lunes, 29 de mayo de 2023

COLABORACIÓN PARA LA REVISTA «TRAZOS»

En mayo de este año, salió la décima edición de la revista Trazos, dirigida por la escritora uruguaya residente en Estados Unidos y editora en jefe, Ana Schein, en donde he publicado un texto de mi autoría titulado «El plato estrella de mamá» (ver páginas 24 y 25 del siguiente enlace: https://tinyurl.com/bdk3ca6d).

Esta revista digital, que es de libre acceso, tiene una proyección internacional muy amplia, pues cuenta con 148 colaboradores, que son escritores de Iberoamérica y otras regiones del mundo como Francia, Italia, Estados Unidos y Marruecos.

Decidí incluir el texto en mención en este espacio virtual para que los seguidores de mi blog que no se hayan enterado de la noticia puedan disfrutarlo aquí también. Este es el relato en mención:

 

 

El plato estrella de mamá

 

Aquel domingo llegó la tía Anacleta de visita a nuestra casa de Aviación, en La Victoria, con su hijo Manyari, de ocho años. Yo tenía seis en aquel tiempo. Tres de mis hermanos mayores se habían ido con mi papá a visitar a mi madrina en Ate, y yo me quedé con mamá porque estábamos un poco resfriados. A mis tías les gustaba venir a casa los domingos porque sabían que mamá, ese día, preparaba sus tallarines rojos con papa a la huancaína. Aquel plato se había hecho famoso, principalmente, con los parientes de mi madre. A veces se juntaban las visitas de dos o más tíos y primos en el remate de la semana laboral, y como mamá era tan buena, siempre hacía alcanzar una porción para todos.

Mamá preparaba su comida en una olla grande por si queríamos repetir, pero cuando venían muchas visitas, solo podíamos comer un plato, bien taipá, por cierto, pues su medida al servir era que estuviera la crema a punto de rebalsar del recipiente y los tallarines formando una madeja harinosa y rojiza enorme. Y siempre nos hacía acabar todo y ella daba el ejemplo: al terminar, volteaba su plato en el aire, no caía nada y luego decía:

—Así tienen que comer: sin dejar nada.

Los tallarines con salsa de tomate al natural son muy conocidos en el mundo por ser un plato italiano; pero la papa a la huancaína solo la conocen bien los peruanos de Junín, pues es uno de sus platos emblemáticos y que proviene de la zona de Huancayo.

Hay varias versiones sobre su origen, pero a mí me gusta la que cuenta el obispo Rubén de Berroa. Este refiere que hubo una mujer huancaína llamada Paguantanta a quien se le ocurrió este plato, que en sus orígenes empleaba solo tres ingredientes en su preparación: papa sancochada, queso y rocoto, para venderlo a los pasajeros del tren que pasaba por Huancayo. La receta se hizo popular, pasó a llamarse «salsa de la huancaína», pero más tarde empezó a prepararse en Lima con ají amarillo, que reemplazó al rocoto, y tomó el nombre con el que se le conoce actualmente.

La crema la preparaba mamá en una licuadora en donde echaban galletas soda, queso, ají amarillo sin pepa ni raíces, leche y un poco de sal. A veces, uno de mis hermanos o yo le ayudábamos con ello, pero cuando venía mi tía ella nos suplía. El preparado que salía de la taza de la Oster, de la que no podía evitar probar más de un bocado cuando me tocaba ayudar, se echaba luego encima de las papas sancochadas y cortadas en rodajas. Después ponía encima un huevo también sancochado.

Mi tía Anacleta y Manyari llegaron poco antes de la hora del almuerzo y se sentaron a la mesa con nosotros. Mamá era una gran conversadora y, cuando empezaba a hablar, parecía como si nunca se le fueran a acabar los temas. Ese día, mientras terminaba de cocinar, le contó anécdotas de su abuelo de Huancaní y de sus amigas del colegio de aquel distrito serrano, a mi tía Anacleta, y ella le contaba cómo se comportaban sus hijos en casa. El diálogo se hacía interminable, aunque a mí me gustaba escucharlas. Lo bueno era que mi tía Anacleta era hacendosa como mamá y le gustaba ayudar a cocinar y lavar los platos, limpiar la mesa, barrer el piso, con lo que me ahorraba en la casa el trabajo que implicaban para mí y mis hermanos esos quehaceres.

Ahora mamá ya no está a nuestro lado, dejó un gran vacío; lloramos mucho su partida. Mis tíos y primos ya no nos acompañan los domingos, ahora vienen cualquier día, muy esporádicamente, pero siempre que nos visitan nos recuerdan el plato estrella de mamá y las anécdotas alrededor de la mesa.  Experiencias vividas que perdurarán para siempre.

 

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Nota: La foto, al inicio de esta entrada, fue tomada de la siguiente dirección electrónica:  https://tinyurl.com/5t5e88uw

 

 

Referencias bibliográficas

 

ROMÁN ENCINAS, Marco Antonio. «El plato estrella de mamá». En Trazos. N° 10, mayo del 2023, pp. 24-25. Consultado el 29 de mayo del 2023 en https://tinyurl.com/bdk3ca6d

 

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