a las instrucciones de uso, inexperiencia de la vida» (Ibíd.). Luego concluía: «Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera» (1995: 15). [Las cursivas son del autor].

Jorge Luis Borges, en una clase en la Universidad de Belgrano (Argentina), sobre el libro, recogida en el cuarto volumen de sus obras completas, exclamaba: «Yo he tratado más de releer que de leer, creo que releer es más importante que leer, salvo que para releer se necesita haber leído. Yo tengo ese culto del libro» (1996: 170).

Para escribir esta nota he releído los textos citados para cumplir con lo que Emil Cioran sentenciaba en una entrevista: «no deberíamos escribir sobre lo que no hubiéramos releído» (Serna y Pons 2000: 17).


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Nota: «Homero», escultura de mármol del francés Philippe-Laurent Roland (1746-1816), de 1812. Se encuentra en el Museo de Louvre, París, Francia. La foto la tomé de Wikipedia (http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Louvre2004_134_cor.jpg).



Bibliografía

BORGES, Jorge Luis. Obras completas IV (1975 -1988). Barcelona: Emecé Editores, 1996.

CALVINO, Ítalo. Por qué leer a los clásicos. Barcelona: Fábula Tusquets Editores, 1995.

SERNA, Justo y PONS, Anaclet. Cómo se escribe la microhistoria. Madrid: Ediciones Cátedra, 2000.

sábado, 21 de febrero de 2009

LA LECTURA SELECTIVA



Debido a la imposibilidad de conocerlo todo y, por lo tanto, de saberlo todo, la necesidad de aprovechar de la mejor manera el poco tiempo disponible que uno tiene obliga a escoger qué leer y qué no leer.

Silvia Adela Kohan recoge en su libro las cinco reglas que impone para la lectura André Maurois en El arte de leer. Sólo voy a mencionar las dos que considero más útiles.

“La primera es que vale conocer a la perfección algunos pocos escritores, así como unos pocos temas, que de una forma superficial, una gran cantidad de autores. Las bellezas de una obra no se juzgan bien a la primera lectura. Conviene, durante la juventud, pasar por entre los libros como se va por el mundo: buscando amigos. Pero una vez encontrados, escogidos, adoptados, hay que retirarse con ellos a nuestro refugio.

“La segunda, es conceder en nuestras lecturas un lugar espacioso para los grandes textos. Claro está que es preciso y natural que nos interesemos por los autores de nuestro tiempo (…). Pero no vayamos a dejarnos cubrir por las aguas de los libros ínfimos. El número de obras maestras es tan grande que nunca podremos conocerlas todas (…). Homero, Cervantes, Shakespeare, Molière, son, desde luego, dignos de su fama. Hemos de darles alguna preferencia sobre aquellos que aún no han soportado la prueba del tiempo” (1999: 35 y 36).

En su “Carta a una aprendiza de epistemóloga”, Mario Bunge le aconseja a ésta lo siguiente: “…Y rodéese de buenos libros y sea omnívora pero no trague todo lo que está a su alcance: seleccione” (1993: 259).

También le dice: “Dedique un par de años a los estudios históricos, pero trate de conservar toda la vida el trato amistoso con los gigantes del pasado” (1993: 261).
No es de sorprender que Maurois y Bunge coincidan en estos puntos. La fórmula para llegar lejos tanto en las ciencias como en las letras es la misma.

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Nota: El cuadro titulado “Joven mujer leyendo” pertenece al pintor francés Jean-Baptiste Camille Corot (1796-1875) y fue tomado de la siguiente dirección electrónica: http://elartedelalectura.blogspot.com/2006_03_01_archive.html


Bibliografía

ADELA KOHAN, Silvia. Disfrutar de la lectura. Barcelona: Plaza y Janés Editores, 1999.

BUNGE, Mario. Epistemología. Curso de actualización. Barcelona: Editorial Ariel, 1993.

sábado, 24 de enero de 2009

CÓMO ABORDAR UN LIBRO



Hace unos cuatro años atrás, caminando por los exteriores de la Universidad Católica de Lima, se me acercó un joven que pertenecía a una de esas instituciones que enseñan lectura rápida. Me dijo que, al término del curso (un mes), yo podría leer comprendiendo al cien por ciento un libro, incrementando, a la vez, mi velocidad de lectura.

