domingo, 10 de noviembre de 2024

CUATRO DATOS POCO CONOCIDOS SOBRE EDGAR ALLAN POE II

(4) La acusación de plagio

 

Aquí necesito extenderme más para no dejar cabos sueltos. En el apartado «La ciencia que había detrás del mayor (y único) éxito de Poe», del libro Érase una vez el zorro y el erizo, escrito por Stephen Jay Gould, el geólogo, paleontólogo e historiador de la ciencia estadounidense hace un informe minucioso de lo ocurrido con 

 

… un pequeño manual aparentemente olvidable (y completamente olvidado) de 1839, titulado The Conchologist’s First Book: or, A System of Testaceous Malacology, Arranged Expressly for the Use of Schools [Primer libro del conquiliólogo, o Sistema de malacología testácea, adaptado expresamente para su uso en las escuelas] (2003: 195).

 

El manual en mención que lleva el nombre de Edgar Allan Poe como autor fue su libro más exitoso en ventas en vida y tuvo tres ediciones. Jay Gould explica de este modo la acusación de plagio que padeció Poe a causa de dicho impreso:

 

… Thomas Wyatt, un amigo de Poe, había publicado en 1838 un libro espléndido y caro sobre conchas de moluscos, que se vendía al público a ocho dólares el ejemplar. Las ventas, como era de prever, se hacían lentamente, y Wyatt quería publicar una edición más reducida y más barata; especialmente desde que obtenía gran parte de sus ingresos como conferenciante viajero en la versión de su generación de lo que más tarde se llamaría «circuito de Chautauqua», sirviendo a las gentes locales ávidas de educación: los ateneos, clubes de historia natural y círculos de lecturas para señoras de los pueblos aislados de Estados Unidos. Los conferenciantes recibían emolumentos por estos minicursos, pero también complementaban sus ingresos vendiendo textos y folletos que acompañaban sus conferencias (de la misma manera que los músicos modernos venden sus discos compactos en los descansos entre las actuaciones de unos y otros grupos en los cafés) (2003: 195-196).

 

Sin embargo, el tema no dependía solo de Wyatt, sino también de sus editores como lo veremos a continuación:

 

Sin embargo, los editores de Wyatt se opusieron de forma comprensible, expresando una preocupación razonable: que entonces su edición de lujo sería absolutamente invendible. Wyatt, que seguía queriendo realizar su objetivo pero temía una acción legal si publicaba la versión más reducida bajo su propio nombre, buscó una presencia sustitutoria que difícilmente fuera a provocar un litigio (2003: 198).

 

La seriedad del trabajo de Jay Gould sobre este tema se percibe claramente en la siguiente afirmación: «Revisé todas las biografías estándar cuando escribí mi artículo original sobre el mayor éxito de Poe» (2003: 198) y también en el hecho de examinar los argumentos vertidos por las partes en favor y en contra del caso y cotejarlos con la realidad. Y su juicio al respecto es sereno, desapasionado y riguroso. Su indagación continúa así:

 

The Conchologist’s First Book empieza con un «Prefacio» de dos páginas y no tengo razones para dudar de la afirmación de Poe de que escribió por entero esta parte. Sigue una «Introducción» de cuatro páginas… y aquí empiezan los problemas. Poe expropió gran parte de este texto de la cuarta edición (1836) de un libro inglés del capitán Thomas Brown, titulado The Conchologist’s Text-Book [Manual del conquiliólogo]. Algunos biógrafos han asegurado que toda la «Introducción» de Poe es una paráfrasis, si no una copia directa, del libro de Brown. (F. T. Zumbach, por ejemplo, escribe que Poe «copió de Brown casi palabra por palabra»). En realidad, de mi propia comparación entre los dos libros, sólo tres párrafos (aproximadamente la cuarta parte del texto) muestran «préstamos» extensos. (Poe no obtiene ninguna exoneración por ello, pues el plagio, como el embarazo, no aumenta en gravedad por grados: pasado un punto de definición, uno lo hizo o no lo hizo, y es seguro que Poe lo hizo). La trama se hace más densa con la sección siguiente, de doce láminas. Las cuatro primeras, que ilustran las partes de la concha, son plagiadas in toto, punto por punto y texto por texto, de Brown. No caben aquí quejas, fingimientos o excusas: fueron lisa y llanamente robadas. Las ocho láminas que siguen, que ilustran los géneros de conchas en orden taxonómico, siguen a Brown en el modelo inverso más interesante, es decir, la última lámina de Brown es la primera de Poe (con considerable redistribución, reorientación y cambios de posición de cada una de las figuras), y a continuación vamos subiendo a través de Poe, y bajando a través de Brown, hasta que la última lámina de Poe reproduce en gran parte la primera de Brown (2003: 199).

