Sobre el incidente que hubo entre la viuda de César Vallejo, Georgette, y el poeta español Gerardo Diego, he encontrado cinco versiones directas o indirectas contadas por cinco escritores que difieren en sus detalles, entre ellas se encuentra la versión de la viuda protagonista del incidente en mención.
En esta ocasión, me eximiré de comentar las versiones halladas (que podrían no ser todas seguramente) y me limitaré a dejar un registro de ellas para que el lector saque sus propias conclusiones. Esta forma de proceder, además, permitirá que este artículo, que se divide en dos partes, no se extienda demasiado.
Ordenaré las versiones mencionadas en orden cronológico ascendente por lo que corresponde citar primero a la protagonista del incidente: Georgette de Vallejo, quien relata lo siguiente en su libro Vallejo: ¡Allá ellos, allá ellos, allá ellos! (solo cuento con la versión digital de la primera reimpresión del libro hecha por la Universidad Alas Peruanas en el 2012, pero la primera edición impresa se publicó por la Editorial Zalvac en el año 1978):
Un día surgirá Gerardo Diego. Ha cruzado un océano para venir a leer en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos del Perú, unas cartas en las que Vallejo le pide dos veces un préstamo. La compañera de Vallejo, quien ha presentido al personaje, se ha colocado muy cerca del conferencista. Se levanta y avanzando hacia él le dice: «Aquí tiene usted su dinero». G. Diego rehúsa el sobre —él ha venido a dañar— y prosigue su lectura: «...Juan Larrea le dio a Vallejo para que lo copiara a máquina un manuscrito suyo, libro que tuvo mucha influencia sobre la obra de Vallejo”. Al proferir tal disparate, hasta su propia voz se ha hecho imperceptible como si, encogiéndose, el órgano vocal se hubiese estremecido de estupor y de vergüenza ante tal veneno. Dos veces rechazará G. D. el reembolso de la deuda de Vallejo: no ha venido sólo a dañar. Obedece además a un segundo cálculo. Va a entregar las cartas de Vallejo a su viejo amigo y cómplice Juan Larrea, quien las juntará con las suyas, constituyendo los archivos del Aula llamada Vallejo. En el momento en que Vallejo pide dichos préstamos, la editorial Ulises a quien las tres ediciones seguidas de RUSIA EN 1931 han salvado de la quiebra, no le ha pagado sus derechos de autor. ‘Ulises’ (así llamaremos al editor) aunque perfectamente enterado de la apremiante precariedad material en la que se debate el autor de RUSIA EN 1931, no los pagará… (2012: 66).
La segunda versión se encuentra en el artículo «Las viudas abusadoras», de José Manuel Castañón, publicado en Los Cuadernos del Norte. Revista Cultural de la Caja de Ahorros de Asturias, Año VII, N° 938, de octubre de 1986, del que cito el fragmento pertinente:
… quiero anticipar que Gerardo Diego, hoy ya casi nonagenario y tan ausente a la diatriba de la agencia internacional AFP de Lima, que en momentos de angustia económica para César Vallejo, le prestó mil pesetas, lo que entonces no eran unas monedas, sino tres sueldos mensuales como profesor o mil soles en el Perú. El poeta Gerardo Diego que sólo contaba con su sueldo de profesor de literatura para vivir, se las prestó a Vallejo, porque le admiraba y sabía que necesitaba ese dinero para desplazar desde Madrid a París a Georgette. César le escribía lamentando no poder devolverle esa cantidad de mil pesetas e incluso le pedía otra cantidad más pequeña, que sí le devolvió. Esas cartas de Vallejo, hoy en su «Epistolario General», son las que leyó el poeta español en Lima, en algunos fragmentos, y no para ofender la memoria del poeta, sino para mostrar lo mucho que le admiraba desde que le dedicó para la segunda edición de «Trilce», el poema «Valle Vallejo».
[…] Georgette debía saber muy bien que esa cantidad que Gerardo prestó a su esposo, era para atender a sus gastos y, por tanto, más que armarle un escándalo tirando monedas de una cesta a la cara del poeta español, si tanto le torturaba la deuda que jamás soñó Gerardo reclamar aun siendo pobre, la viuda abusadora tenía que dejar de serlo y saludar con afecto al poeta español, quien había venido a dar conferencias a la América para ver si ganaba —así me lo confesó en una carta con ternura—, unos dinerillos para poder obsequiar un piano a una de sus hijas que se le casaba por entonces. Los poetas por grandes que sean no ganan como los cantantes, y Gerardo Diego aun dando recitales al piano, lo mismo. Dudo que haya podido comprar un piano a su hija (1986: 79) (véase: https://tinyurl.com/57zw4r6e).
En la segunda parte de este artículo, veremos las otras tres versiones del incidente ocurrido entre Georgette Vallejo y Gerardo Diego.
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Nota: La foto, al inicio de esta entrada, fue tomado de la siguiente dirección electrónica: https://tinyurl.com/26nm9mmy
Bibliografía
CASTAÑON, JOSÉ MANUEL. «Las viudas abusadoras». En Los Cuadernos del Norte. Revista Cultural de la Caja de Ahorros de Asturias, Año VII, N° 938, de octubre de 1986. Consultado el 28 de febrero del 2025 en https://tinyurl.com/57zw4r6e
ORTEGA, JULIO. «César Vallejo en tiempos de penuria». En canal de YouTube de la Biblioteca Nacional del Perú, 30 de Julio del 2020. Consultado el 28 de febrero del 2025 en https://tinyurl.com/2p6zudup
SÁNCHEZ HERNANI, ENRIQUE. «En el nombre de Vallejo». En página web Letras.s5, 27 de febrero del 2025. Consultado el 28 de febrero del 2025 en https://tinyurl.com/3emfu3fz
VALLEJO, GEORGETTE. Vallejo: ¡Allá ellos, allá ellos, allá ellos! Lima: Editorial Zalvac, 2012.
VARGAS LLOSA, MARIO. El pez en el agua. Memorias. Barcelona: Editorial Seix Barral, 1993.