No pude tomar en serio tal ofrecimiento porque, a mi parecer, no se ajustaba a la realidad. Leer a mayor velocidad toma años de práctica y no un mes, y comprender al cien por ciento un texto es más una aspiración que algo posible.

En la compilación de Blass Rivarola (ver bibliografía), encontré un artículo de Alberto Tauro titulado “Elogio del libro”, en el que se decía: “[El libro] nunca revela su total misterio a la primera inquisición, ni llegamos jamás a conocerlo enteramente… y de sus páginas emergen nuevos destellos cada vez que hundimos en ella una inquietante mirada” (2007: 38 y 39).

Pero hay más testimonios que terminan por desmoronar la propuesta de ese instituto. En 1975, Mario Vargas Llosa escribió La orgía perpetua. Flaubert y «Madame Bovary», un estudio exhaustivo de la novela del escritor francés. Antes de redactar este ensayo, Vargas Llosa había “leído la novela una media docena de veces de principio a fin” y también había “releído capítulos y episodios sueltos en muchas ocasiones”. En cada una de estas incursiones, él afirmaba: “siempre he tenido la sensación de descubrir aspectos secretos, detalles inéditos…” (1975: 18).

Es conocida también la afición del escritor mexicano Carlos Fuentes (autor de Aura) por el Quijote. Desde que cumplió los dieciséis lo relee todos los años. En una entrevista que le hizo la BBC el 10 de febrero del 2006, cuando le preguntaron si seguía con esa rutina, él contestó: “Todos los años y lo leo siempre como si fuera la primera vez. Siempre lo descubro de nuevo, descubro cosas que antes dije ¿por qué se me pasó esto? ¡Qué novedad!” (véase: http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/misc/newsid_4673000/4673610.stm).

Como se puede ver, sin un adecuado conocimiento de las posibilidades de nuestra mente y de cómo funciona, nos pueden dar gato por liebre. A propósito de ello, en una clase en la Universidad de Belgrano (Argentina) publicada bajo el título de “El libro”, Borges recordaba lo que, en uno de sus ensayos, Montaigne refería: “si él encuentra un pasaje difícil en un libro, lo deja; porque ve en la lectura una forma de felicidad” (1996: 169).

Cierro este artículo resumiendo las cinco formas de abordar un libro que menciona Silvia Adela Kohan en Disfrutar de la lectura.

“Hay diferentes maneras de leer, provenientes de la diversidad de contenidos y de las necesidades del lector, cada una corresponde a un nivel de experiencia lectora…, las siguientes, en su mayoría más apropiadas para un ensayo, un texto de estudio…,… también [son] útiles para una novela o un cuento y… pueden ser exclusivas o sucesivas:

1. Lectura informativa: Responde al propósito de informarse acerca del contenido de un libro. Consiste en examinar o inspeccionar de forma sistemática.
2. Lectura «de corrido»: (…) Consiste en realizar un repaso rápido y permite saber de qué clase de libro se trata para medir las ventajas y desventajas de pasar a la tercera etapa de lectura. Los pasos habituales de esta etapa son:
· Leer rápidamente el prólogo.
· Leer el índice de materias –si lo hay- y el índice general para hacerse una idea de la estructura y los contenidos del libro.
· Hojear el libro y detenerse en los subtítulos.
· Consultar los capítulos que llamaron nuestra atención en el índice.
3. Lectura detenida: … cuando se pasa de la mera información a la asimilación del material expuesto en el libro… se intenta comprender y profundizar y requiere un lector activo.
4. Lectura de control: Es una combinación de la lectura de corrido y la detenida, se hace con rapidez, pero deteniéndose y reflexionando ante los párrafos más complejos.
5. Lectura selectiva: … [sirve] para reforzar la idea general captada en una lectura anterior, encontrar nuevas significaciones, realizar un trabajo crítico. Corresponde a la profundización. Es la lectura especializada del lector crítico” (1999: 23 y 24).


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Nota: El dibujo de Borges fue tomado de la siguiente dirección electrónica: http://biblioteca.idict.villaclara.cu/UserFiles/Image/ARGENTINA/borges%20con%20libros.jpg


Bibliografía

ADELA KOHAN, Silvia. Disfrutar de la lectura. Barcelona: Plaza & Janés Editores, 1999.

