En agosto del 2024, salió el sexto número de la revista literaria virtual Suplemesian, dirigida
por el escritor colombiano Ricardo Arenas C., y en ella he publicado un texto de mi autoría titulado «Botellita de Jerez» (ver páginas 34
y 35 en el siguiente enlace: https://tinyurl.com/4am4w55a).
Como es sabido, por quienes han revisado los anteriores
números de la revista, la publicación es de
libre acceso y tiene una proyección internacional muy amplia, pues cuenta con colaboradores
de gran talento de diferentes países de Europa e
Hispanoamérica.
Decidí incluir el texto en mención en este espacio
virtual para que los seguidores de mi blog que no se hayan enterado de la
noticia puedan disfrutarlo aquí también. Este es el microrrelato
aludido:
Botellita de Jerez
Luna trabajaba animando
fiestas infantiles disfrazada de princesa, a pesar de que no era muy agraciada
para ese rol. Disponía sí de un carisma y un entusiasmo tan grandes que eran su
verdadero atractivo. Pierre, un francés, de visita por Lima, se enamoró de
ella, empezaron a salir juntos y luego este la llevó a vivir a un departamento
alquilado de Pueblo Libre.
Pero un día se pelearon
porque Pierre quiso salir con unos amigos de la Alianza Francesa sin llevarla.
Luna le recriminó por ello y él le explicó que no la llevaba porque tenía cara
de rana. La animadora se sintió muy ofendida por ello, se fue a su cuarto y se
puso a llorar. Una situación semejante se repitió varias veces, y la discusión
siempre terminaba con el novio llamándole cara de rana. Ella empezó a perder su
entusiasmo y a sentirse insegura en sus animaciones infantiles, situación que
algunos padres de familia que la contrataban le hicieron notar en tono de
queja.
Una mañana, Luna fue
temprano a casa de su madre, le contó lo que ocurría con Pierre y ella le
aconsejó que la próxima vez que aquel hombre la insultara, le dijera:
«Botellita de Jerez, todo lo que me digas será al revés» (frase que aprendió en
un programa de televisión mexicano de mucha audiencia) para redirigir la ofensa
a aquel francés maleducado. Y con eso ella podría sentirse mejor. Luna intentó
mostrarse convencida de ello ante su madre porque no tenía deseos ni fuerzas
para contradecirla.
Un sábado en que Pierre
quiso salir de nuevo solo, Luna, jaloneada por los celos, no pudo evitar volver
a reprocharle por ello. Y este volvió a decirle que tenía cara de rana. La
animadora recordó entonces el consejo de su madre y, a pesar de que no creía en
el efecto de la frase ni que le pudiera ayudar en algo, la soltó porque no se
le ocurría qué más decir:
—Botellita de Jerez…
Pierre, se sonrió, iba a
retrucarle con un gesto de soberbia insuperable, pero la palabra que intentó
pronunciar se convirtió en un «croar». Desconcertado, se aclaró la garganta con
una tosecilla descongestionadora y volvió a intentar responderle, y solo salió
de su boca otro «croar».
Desesperado, Pierre tomó un
vaso de agua, hizo unas gárgaras, convencido de que el problema estaba en su
garganta, expulsó de su boca el agua en otro vaso vacío y luego volvió a la
carga y un tercer «croar» más estruendoso que los anteriores se escuchó en la
sala.
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Nota: La foto, al inicio
de esta entrada, fue tomada de la siguiente dirección electrónica: https://tinyurl.com/4x4b4reb
Referencias bibliográficas
ROMÁN ENCINAS, Marco Antonio.
«Botellita de Jerez». En Suplemesian. N° VI, agosto del 2024, pp.
34 y 35. Consultado el 8 de septiembre del 2024 en https://tinyurl.com/4am4w55a