 

Hay algunos detalles adicionales al respecto que es necesario consignar para que no se malentienda el asunto:

 

El libro de Brown sigue el plan pedagógico del gran naturalista francés Lamarck, quien siempre presentaba sus estudios en el orden de una «cadena del ser», pero de arriba abajo, en lugar de la dirección más convencional de abajo arriba. Es decir, Lamarck empezaba con las personas y terminaba con las amebas, en lugar de hacerlo al revés, como es usual. Brown había seguido a Lamarck y por lo tanto empezó con los moluscos más «avanzados», pero Poe y Wyatt obedecieron la convención usual y empezaron con los más «primitivos»: de ahí el orden inverso de las láminas (2003: 199).

 

Y ahora viene el plato fuerte:

 

Las acusaciones de plagio aparecieron en un artículo de 1847 en el Saturday Evening Post de Filadelfia. Con frecuencia se ha citado la respuesta de Poe, pero nunca ha sido tomada en serio. Creo, sin embargo (a pesar de una cierta autocompasión malsana y de tonterías exculpatorias), que Poe hizo una declaración básicamente razonable, y que los detalles de su defensa nos pueden ayudar a resolver todos los enigmas de este caso antiguo y molesto. En particular, podemos empezar a comprender por qué Poe, a pesar de su absoluta ignorancia de la historia natural, obtuvo la aprobación como reconfigurador de Wyatt; y, más importante y sorprendente, por qué Poe (a pesar del plagio indudable que nadie debería intentar disculpar) hizo en realidad una contribución bastante respetable y original a la ciencia, o al menos a la enseñanza, de la malacología (el estudio de almejas, caracoles y sus parientes). Éste es el punto clave que requiere la importación de un hecho pequeño y divertido de la historia de la ciencia, un aspecto que los críticos literarios nunca descubrieron, lo que explica su incapacidad en comprender el papel honorable de Poe (y su consiguiente desconcierto ante sus culpabilidades evidentes) (2003: 199 y 200).

 

Jay Gould también registra en esta investigación la respuesta que da Poe a este tema y la acusación de plagio:

 

Lo que usted me dice sobre la acusación de plagio que hace el Phil. Sat. Ev. Post me sorprende. Es la primera vez que lo oigo … Haga el favor de hacerme saber cuantos detalles pueda usted recordar, pues he de investigar la acusación. ¿Quién edita el periódico? ¿Quién lo publica?, etc., etc. ¿Cuándo se hizo la acusación? Le aseguro a usted que es totalmente falsa. En 1840 [aquí Poe se equivoca en un año] publiqué un libro con este título, The Conchologist’s First Book… Imagino que éste es el libro en cuestión. Lo escribí junto con el profesor Thomas Wyatt y el profesor McMurtrie de F[iladelfia]; se le puso mi nombre por ser más conocido y tener más probabilidades de ayudar a su circulación. Escribí el Prefacio y la Introducción, y traduje de Cuvier las descripciones de los animales, etc. Todos los libros escolares se hacen necesariamente de la misma manera. La misma portada reconoce que los animales se describen «según Cuvier». Esta acusación es infame y entablaré juicio por ella, tan pronto como liquide mis cuentas con el Mirror (2003: 200).

 

El paleontólogo estadounidense hace el siguiente comentario sobre lo escrito por Poe a su amigo:

 

Adviértanse ahora los cuatro puntos que Poe plantea aquí como explicación y excusa: primero, que la obra fue compuesta por un comité, aunque la portada llevaba únicamente el nombre de Poe; segundo, que escribió el «Prefacio» y la «Introducción»; tercero, que también «tradujo de Cuvier las descripciones de los animales»; y cuarto, que «todos los libros escolares se hacen necesariamente de la misma manera», lo que presumiblemente significaba que los «préstamos» de obras previas deben considerarse como de rigueur (pues Poe añade después que la portada anuncia explícitamente una descripción de los animales «según Cuvier»).