BLASS RIVAROLA, Benjamín (comp.). Promoción del libro y la lectura: aproximaciones. Lima: Biblioteca Nacional del Perú, Fondo Editorial, 2007.

BORGES, Jorge Luis. Obras completas IV (1975 -1988). Barcelona: Emecé Editores, 1996.

VARGAS LLOSA, Mario. La orgía perpetua. Flaubert y «Madame Bovary». Barcelona: Editorial Seix Barral, 1975.

sábado, 27 de diciembre de 2008

CÓMO LEEN LOS EXPERTOS



En la XIII Feria Internacional del Libro de Lima, realizada en julio del 2008, se distribuyó gratuitamente el tercer número (como se hizo con el segundo y el primero en la ediciones anteriores de este evento) de la revista Leer o morir a los asistentes.

Esta iniciativa de la Editorial Estruendo Mudo, que contó con el respaldo de la Cámara Peruana del Libro, buscaba llamar la atención sobre esta problemática en nuestro país (que se puede condensar en un dato: “8 de cada 10 niños peruanos no entienden lo que leen”, tomado casi como eslogan), y, a su vez, promover y despertar el gusto por la lectura.

Aunque el título es dramático y conminativo, no deja, por ello, de estar asentado en la realidad. Estar informado, y mejor aún estar bien informado, te da la oportunidad de tomar mejores decisiones en la vida; carecer de la información oportuna o adecuada, por el contrario, induce al error. Y esto solo mencionando la ventaja más inmediata y visible de esta práctica.

Es en este contexto que nos sumamos a esta corriente, contribuyendo de manera permanente y decidida en una labor que la sentimos, además, como un imperativo de la hora.

Y vamos a ofrecer también en este espacio, en los sucesivos números, algu­nos secretos, técnicas y estrategias de los que se valen los buenos lectores para enfrentarse a diversos tipos de textos, puesto que sabemos que no todos presentan la misma facilidad para abordarse.

Empezaremos, pues, describiendo las características que perfilan al lector experto, para saber a qué tenemos que apuntar, si queremos desarrollar y mejorar nuestras habilidades en este campo. Se suele creer, y con justa razón, que los me­jores lectores son los escritores, así que recurriremos a uno de ellos para que nos ilustre sobre el caso.

En el libro de Silvia Adela Kohan, titulado Disfrutar de la lectura, se cuenta que Vladimir Nabokov (el autor de Lolita) propuso una encuesta en una universidad para determinar al verdadero lector, y confeccionó una lista de diez cualidades, de las cuales “los estudiantes debían elegir cuatro que combinadas equivaliesen a un buen lector... (ellas eran:)

“1) Debe pertenecer a un club de lectores.
2) Debe identificarse con el héroe o la heroína.
3) Debe concentrarse en el aspecto socioeconómico.
4) Debe preferir un relato con acción y diálogo a uno sin ellos.
5) Debe haber visto la novela en película.
6) Debe ser un autor embrionario.
7) Debe tener imaginación.
8) Debe tener memoria.
9) Debe tener un diccionario.
10) Debe tener cierto sentido artístico” (1999: 47 y 48).

Para Nabokov, el buen lector es, pues, aquel que reúne las cuatro últimas cualidades numeradas. Si bien ésta es la percepción subjetiva de un lector experto, no deja de tener valor, por el hecho de estar sustentada en una sólida experiencia personal.

Pero qué nos dice la ciencia al respecto, que busca un acercamiento objetivo al mismo fenómeno. Juana Pinzás hizo un estudio de este tema que tituló Leer pensando. En él, y resumiendo las ideas tomadas de R. Anderson, E. Hiebert, J. Scout e I. Wilkinson, en su libro conjunto: Becoming a Nation of Readers: The Report of the Comission on Reading, refiere que las características de un lector experto son las siguientes:

1) Piensa sobre lo que lee.
2) Usa su conocimiento previo para entender lo que lee.
3) Integra información con sus conocimientos previos para comprender el texto.
4) Decodifica y reconoce palabras de manera automática, quedando su atención libre para el análisis del significado.
5) Controla y guía su lectura en función de su meta, material y resultados.
6) Practica la lectura desarrollándola y refinándola (2001: 39).

De las características enunciadas se puede deducir que el lector experto se convierte en tal con la práctica continua e ininterrumpida de la lectura, que se va haciendo, con el tiempo, más atenta, más inquisitiva, más escudriñadora, más cuestionadora, más analítica, más hermenéutica, en fin, más lúcida.

Un buen lector se construye con los años y no se hace de un día para otro ni nace como tal. Por ello, las palabras clave aquí son las mismas que para toda acti­vidad que se quiere realizar bien: paciencia, esfuerzo, disciplina y constancia.


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Nota: Escultura de "La muerte" (mármol) de Leonardo Bistolfi. Foto tomada por Marco Antonio Román Encinas en el Museo de Arte Italiano, en la exhibición "Del mito al sueño. Rodin... Dalí".



Bibliografía

ADELA KOHAN, Silvia. Disfrutar de la lectura. Barcelona: Plaza & Janés Editores, 1999.

PINZÁS G., Juana R. Leer pensando. Introducción a la visión contemporánea de la lectura. 2da ed. Lima: PUCP, 2001.

sábado, 29 de noviembre de 2008

PRESENTACIÓN


En nuestro país, hace falta una corriente de solidaridad que se manifieste de manera más vigorosa. En el libro Psicología del aprendizaje, de Walter Blumenfeld, el profesor alemán mencionaba que entre los fines generales de la educación aceptados por las diversas autoridades estaba el siguiente: “Capacitar a los alumnos particularmente bien dotados para que no solamente se superen a sí mismos, sino que contribuyan al progreso moral, intelectual y estético de su comunidad y de la humanidad” (1967: 15).

Un fin que, por cierto, no se escucha pregonar en las aulas estatales peruanas. En la novela Joey Pigza se tragó la llave, del escritor estadounidense Jack Gantos, se cuenta, en el capítulo siete, que a los alumnos distinguidos los separaban en un programa y en un auditorio la señora Cole, quien había escrito un libro “sobre el carácter”, les daba una conferencia en la que les decía: “- La gente especial debe ser especial con aquellos menos afortunados… Este es uno de los grandes deberes de la gente con carácter excepcional” (2001: 103).

Joey Pigza, aunque sabía bien que no formaba parte de ese grupo, y por eso se coló en él en un descuido, igual se sentía especial, porque así lo consideraba la enfermera de su escuela por ser hiperactivo. Por eso, estando allí cerca, escondido entre los pliegues de la cortina del escenario, el adolescente continuó prestando atención a las palabras motivadoras de la señora Cole: “Todos los aquí presentes en este salón, tienen el poder de transformar el mundo para bien. Quizá inventarse algo como los computadores o descubrir una cura para el SIDA y así salvar millones de vidas. O quizá, como la madre Teresa, dedicarse a ayudar a gente que no tiene quien la ayude. Quizá llegar a ser presidentes y convertirse en ejemplos de liderazgo. O dedicar su tiempo y esfuerzo en la creación de una comunidad mejor”.

También atendió a lo que agregó luego, “que era responsabilidad de los chicos destacados y con talento indicarle el camino a otros y que si cada uno de nosotros se comprometía a convertirse en una fuerza positiva en el mundo, entonces el mundo sería un mejor lugar para todos”.

Y se sintió tocado con el remate del discurso en el que la conferenciante le pide a cada alumno que “realice hoy mismo algo especial que sea ejemplar para sus colegas y donde quede muy claro la importancia del carácter” (ibíd.: 104).

Inspirado en estas palabras, un día a Joey Pigza se le ocurrió «hacer un millón de pequeños avisos adhesivos, para pegar en los parachoques de los autos, que digan: “El odio no es un valor familiar”». Él explicaba que esta idea surgió un día en que su mamá “vio uno en su trabajo y comentó que le gustaría tener un millón de ellos para ponérselos a todos los autos del mundo» (ibíd.: 108). Más allá de la situación penosa en la que se vio envuelto por tratar de llevar a cabo esta noble acción (de la que se enterarán si leen la novela), no se puede negar que fue una influencia muy positiva en la personalidad de Joey.