No voy a defender la importancia del «préstamo» en el punto cuatro; a buen seguro, está más allá de cualquier límite permisible, tanto entonces como en nuestros días, y cae dentro del ámbito de lo que sólo se puede calificar de plagio (el consorcio de Poe no menciona nunca el nombre de su fuente principal, el pobre capitán Brown). Tampoco puedo estar completamente de acuerdo con la última afirmación del punto dos, porque Poe expropió al menos una cuarta parte de la «Introducción» de Brown (aunque creo que sí que escribió por entero el «Prefacio», las dos páginas del mismo) (2003: 200).

 

Y más allá de lo incuestionable que resulta el plagio en que incurrió Poe en el libro en mención, según lo señalado hasta el momento por Jay Gould, el también geólogo reconoce en el escritor estadounidense un aporte suyo a la ciencia:

 

En otras palabras, y como conclusión, creo que Poe hizo exactamente lo que dijo, y que ninguna otra persona en el grupo de Wyatt podía haber consumado este importante proyecto. Poe tradujo las descripciones de las partes blandas de los moluscos del francés de Cuvier, y después unió esta información con las descripciones tradicionales de las conchas. Así, The Conchologist’s First Book presentó una reforma educativa importante y ampliamente deseada, al unir por vez primera en un libro popular inglés las conchas de los moluscos con los cuerpos que éstas albergan en su interior y que son responsables de las elegantes construcciones… ¡una innovación que bien merecía una o dos reimpresiones! Y Edgar Allan Poe desempeñó un papel fundamental, absolutamente esencial (dados los contactos y recursos limitados de Wyatt) para completar con éxito dicha reforma. Así, Poe sirvió bien a la ciencia porque poseía la habilidad humanista de ser conocedor del francés.

Y una vez más resalta la genialidad de Poe porque aun navegando en terreno desconocido para él su gran capacidad de observación le permite hacer aportes a la ciencia.

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Nota: La caricatura de Edgar Allan Poe, del artista inglés Adrian Teal, al inicio de esta entrada, fue tomada de la siguiente dirección electrónica:  https://tinyurl.com/5pk9mrtc

 

Bibliografía

 

ALLAN POE, EDGAR. Narración de Arthur Gordon Pym. Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2015.

CULTURA COLECTVA. «El tétrico caso de la menor en la que se inspiró ‘Lolita’ de Vladimir Nabokov». En página web de Cultura Colectiva, 16 de enero del 2023. Consultado el 29 de octubre del 2024 en https://tinyurl.com/4n3mp3j9

JAY GOULD, STEPHEN. «La ciencia que había detrás del mayor (y único) éxito de Poe». En Érase una vez el zorro y el erizo. Barcelona: Crítica, 2003. 

LLÁCER LLORCA, EUSEBIO V.; OLIVARES PARDO, M.ª AMPARO; y ESTÉVEZ FUERTES, NICOLÁS. Una Mirada Retrospectiva sobre Edgar Allan Poe desde el siglo XXI. Switzerland: Peter Lang AG, International Academic Publishers, Bern, 2011.

MARTÍNEZ, MERCHE. «Edgar Allan Poe o las casualidades de la vida». En página web Cultugrafía, s/f. Consultado el 29 de octubre del 2024 en https://tinyurl.com/bda4f4c3

NABOKOV, VLADIMIR. Lolita. Barcelona: Editorial Anagrama, 2018.

PÉREZ PORTO, JULIÁN Y MERINO, MARÍA. «Serendipia. Qué es, definición, historia y en la literatura». En página web Definición.de, 15 de abril de 2024. Consultado el 29 de octubre del 2024 en https://tinyurl.com/36bj4w2t

PIÑON, MANU. «La verdadera 'Lolita' por fin es la protagonista de su historia». En página web de revista Vanity Fair, 30 de septiembre de 2018. Consultado el 29 de octubre del 2024 en https://tinyurl.com/y2aarpup

VEGA, GEORGINA. «Canibalismo: el caso del velero Mignonette». En página web de revista Muy Interesante, 29 de marzo del 2023. Consultado el 29 de octubre del 2024 en https://tinyurl.com/yfhsfc6j