Conociendo la historia de este quijote en ciernes que se animó a hacer algo por mejorar este mundo es que me he animado a abrir este blog destinado a dar a conocer los secretos de “El arte de leer”, contagiado por el mismo espíritu que embargaba a Joey en su proyecto del millón de avisos adhesivos conjurando el odio.

Es un tema que me interesa y del que iré mostrando mi exploración personal, los avances y descubrimientos que voy haciendo y lo que ya llevo concretado. Más que de mi experiencia personal, me valdré de la experiencia de los lectores profesionales y de los consejos de los especialistas, de aquellos que han desarrollado en su más alto grado este hábito o que lo han estudiado o discurrido sobre él con profundidad. Me interesa mostrar cómo leen los expertos y de qué estrategias, técnicas, instrumentos, herramientas, etc. se valen para ir perfeccionando esta actividad.

Como es sabido por quienes han tenido la oportunidad de adentrarse en esta materia, aquellos que desarrollan la habilidad de escribir tienen una mejor oportunidad de leer mejor (ya habrá tiempo en otro post de desarrollar este concepto con más detenimiento). De hecho, esa es una de las razones por las que los escritores son vistos como los que mejor practican el arte de la lectura (Cassany 1996: 63-70). También es el motivo por el cual hablaremos de la escritura en algunos momentos.

El nombre del blog hace alusión a la obra de Ovidio y a la de Erich Fromm que llevan el mismo título El arte de amar. Este segundo autor, incluso, formula cinco “requisitos generales” para poder desarrollar un arte en cualquier área del quehacer humano que son: la “disciplina”, la “concentración”, la “paciencia”, la “preocupación suprema por el dominio del arte” y el aprender un gran número de cosas relacionadas indirectamente con lo que se desea aprender “antes de comenzar con el arte mismo” (s/f: 105-108).*

Hay otros libros que llevan este mismo título (aunque ningún blog, al parecer): “El arte de leer”, como el de André Maurois, y el de otros autores de los que me enteré luego navegando en Google. No obstante, por ajustarse bien a lo que aspiro con este proyecto y ser un nombre descriptivo de mi futuro quehacer, he decidido tomarlo prestado.

Considero que será de mucha utilidad esta página porque es un tema que, es cierto, ya ha sido abordado antes, pero no de la manera sistemática y variada en que lo pienso hacer. Me hubiera dado mucho gusto encontrar un sitio o blog como el que estoy inaugurando, como no lo he hallado, aquí les ofrezco el prototipo ideal, para mí, de lo que debe ser un espacio virtual dedicado a la lectura.

En vista de que este hábito se está perdiendo en las más recientes generaciones, y para muchos de esos jóvenes resulta difícil adquirir esta destreza, pues representa un terreno ignoto, este website les abrirá una fuente permanente de información al respecto. Sin embargo, también puede ser útil para el que quiera mejorar o perfeccionar su capacidad lectora o simplemente sienta curiosidad por saber cómo leen los otros, y para los maestros peruanos que aplican en sus aulas el Plan Lector.

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* Esta enumeración sucinta no le hace justicia al texto de Fromm, pero los remito a su libro, que aparece en la Bibliografía, para que vean el sustento detallado de cada uno de los requisitos mencionados. La idea de citar al eminente psicoanalista sobre este punto la tomé del Manual de redacción superior, de Miguel Carneiro Figueroa, publicado por la Editorial San Marcos (s/f: 37).


Nota: El dibujo de Ovidio ha sido tomado de su libro El arte de amar. Madrid, E.D.A.F. (1966: 7).


Bibliografía

BLUMENFELD, Walter. Psicología del aprendizaje. Un libro para maestros y estudiantes. 4.a ed. Lima: Imprenta de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 1967

CARNEIRO FIGUEROA, Miguel. Manual de redacción superior. Lima: Editorial San Marcos, s/f.

CASSANY, Daniel. Describir el escribir. Cómo se aprende a escribir. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica, 1996.

FROMM, Erich. El arte de amar. Buenos Aires: Editorial Paidós, s/f.

GANTOS, Jack. Joey Pigza se tragó la llave. Bogotá: Grupo Editorial Norma, 2001.